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El papel de los pasajeros, ¿ayudan o distraen?

El papel de los pasajeros del coche

Cuando hablamos de conducción, ¿es válido el dicho de ‘mejor solo que mal acompañado’? Pues depende. Para conducir con seguridad es fundamental mantener un alto grado de atención y hay pasajeros que nos lo pueden poner difícil.

Las distracciones al volante son una de las causas más frecuentes de siniestralidad y muchas de estas distracciones las pueden provocar nuestros compañeros de viaje, ya que según interactúen durante la conducción, pueden poner en peligro la seguridad. Un fuerte ruido en el asiento de atrás, una conversación acalorada, una mascota o un niño que reclama nuestra atención… son algunos de los casos que interrumpen nuestro grado de concentración en la carretera. Leer más…

El acompañante que grita, o cómo no ayudar a evitar un accidente

El acompañante que grita, o cómo no ayudar a evitar un accidente

La persona que se sienta a la derecha del conductor a menudo recibe dos apelativos: acompañante o copiloto. La diferencia semántica entre ambas palabras es substancial: la primera evoca una actitud completamente pasiva, mientras que la segunda sugiere que una cierta corresponsabilidad en el devenir del viaje. Especialmente en situaciones del tráfico que conlleven cierto riesgo.

Quizá estamos más acostumbrados a hablar de copiloto en algunas disciplinas de la conducción deportiva, donde es la persona encargada de leer al piloto principal las indicaciones y anotaciones del libro de ruta. Obviamente, en el caso de la circulación abierta, los acompañantes no adquieren tamaño nivel de responsabilidad, pero en ocasiones pueden ayudar al conductor; por lo que podríamos decir que se sitúan en algún punto intermedio entre ambos conceptos.

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El caso del copiloto: ¿ayuda o no ayuda?

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El copiloto es el acompañante (hombre o mujer, pero me excusáis si no hago el esfuerzo de decir el/la acompañante) del conductor. Va sentado a la derecha del mismo, a veces atento, a veces no, a lo que pasa en la carretera. En ocasiones habla, otras veces se duerme, y hay momentos en los que uno confía en el copiloto para que le vaya leyendo un mapa, o dando indicaciones sobre por dónde tirar o cuál narices salida de la rotonda es la que hay que tomar para llegar hoy al destino.

Hace ya muchos meses que Jaume nos ofreció su particular visión, en tres tomas, de las tribulaciones de un copiloto, por ejemplo saber si es bueno decir lo que piensas, o no, mientras el otro conduce; si es posible que el conductor cometa una infracción y cómo se lo hacemos ver; y también el caso del copiloto del conductor novel, que suele ser una persona que sabe más por decreto que el pobre y esforzado novato. Hoy me voy a centrar en otra faceta de copiloto: el que indica por dónde seguir. ¿Cómo hacerlo para no terminar discutiendo o peleados?

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¿Se lo digo? O como ser un buen copiloto (y 3): conductor novel

Hasta hoy hemos dicho que, excepto en condiciones donde realmente suponga una mejora en la seguridad, la mejor respuesta a ¿se lo digo? es no; tanto si vemos que se va a equivocar de trayecto, como si está realizando una infracción. Hoy quiero tratar otra situación donde la respuesta es un NO aún más rotundo: conductores noveles.

En el fondo, está en la naturaleza humana. Cuando vimos a alguien que está al principio de una experiencia vital que hemos vivido, no podemos evitar adoptar cierta postura protectora. Sin embargo, en la conducción esta actitud paternal puede no ser tan adecuada. Y mucho menos, in-situ. Veamos por qué.

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¿Se lo digo? O cómo ser un buen copiloto (2)

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Ir en el asiento derecho de un vehículo en carretera no se parece en nada al estrés que sufren los copilotos en los rallies. Ni «derecha ras», ni «izquierda sasar», ni el riesgo volcar a gran velocidad en un alud a la salida de cualquier curva de un camino de barro. Pero sí es cierto que ponemos nuestra vida en manos de otra persona, sin tener las enormes medidas de seguridad de la alta competición.

Como ya comentamos en la primera entrega de esta mini-serie de artículos, no siempre es adecuado decir al conductor todo lo que nos pasa por la cabeza. Por ejemplo, avisar demasiado tarde de la necesidad de realizar una maniobra puede provocar ansiedad por realizarla, y ponernos en peligro.

Hoy quiero hablar de las infracciones. Vemos que nuestro chófer ha decidido hacer caso omiso de una de esas normas del tráfico que nosotros, convencidos e interesados en la seguridad vial, siempre procuramos seguir. ¿Se lo decimos?

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¿Se lo digo? O cómo ser un buen copiloto (1)

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A veces les digo a los que se sientan a mi derecha en el coche que, como copilotos, comparten cierta responsabilidad en el manejo del coche. Más que nada, no poner la cabeza delante del retrovisor justo cuando tengo que comprobar si viene alguien, no poner el codo cuando voy a cambiar la marcha, y si pueden ayudarme con las señales para no perdernos.

Por ese mismo motivo, cuando me toca a mi sentarme lejos de los mandos del vehículo, procuro cumplir mis responsabilidades a rajatabla. Procuro importunar lo menos posible, y no hacer nada que ponga en peligro la seguridad. Pero en ocasiones, no puedo evitar ver algo que despierta en mi un debate interno sin solución: ¿se lo digo? ¿O me callo?

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