‘Si yo nunca lo hago, pero hoy…’, o reflexiones sobre la auto-justificación

Conductor reflexionando, arrepentido por sus autojustificaciones

Debe ser una de las frases más utilizadas para justificar vulneraciones a los principios de la seguridad vial. Poco por detrás del «yo controlo, tío». Es una frase con cierta gracia, porque viene a significar que el conductor en cuestión nunca jamás faltaría a la corrección,… pero esta vez en particular concurrían circunstancias extraordinarias que hacían imposible cumplir los preceptos habituales.

No voy a negar que pueden existir situaciones en que seguir las normas habituales no sea lo más adecuado. Por ejemplo, si algún día me persigue un monstruo de tres cabeza, cincuenta metros de altura y con ganas de comerse a editores de blogs, no dudéis que le pisaré bien fuerte al pedal e ignorar cualquier límite de velocidad.

El peligro de este tipo de justificaciones, en mi modesto entender, es en donde situar el umbral de lo que es extraordinario. Uno puede caer en la tentación de convertir lo extraordinario en ordinario, encontrando siempre motivos para hacer una nueva excepción más. Y, si eso ocurre, entonces lo realmente extraordinario sería encontrar situaciones normales.

¿Qué es extraordinario y qué no? Es difícil de decir. Uno siempre está tentado de considerar sus circunstancias personales como un caso singular digno de la máxima consideración. Sin embargo, el resto de seres humanos pueden discrepar en la clasificación. Por ejemplo, no dudo que aquellos de vosotros que estéis acostumbrados a los gigantes de triple sombrero pensaréis que mi ejemplo de hace dos párrafos es más bien soso.

Además, la consideración de extraordinario puede cambiar con el tiempo para una misma persona. Porque siempre vemos el mundo a través del prisma de nuestra experiencia. Si una vez decidimos tomar la decisión de saltarnos las normas habituales, por algo que en su momento consideramos buen motivo; entonces nos estamos condicionando a nosotros mismos a repetir la elección.

La explicación es muy simple. Recordaremos que en una situación similar decidimos hacer una excepción, y que la cosa va bien. Armados con este refuerzo positivo, la próxima vez no nos será tan difícil tomar la decisión de saltarnos un poco el reglamento. Y eso quiere decir que, desgraciadamente, haremos excepciones con mayor facilidad, quizá cuando las circunstancias no fueran tan extremas como la primera vez.

Y así, poco a poco, convertiremos un comportamiento que era excepcional en nuestro modus operandi habitual. Y, sin embargo, seguiremos diciendo (¿incluso pensando?) que nunca hacemos eso, que nosotros no somos así. Pero en ese caso concreto había una circunstancia especial que aconsejaba tomar ese atajo moral y saltarnos la norma… excepcionalmente.

Al escribir todo esto, no puedo evitar pensar la capacidad de excusarse que tiene el ser humano. Hay un monólogo que lo expresa muy bien, hablando de la fidelidad. Empieza afirmando que hay personas que opinan que no es ser infiel un flirtear inocentemente con otras personas. Otros van más allá, y piensan que un simple beso es correcto siempre que no llegue a las sábanas. Otro grupo de personas incluso opina que si la eyaculación no se produce dentro del cuerpo, entonces no han sido infleles… porque hay gente con un poder de auto-justificación impresionante.

Volviendo a la seguridad vial, el súmmum de la auto-justificación ocurre cuando las excusas se emplean después de una colisión. Y, de esto, puedo hablar en primera persona. El protagonista de mi primer incidente vial (y, cruzo los dedos, único hasta el momento) justificó haber pasado el stop sin mirar porque estaba buscando a una churrera en el otro lado (sic). «Te lo cuento para que no pienses que voy como un loco», me dijo.

Porque, seguro, él nunca pasaba los stops sin mirar ni detenerse. Jamás. Pero aquella mañana de domingo era especial, porque su hijo adolescente no podía dormir después del after sin unos churros. Situación extraordinaria donde las haya… juzguen ustedes.

Foto | Freshfoto

  • escargot

    Y vas moviendo tus límites, estirándolos hasta un punto indefinido que nunca es éste… Lo digo porque yo lo hago (aunque reconozco que he llegado a un límite del que ya no me quiero mover) y a ver quién supera mi excusa:

    “Si no lo hago, mis compañeros me pintarán el coche de amarillo.”

