Un cafelito y aguanto lo que sea

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¡Qué ritmo de vida llevamos todos! El mundo no nos espera. Si no corremos hacia nuestra próxima tarea, perdemos el tren y nos quedamos saludando con cara de tontos en el arcén las oportunidades perdidas que pasan por delante de nuestras narices.

A la sociedad actual parece no importarle demasiado que nuestro cuerpo no esté construido para trabajar de forma indefinida. Necesitamos seguir el ritmo natural de vigilia y sueño, que dura alrededor de 24 horas. Por ese motivo, recibe el nombre de circadiano (cercano al día).

Pero las prisas, las ganas de terminar la que siempre es la penúltima tarea de la lista, a menudo nos hacen alterar el ciclo natural del cuerpo. Forzamos la máquina, y al final puede llegar a romperse. Y si cuando se rompe estamos realizando una actividad de riesgo, como por ejemplo conducir un vehículo, la cosa pinta mal.

Voy a tomar prestada una metáfora que el doctor Pep Serra utilizaba hace tiempo en el foro de curvas rectas para intentar explicar este asunto. Nuestro cuerpo funciona como una tarjeta bancaria. Cada vez que realizamos un esfuerzo, estamos realizando una imposición a cuenta del saldo de dicha tarjeta.

A principios de mes no hay problema. En nuestra cuenta corriente hay saldo de sobra y cualquier gasto puede ser asumido sin grandes problemas. A medida que avanza el mes, el suelo va mermando. Cuando se acerca la última semana, tenemos que empezar a controlar los gastos, no estamos para muchas alegrías. Por suerte, el último día de mes llega la nómina, y volvemos a estar boyantes.

Pero, ¿qué ocurre si el sueldo se retrasa? ¿O si nos han bajado el suelo y no nos llega para nuestros gastos mensuales? Pues tenemos que empezar a tirar de la tarjeta de crédito. Y, claro, eso significa que más tarde tendremos que devolverlo… con intereses. Acumulando intereses, y más intereses, la situación puede llegar a ser agobiante… que os voy a contar en los tiempos que corren.

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Volviendo al cuerpo humano, el sueldo que llega al final de cada día para recargar nuestro sueldo es el sueño. Yo, personalmente, lo considero un error de diseño, pero necesitamos dormir para poder funcionar correctamente.

Por la mañana, acabamos de cobrar nuestro sueldo onírico y estamos exultantes. Siguiendo el ritmo frenético del reloj, la estresante cotidianidad acaba por consumir gran parte de nuestro saldo, acabamos el día agotados. Pero hay que volver a casa. Nos sentamos en el coche cuando empieza a oscurecer y notamos lo cansados que estamos.

«Llegar a casa y pillar la cama», eso es lo único en que podemos pensar. Pero, en nuestra metáfora, ya estamos a final de mes. El esfuerzo necesario para conducir a estas alturas es una operación a crédito.

Una forma muy común de pedir ese crédito es tomarse un café. No lo voy a negar, el café nos permitirá probablemente aguantar un rato. Supongo que lo habréis experimentado casi todos (yo no, ya que no me gusta). Pero hay que ser conscientes de que estamos pidiendo un crédito, creando una deuda con nuestro cuerpo. Una deuda que pagaremos de una forma u otra.

¿Y que pasa cuando la deuda pasa de cierto limite? Pues que el banco decide embargar. Es decir, caemos rendidos allá donde estemos. Y si estamos al volante…

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Pero, como el banco, el sueño siempre avisa. En vez de cartas donde se ve nuestro nombre a través de una ventanilla, empezamos a sentirnos cansados, no logramos encontrar la postura cómoda, empezamos a cabecear… Hacer caso de esas señales está en nuestras mano.

Se suele aconsejar abrir las ventanas, poner la radio, parar un poco y estirar las piernas. Yo mismo lo he hecho cuando estaba muy cansado a pocos kilómetros de mi casa. Pero, de nuevo, no son soluciones permanentes. Son microcréditos que solo posponen la inevitable quiebra. Si estamos cerca de nuestro destino, pueden ayudarnos a llegar y salvar nuestra vida.

Pero si estamos demasiado lejos, no será suficiente. Si empezamos a acumular una deuda insostenible, la única solución es pasar por el despacho del jefe y pedir un adelanto. Es decir, parar en un lugar seguro, pasar al asiento de atrás y echar una siesta.

En definitiva, el café nunca será un buen substituto para el sueño. Y si se utiliza de esta forma, hay que ser conscientes de que tiene unas limitaciones, y unas consecuencias si se abusa. Y eso es así en todos los ámbito de la vida. Incluso al estudiar para un examen. Aunque, claro, en ese caso si te duermes, suspendes y ya está. Te presentas en setiembre. Si te duermes al volante, puedes morir… o matar a alguien.

Por supuesto, sólo hablamos del uso de café para retrasar el sueño, no del cotidiano y social de mucha gente, por la mañana o después de comer. En principio, ese uso no debería afectar negativamente al ciclo de sueño. Eso sí, los consumidores habituales de café deben tener en cuenta que su cuerpo se acostumbra: sii intentan tomar un café para aguantar despiertos, les afectará menos que a otras personas.

Si el mundo va tan rápido, si no nos espera… Quizá lo mejor es bajarnos un rato de él, tumbarnos un rato… y viajar frescos como una lechuga, fresca.

Fotos | alpha du centaure, Andres Rueda, xb3

  • Tienes mucha razón, pero la sociedad vive a créditos, sino todo se encarecería. Imaginate, trabajar 1 o 2 horas menos por el mismo sueldo, simplemente para poder regresar al casa, más descansado y así evitar un posible accidente. Por que lo que manada es el dinero y no las vidas humanas.

    Un saludo y la proxima vez pide un Red Bull en vez de un café juas juas

  • pep

    TOTALMENTE DE ACUERDO JAUME
    NADA MAS