Si te rompes, no estás entero

Escayolado

Para la obtención del permiso de conducir ordinario se nos pide un requisito muy simple: que veamos, oigamos, tengamos un mínimo de reflejos y además podamos movernos con cierta soltura para manejar el vehículo. Si falla alguno de estos parámetros, el centro médico de turno dirá que no somos aptos para la conducción e informará a Tráfico de esta circunstancia.

Las pruebas que se emplean en los centros de reconocimiento médico son a menudo objeto de críticas por su sencillez. Se duda de los criterios empleados e incluso de la eficacia de estos controles. Pero lo cierto es que cuando un conductor pierde temporalmente sus aptitudes psicofísicas es difícil que lo reconozca abiertamente y más difícil todavía que deje el coche quieto y se vaya en autobús.

Resulta, como poco, curioso que por una parte digamos que el listón del control médico está muy bajo y sin embargo nos lo saltemos a la mínima que tenemos un impedimento para movernos con fluidez.

fracturaLas fracturas necesitan un largo proceso de curación durante el cual no se puede mover la zona afectada. Este proceso puede prolongarse por las complicaciones propias del traumatismo, pero también por otras causas.

La inmovilización y el reposo son la mejor receta para la reparación de los huesos y los tejidos. Si se pasa por alto este punto, el proceso de curación puede retrasarse todavía más.

Otro punto que caracteriza las fracturas es el dolor que sufre la persona que las padece. El dolor puede paliarse con analgésicos, aunque lo natural en la persona que sufre una fractura es buscar continuamente la posición que más le calme el sufrimiento.

Todos estos puntos hacen que la conducción sea una actividad incompatible con el hecho de tener un hueso fracturado.

Desde el punto de vista sanitario, la conducción obliga al conductor a moverse dentro del habitáculo: ocupando el asiento, accionando los mandos, observando a uno y otro lado del vehículo… De acuerdo, los pequeños movimientos necesarios para conducir no son comparables con el movimiento necesario para jugar un partido de fútbol, pero en cualquier caso la conducción no es equiparable al reposo, que es el entorno óptimo para que se produzca la regeneración de los tejidos dañados.

Desde el punto de vista de la Seguridad Vial, conducir con un hueso fracturado tiene varias implicaciones. La más evidente es la falta de movilidad. Si cuando pasamos el control médico que nos faculta para conducir nos presentáramos con un brazo escayolado, nos denegarían el certificado. Es así de sencillo: si no podemos movernos, no podemos conducir.

Otro punto que hay que tener en cuenta es el tratamiento del dolor. Si se produce con analgésicos, normalmente estos no serán un simple paracetamol, sino que se tratará de potentes fármacos que además de calmar el dolor calman todo el sistema nervioso, con el peligro consiguiente para los reflejos del conductor. Por otra parte, la búsqueda de una posición que mitigue el dolor puede distraer al conductor de la que tiene que ser su actividad principal, cuando no exclusiva: la conducción.

¿Cuál es entonces la alternativa? En primer lugar hay que pensar que interrumpir un tratamiento es la mejor forma de retrasar la recuperación. Y conducir supone interrumpir el tratamiento de una fractura. Así, cualquier alternativa será preferible a eternizar un proceso que ya es largo de por sí: transporte público, la ayuda de un familiar o conocido o simplemente el reposo, que casi todas las cosas se quedan en nada cuando las contrapesamos con nuestro estado de salud.

Vía | Médicos por la Seguridad Vial

  • Un ejemplo de esto es José Luís, que ha aguantado una pila de tiempo sin conducir. Y sigue ahí, esperando…

  • Gracias Aitor.

    Yo prefiero esperar a que el médico me diga cuándo puedo conducir, y ya me ha dicho que puedo, afortunadamente.

    Josep, tú hablas de fracturas escayoladas. Si te operan y te ponen un clavo (como es mi caso) entonces lo del reposo ya no sirve. No puedes apoyar desde el primer día, pero al cabo de un tiempo sí.

    A partir del momento en que el médico te deja apoyar el pie en el suelo, te recomienda que apoyes para favorecer la creación de masa ósea (gracias a los micromovimientos que se producen).

    En cualquier caso, el médico es el que debe aconsejar al paciente sobre si puede o no conducir. Asi seguro que no se equivoca ¿verdad?

  • Bueno, a título personal, que un médico me diga que puedo conducir… no me da mucha confianza. Me refiero a que probablemente el médico sepa y sea consciente que para tú salud o la mía, no es problemático el movimiento de los tendones y ligamentos, ni el esfuerzo al que someterás a la pierna.

    Pero por otro lado, dudo de que el médico sea consciente de la capacidad de movimiento necesaria y de si dicha capacidad te va a permitir conducir, por eso te dije en su momento en tu blog que lo suyo es que lo valores tú mismo: ¿puedo, aunque el médico me diga que sí? Si ves que vas a poder moverte con rapidez, frenar adecuadamente, ejercer fuerza y aguantar la frenda sin que te duela la pierna en caso de un bloqueo por emergencia, si te sientes con ganas…

    Apelo a la responsabilidad de cada cual y la tuya especialmente, porque reconozco que es alta y tú una persona sumamente cívica. Así que no tengo dudas de que harás lo que creas correcto, de hecho, ya lo hiciste la semana pasada al estar lloviendo.

    Josep: me molan estos temas que sacas desde hace un tiempo sobre salud y conducción. Hay un vacío sobre esto y tu te dedicas a llenarlo. Mi enhorabuena.

  • Pues sí, Aitor. Debería existir una especie de jerarquía en la toma de decisiones.

    Primero preguntas al médico si te deja o no conducir. En mi caso, el médico que me operó ya tiene en cuenta los problemas musculares. Otros médicos pues igual no son tan buenos, no se.

    Luego es cómo te veas tú. Si ves que tienes la pierna torpe para andar, también la tendrás para pisar los pedales.

    Por desgracia, mucha gente se sentirá bien para conducir a pesar que su médico le diría que aún no.

    Josep, muy buen artículo. En rehabilitación un tío comentaba que en otro accidente que había tenido, había conducido con la pierna enyesada (y rota). Y creo que era la derecha, la del freno. Muy majo el tio aquel, si.