Un accidente de tráfico a las tres semanas

El coche de Juan Carlos, tras el accidente

Hace unos días, cuando valorábamos cuál era el mejor destino para un coche viejo: la reparación o la renovación, uno de los razonamientos que tuvimos muy en cuenta era la mejora en la seguridad vial que, supuestamente, nos proporciona un coche más nuevo a la hora de evitar un accidente de tráfico, o por lo menos ayudarnos a sobrevivir a él. Nuestro lector y amigo Juan Carlos ejemplificó el debate compartiendo con nosotros la impotencia que sintió al ver como su coche nuevo quedó magullado tras sufrir un accidente de tráfico tres semanas después de salir del concesionario.

No voy a ser sensacionalista y decir que de haber conducido un coche más viejo nuestro amigo Juan Carlos ya no estaría con nosotros. Eso nunca se puede saber. Pero si consideramos que el seguro tasó los daños en dos terceras partes de lo que había costado el vehículo tres semanas antes, podemos imaginar lo que le habría hecho a una antigualla que probablemente no incluía estructuras de deformación programada que absorbieran la energía del impacto, barras de protección, etc.

Según el relato del mismo protagonista de la historia, a eso de las 9 en punto de la mañana acudía a atender sus obligaciones laborales. Tráfico algo denso, pero fluido en ambos sentidos. La fila de coches a ambos lados de la calzada avanza cerca de los límites de la vía, al rededor de los 80km/h. De pronto, unos 40 o 50 metros por delante de la nariz de Juan Carlos, un coche se aparta de la trayectoria del carril destinado al contrario, invadiendo el espacio que le correspondía a nuestro protagonista.

Juan Carlos nunca olvidará la imagen de un vehículos gris que se dirige directo a él.

En ese momento el coche era grande como un camión de mudanza… Recuerdo que en esas décimas de segundo mientras reaccionaba, pensé “qué c*ñ* diablos hace éste adelantando aquí si lo tiene prohibido, ¿se habrá confundido, o estará ‘sorteando’ a alguien que haya salido por el desvío hacia el puente?”

Volantazo hacia el arcén para apartarme, rezo por no llevarme por delante a ninguno de los muchos ciclistas que frecuentan la carretera a esas horas.

Ruido de chapa y plástico.

Golpe en el lateral, y con alguna dificultad, pude frenar más o menos recto y apartar el coche en el arcén. No soy la abuelita Flanders conduciendo, pero suelo ir siempre bastante atento, incluso en estos desplazamientos de “conducción inconsciente”, manteniendo mi distancia de seguridad y con las dos manos bien puestas a las 3:15 en el volante, no sé hasta qué punto eso me pudo dar la precisión suficiente para esquivar y enderezar mi coche sin acabar haciendo un trompo, o dos, o…

El coche de Juan Carlos, tras el accidente

La naturaleza humana siempre nos lleva a simplificar. A encontrar la razón de cualquier cosa que ocurre. Y un accidente de tráfico no es una excepción. No obstante, detrás de cualquier suceso extraordinario difícilmente hay un único factor. Ya sea en coche o en tren, un accidente de tráfico jamás tiene una causa única, sino que se debe a la confluencia de una gran cantidad de circunstancias. Sin alguna de esas circunstancias, el accidente no habría ocurrido.

En el caso que nos ocupa, pese las negativas iniciales, la conductora del vehículo gris acabó por reconocer que “podría haberse distraído al cambiar la emisora”. Esa, sin duda, es la causa principal del accidente. Pero no fue la única circunstancia que influyó. Juan Carlos hubiera podido cogido ese día la moto en vez del coche, el coche gris hubiera podido tener el sistema de aviso al abandonar el carril involuntariamente, o el mando de la radio incluido en el volante. Un montón de circunstancias que confluyeron para causar un accidente de tráfico.

Por suerte, todo acabó en un susto enorme y daños materiales. El coche gris pudo continuar tan sólo cambiando una rueda. El vehículo de nuestro protagonista quedó algo peor parado. El taller oficial encargado de reparar el vehículo confirmó que, además de las puertas, el paragolpes, la rueda y la suspensión, también había quedado seriamente dañada una barra de protección lateral.

