Tres conductas irresponsables que te pueden costar muy caro

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Llega el verano, y como tenemos el ánimo más relajado ante la promesa de unas vacaciones, pequeñas o grandes, aquí o en el pueblo, el mar o la montaña, seguramente estemos de un humor más receptivo. Así que es el momento de sacar la vara a pasear y señalar sin pudor tres conductas que son irresponsables, y que nos pueden costar muy caro a varios niveles. Por ejemplo, a nivel económico por la multa que nos puede caer encima, o a nivel moral, cuando nos enteremos de lo que ha pasado por nuestra falta de principios.

En el fondo, eso sí, son tres conductas y podían ser muchas más (aquí tienes un compendio de las multas más veraniegas), lo que ocurre es que lo que de verdad interesa es sacar a relucir el factor en común: son tres conductas que se producen porque decidimos que “no pasa nada”, que ya hay que tener mala suerte, y que además lo hace tanta gente que…

Tirar una colilla por la ventanilla

No será por todo lo que se ha escrito, dicho y redicho, sobre el vicio del tabaco, su poca compatibilidad con la conducción, los perjuicios a la salud de todos y lo caro que está, pero lo cierto es que año tras año, como si se tratase de una pugna invisible entre los que piden prudencia, y esos que fuman y no les preocupa nada más que ellos mismos, vemos las carreteras, arcenes y aledaños llenos de colillas.

Y no me refiero a los “limpios” que vacían los ceniceros en las estaciones de servicio (pero no en una papelera, no, para eso hay que esforzarse), sino a los que expulsan sus colillas aún prendidas por la ventanilla. A lo mejor piensan que al darles el aire se van a apagar, o que al tirarlas por la izquierda no alcanzan el arcén. Excusas de mala persona, de quien está convencido de que, si no mira, el bosque no se va a quemar.

Puedo salir carísimo, no solo por la multa y la detracción de puntos, sino porque si de verdad provocas un incendio, te pesará sobre la conciencia toda tu vida. O eso es, al menos, lo que yo espero.

Del chiringuito a casa, y luego vamos de romería

El verano es época de terraceo, chiringuito, tinto de verano y cervecita fresca mientras nos apretamos unas tapitas. Y luego están las siestas, las verbenas y hacer una visita al pueblo de al lado, por esa carretera que tanto conoces y que separa los pueblos apenas un par de minutos. Y el momento chispa puede encender una idem en tu cerebro, de que no pasa nada por acercarse un momento, porque además anda que no lo has hecho veces, ni nada. Si nunca ha pasado nada, ¿por qué va a pasar hoy?

En verano, las carreteras secundarias, los trayectos más cortos y más conocidos, y esas cervecitas tan frescas son una muy mala combinación, por mucha experiencia que tengas, por mucho que hayas contribuido a construir la carretera o a poner el pueblo, o que recorrieses el camino desde que tienes uso de razón. Un despiste, un mal día, mala visibilidad o cualquier cosa, pueden ser suficientes para que suceda un accidente.

Desempolvas el ciclomotor y te acercas en un tris a la playa

En sí no es nada malo, por supuesto, pero corremos el riesgo de ir a lo cómodo, a lo que veíamos en los 90, cuando decenas de chavales iban a la playa en sus ciclomotores, el “sacamultas” y el bañador y unas chancletas. El verano es época de accidentes con abrasiones, y si no quieres pagarlo caro dejándote la piel, literalmente, en el asfalto, piensa un poco, pon sentido común a la cosa y vístete como es debido para disfrutar de un día de playa. Y que ni se te ocurra prescindir del casco o recurrir a un sacamultas. En serio.

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Foto | Aussie Assault

  • miguel

    sacamultas o quitamultas? jajjajaaj