    • Jaume

      Igual no es tan malo tener un coche amarillo 😀

      Pero… ¡vas a tener que explicar la anécdota!

      • s63aut

        El amarillo puede ser tolerable en un utilitario, pero ciertos modelos quedan de lo más macarra de ese color.

  • escargot

    Mmmmmm… sería demasiado largo de contar. Y me tiraríais de la oreja.

    De todos modos, pintar mi coche (que es gris boreal) de cualquier color que no fuera el que tiene sería convertirlo en una macarrada. El color en este caso es un asunto muy serio. 🙂

  • s63aut

    A veces demos respetar el espíritu de la ley (o de la norma), no sólo lo que dice estrictamente; yo no soy amigo para nada de saltarme las normas de circulación, pero si hay que ir detrás de una bicicleta en una carretera con línea continua durante varios kilómetros quizá sea mejor adelantarla y, si lo hacemos, mejor pisar un poco la línea continua antes que dejar un margen muy escaso respecto a la distancia lateral con la bicicleta.

    La excepción debe ser una excepción, si eso lo tenemos claro no creo que haya más peligro que si respetamos de un modo enfermizamente fiel las normas, pero por supuesto lo normal es que sólo nos saltemos una norma cuando no hacerlo sea peor.

    Eso también me sucede en mi trabajo, por ejemplo, yo no puedo darle información a nadie sin que se identifique con su DNI o equivalente, pero si esa persona me trae un montón de papeles suyos, me comenta cosas que sólo puede saber el titular y la información que le tengo que dar no implica cosas importantes, como firmar aplazamientos, acuerdos, etc., en esos casos no le voy a hacer regresar otro día si sólo se trata de informarle brevemente o si puedo mandarle por correo a su domicilio lo que pudiera ser más confidencial. Es un dilema que se nos presenta mucho en mi oficina y que puede trasladarse a muchos aspectos de la vida cotidiana, entre ellos las normas de circulación.

  • escargot

    Tienes razón, hay que analizar si es más seguro cumplir la norma o saltársela. Por ejemplo, puede que estés haciendo un adelantamiento y no sepas que estás adelantando a un cafre… pero no puedas volver atrás tampoco porque ya te han quitado el sitio y no te toque otra que lanzarte en plan banzai a acabar el adelantamiento pasándote la limitación administrativa (me ha encantado este concepto) por el arco del triunfo.

    Prefiero perder 100 euros (y eso si me pillan, además) a perder la vida.

  • FERODO

    Al final, en la carretera como en la vida, todo el mundo se justifica, y es imposible que alguien diga ” lo siento, culpa mía la he cagado ”

    Ejemplo yo mismo, suelo creerme un buen conductor, pero hará 3 o 4 meses, iba un poco con el santo en el cielo, y de repente, calculé mal y me quedé bloqueando ligeramente un cruce.

    La mujer a la que estaba bloqueando, iba a pitar y ponerse como una energúmena, como es de costumbre en todas las personas en la carretera, ya sean macarras, padres de familia o la Santísima Trinidad, pero yo le levanté las manos diciendo ” lo siento culpa mía, no me he fijado perdón ” Y de repente, cambió su cara de odio, y como que pensó, ” bueno, supongo que todo el mundo comete errores, y este no va a matar a nadie “.

    Evidentemente, después tenemos a los que se justifican de la manera más increíble, como una explicación que me dieron a mi mientras iba circulando correctamente por una rotonda de dos carriles por el de dentro, y cuando el carril de fuera obligaba mediante señalización a salir fuera de esta misma por el primer carril, yo salí al segundo que es donde me correspondía.

    Pues ni corto ni perezoso, el amigo se saltó la indicación y con toda su cara me pitó como un poseso porque yo ” me había cruzado ” y le dije, perdona tú eres el que lo has hecho mal, no has visto la señal¿? Contestación, me da igual, casi me rozas el coche, lo llegas a romper y la tenemos.

    ¿? What ¿? Increíble. No penséis que era un barriobajero, nada más lejos de la realidad. El caballero era todo un ejecutivo. Lamentable.

  • escargot

    Yo misma reconozco que soy de culpar al otro en el primer momento… pero luego me doy cuenta de que he metido la pata.