Detección de fatiga al volante: más allá del “¿vas bien?”

Redacción Circula Seguro

7 junio, 2021

¿Sabías que conducir bajo los efectos de la fatiga nos hace cometer tantos errores como si condujéramos bajo los efectos del alcohol? No sólo hablamos del gran peligro de quedarse dormido al volante, sino de que el cansancio hace que nuestros reflejos disminuyan, que nuestra agudeza visual decrezca y que las decisiones que tomamos en la conducción no sean las más acertadas.

Un peligro infravalorado

Lo peor es que tendemos a subestimar la necesidad de descansar para eliminar este riesgo y no muchos conductores son conscientes de que la fatiga al volante es, junto con las distracciones, una de las principales causas de los siniestros de tráfico.

Por ello, cada vez más vehículos incorporan sistemas de detección de fatiga que emiten una alarma y que nos indican que ha llegado el momento de hacer una pausa antes de seguir conduciendo, pero ¿cómo es posible que nuestro coche pueda saber que nuestro cansancio comienza a ser un peligro?

Análisis de datos

El análisis de los datos es la clave en el funcionamiento de estos sistemas. Desde el momento en el que el conductor arranca el coche, estos dispositivos analizan de forma permanente su patrón de comportamiento al volante. En cuanto se produce una disonancia entre este patrón y lo que el sistema detecta, las alarmas se disparan.

De hecho, en la actualidad, la gran mayoría de coches ya cuenta con determinados sistemas que permiten saber “cómo estamos conduciendo”: por ejemplo, el automóvil sabe si estamos poniendo el intermitente para señalizar un cambio de carril; las cámaras frontales de reconocimiento de señales saben si pisamos o no las líneas de la carretera; el sistema eléctrico de asistencia de la dirección reconoce si estamos manejando el volante con brusquedad o con suavidad…

Avisos

Es decir, nuestra propia conducción está suministrando continuamente una serie de datos que los sistemas de detección de fatiga aprovechan para activar las alertas: si cambia nuestra forma de usar el acelerador, si llevamos más de dos horas conduciendo, si realizamos muchas correcciones con el volante o estamos haciendo demasiados cambios de carril saltarán los avisos. Estos pueden ser visuales (en el salpicadero), acústicos o, incluso, sensoriales, en forma de vibración en el volante o en el asiento. Lo habitual es que sea una combinación de todos ellos. Hay que recordar que en situación de fatiga necesitamos que los estímulos sean potentes para sacarnos del aletargamiento, y más cuando nos enfrentamos a una más que posible situación de riesgo.

Cámaras que enfocan al conductor

No obstante, aunque son muy eficaces, estos avisos actúan con cierto retraso, ya que nos ponen en alerta ante una conducción que ya se ha salido del patrón normal y que puede incluso haberse convertido en errática y peligrosa. Por eso, los sistemas de detección de fatiga más novedosos van más allá y tratan de adelantarse al peligro. A través de cámaras que enfocan al conductor, estos sistemas son capaces de detectar determinadas señales que pueden ser el inicio de la somnolencia o de una distracción: reconocen hacia dónde estamos dirigiendo nuestra mirada, el número de veces que parpadeamos, si bostezamos…, y nos avisan antes de que sea demasiado tarde.

Coste y obligatoriedad

Algunos fabricantes de vehículos ya incluyen estos sistemas de serie. No obstante, el coste de instalarlo puede variar entre los 300 y los 800 euros. El Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte ha propuesto que estos dispositivos de reconocimiento de somnolencia y distracción al volante sean obligatorios para todos los vehículos de menos de 3.500 kilogramos a partir de 2022. ¿Exagerado? El 55% de los conductores reconoce que no para nunca cuando siente fatiga al volante. Alcances traseros, salidas de vía e invasiones del carril contrario se explican en un alto porcentaje por este factor.

Recuerda: el sueño y el cansancio son mortales al volante. ¡Descansa antes de que sea tarde!

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