
Hace tiempo que me desayuné con una desagradable y triste noticia en la que un hombre perdía la vida en Madrid por un accidente de tráfico. Circulaba a contramano y después de sufrir un primer accidente con escasas consecuencias, fue arrollado por otro vehículo mientras estaba apeado valorando las consecuencias del primer golpe. Me ahorraré los detalles porque para eso ya tenemos la prensa habitualmente, que se empeña en darnos más detalles de los que buenamente podemos necesitar. Lo que me interesa es el triste hecho de que siga habiendo casos de conducción a contramano.
Cada cierto tiempo salta una noticia similar, y en muchos casos leemos o escuchamos cómo el conductor infractor iba ebrio o había consumido sustancias ilegales. Pero muchos otros casos son el resultado de un despiste que resulta en una desgracia. Y si, por si lo estábamos pensando, un reducido número son kamikazes y aún dentro de ellos un mínimo, mínimo número de los casos serían suicidas.