Este detalle es algo sobre lo el relato original de Juan Carlos no presta demasiada atención, pero probablemente fue el elemento que absorbió gran parte del impacto, manteniendo la suficiente integridad estructural como para asegurar el habitáculo y mantener la precaria estabilidad del vehículo.

En definitiva, esa barra lateral fue otro de los factores que concurrió en aquél accidente de tráfico. En este caso, un factor que contribuyó a atenuar las consecuencias del mismo. Podría no haber estado allí, y nunca sabremos que habría pasado. A lo mejor el resultado habría sido similar. A lo peor, el coche se habría arrugado como un papel atrapando a un desamparado Juan Carlos.

Tampoco exageremos. Las barras de protección no son algo excesivamente nuevo. Es probable que el coche viejo también tuviera. Pero estaréis de acuerdo conmigo que, con la evolución de la legislación y la tecnología, uno puede confiar mucho más en la integridad estructural de un vehículo de tres semanas que en la de uno de 17 años.

En cualquier caso, sea como fuere, sólo nos queda congratularnos de que haya podido escribir este artículo con la colaboración del propio Juan Carlos, en vez de basarme en una necrológica. No podemos asegurar que la historia hubiera sido diferente con su coche viejo, pero estoy convencido de que nuestro amigo no se arrepiente de haber invertido en un coche nuevo que le ha sacado vivo de un accidente de tráfico.

Más información | Relato original del accidente de tráfico (por el propio protagonista)
Fotos | Juan Carlos

  • Uf, no sé por dónde abordar el comentario a este artículo, se pueden comentar tantas cosas…

    Voy a hacer una especie de reflexión:
    Imaginemos que yo sé que voy a tener un pequeño accidente de tráfico (y no puedo evitarlo) y me dan a elegir entre tenerlo en un coche nuevo y uno viejo: Cogería el coche viejo si tuviera las mismas consecuencias que con el coche nuevo; y cogería el coche nuevo si sé que con éste me va a salvar la vida; pero claro, como eso no se sabe…

    Resumiendo: A mi parecer resulta triste tener que invertir en un coche relativamente seguro para compensar las posibles ocasionales “carencias” de otros conductores.
    ¿Cómo lo veis?
    Un abrazo

    • Escargot

      Con esa reflexión, lo

      • Escargot

        Maldito botón. Empiezo otra vez.

        Con esa reflexión, lo que sería de justicia sería poder cambiar a los conductores, pero una pirula la puede hacer cualquiera. Os lo dice una que ha ido hoy a la oficina del seguro a por recambio del parte de accidentes.

  • Pedro

    Estoy pensando vender mi coche y desplazarme en transporte publico. Ahorro muchos dolores de cabeza y mucho dinero.

  • Juan Carlos

    Hola a todos!!

    ObserSegurVial, llevas mucha razón en tu comentario, aunque fueron varios motivos para jubilar el 106: coste de avería más repaso general por una parte, y por otra, oferta de buen precio para el Panda y lógicamente, algo más de equipamiento y medidas de seguridad (ABS y airbags).
    Suponiendo que me hubiera ocurrido lo mismo con el 106, seguramente el perito me lo habría mandado directamente pal desguace… “toma chato, 800 lagartos (o la tasación que sea) y los buenos días”. Es decir, pierdo el coche, el tiempo, y la pasta de la reparación. Al menos con el nuevo, sólo perdí el tiempo.

    PD . La próxima vez que tenga que cambiar, será por un Panzer VI Tiger, ni me lo abollan ni se lo puede llevar la grúa… jejjejjeee

    Saludos!!!

    • Escargot

      Al final te lo han arreglado, ¿no?

  • Juan Carlos

    Sí, Escargot, el 15 de julio me lo dieron ya arregladito y lavadito, jejjejejeeee…
    Aprovechando que le iba a cambiar llantas y gomas (185/55R15, pueden ponerse como opción), lo probé a conciencia… No tiene ruidos extraños, va recto y frena sin hacer extraños.
    Ya va por 3500 km, con menos de 2 meses de uso.

    • Escargot

      Me alegro. 🙂 Espero que no vuelvas a tener más sustos.

    • Felicidades Juan Carlos. Es como estrenar coche nuevo ;D