Una carretera sólo para los que son como tú

En Circula seguro sabemos que la mayoría de vosotros, que nos leéis con más paciencia de la que merecemos, cuando os ponéis a los mandos de un vehículo tenéis en cuenta las implicaciones y la responsabilidad que conlleva, y lo que puede significar el más mínimo error.

Por ese motivo, mi compañero Javier comenta que, a menudo, predicamos entre conversos. Hoy, pese a saber que sois minoría entre nuestros lectores, espero que me permitáis dirigirme al resto. Porque, amigo no concienciado, hoy tengo una propuesta para ti.

Mi propuesta de hoy va dirigida a ti, que sabes que el hecho de ir conduciendo no es motivo suficiente para dejar de tener vida social, por lo que atiendes todas las llamadas entrantes. Aunque no dispongas de manos libres, da igual, eres lo suficiente habilidoso y lo sabes. Incluso aprovechas el tiempo perdido del desplazamiento para hacer las llamadas de última hora, avisando tu inminente llegada.

Tú, que sabes que tu particular metabolismo te hace inmune a los efectos del alcohol. Que pillas un buen colocón, y aun así te pones al volante porque tú controlas. A ti me hace especial ilusión hacerte esta propuesta.

También va dirigida a ti, que recitas como un mantra lo de tiempo igual a espacio dividido por velocidad cada vez que divisas un límite de velocidad, sabiendo que lo único que te frenará es la presencia de un radar. Que te indignas por estar sometido a las misma legislación que el resto de ineptos conductores, sobre todo si piensas que la ley se aprobó cuando los vehículos no contaban con la tecnología moderna de seguridad.

Y tú, que aceleras al ver un semáforo en ámbar, y sólo frenas ante una luz roja si no te da tiempo a repetir huy tres veces antes de pasar. Si, esta propuesta también es para ti.

Tranquilo, no me olvido de ti que interpretas un stop como una simple recomendación. Ni de ti, que te incorporas a la autopista a máxima velocidad porque sabes que los demás ya frenarán. Por algo tienen la obligación de facilitarte la maniobra, ¿no?

Como no, no me olvido de ti que circulas por el carril central, mientras que a tu derecha no circulan más que cardos llevados por el viento, como si Jon Wayne estuviera a punto de acribillar al malo. Y por supuesto, también te incluyo a ti que atropellas el pobre arbusto rodante para adelantarle por la derecha.

Creo que ya te has hecho una idea de quien eres. Ya sabes que me refiero a ti. Mi propuesta es, ¿qué te parecería circular por una carretera reservada únicamente a los que son como tú? ¿Qué te parecería circular en una carretera donde todo coche con el que te cruces va manejado por alguien tiene las mismas ideas en cuanto a seguridad vial? Un montón de reflejos de ti mismo, como en una habitación de espejos.

Y, por supuesto, cuando sufras un accidente, las asistencias que acudirán a socorrerte estarán en la misma onda. Me lo puedo imaginar: el bombero llegando raudo y veloz. Seguro que te intentará calmar «tranquilo, ahora le saco… espere un momentito que me suena el teléfono». Sin problema, tampoco hay prisa; la ambulancia aun no ha llegado, los auxiliares han hecho una parada (en doble fila, claro) en un bar de camino, para tomarse unas cañejas que eso de ver tanta sangre estresa muchísimo.

¿Qué te parece la idea? ¿Te gusta? Pues ya sabes lo que yo siento cuando me subo a un coche sabiendo que tú puedes estar en cualquier esquina, circulando por mi misma carretera. Incluso por mi misma calle.

Esta idea que puede parecer una broma… en realidad, lo es. El mérito (si es que lo tiene) no es mio, sino del monologuista y presentador Ángel Martín. Sin embargo, por muy tonto que suene, este chiste se basa en dos principios básicos de la sociedad (y la circulación es, como sabemos, un acto social) que a menudo olvidamos en la carretera: la solidaridad y la reciprocidad.

Porque, en el fondo, cada vez que salimos por la puerta de casa, e incluso sin salir, nuestras vidas quedan en manos de mucha otra gente. Pero esa dependencia tan estrecha con respecto los demás en ningún otro ámbito es tan patente como en la circulación abierta, en que nos movemos entre máquinas con capacidades muy por encima de la resistencia humana.

Precisamente por eso, el tráfico está regulado. Y muy regulado, de hecho. Porque para poder tener esperanzas de sobrevivir a una máquina que nos transporta a velocidades muy por encima del alcance humano, debemos tener ciertas expectativas que el resto de usuarios de la vía se comporten de acuerdo con la ordenación establecida. Y si no quieren hacerlo, quizá si que es buena idea que tengan sus propias carreteras.

Fotos | Nic McPhee, Edans