Si metes la pata, ¡no escurras el bulto!

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Dar la cara públicamente, cuando uno se equivoca, es lo más sensato que se puede hacer a la hora de confesar un error o una acción o hecho que puede tener alguna repercusión social, sobre todo si se causan daños a terceros, o por el simple hecho de poner en peligro la vida de otras personas como es el caso de la noticia que pude leer hace unos días.

El principal protagonista de esta historia real es un joven que tras conducir con su vehículo supuestamente bajo la influencia de bebidas alcohólicas sufre un siniestro de tráfico consistente en choque contra la valla de protección lateral de la vía y para evitar tener que dar explicaciones a la Guardia Civil de Tráfico decide abandonar el vehículo y marcharse del lugar por su cuenta y riesgo. Pero…, aquí no termina la historia.

Por si fuera poco, además de no admitir desde un primer momento la responsabilidad en el suceso, decide, con la participación de su madre poner una supuesta denuncia por la sustracción del vehículo accidentado. Realmente, todo parece haberse hecho con premeditación. No obstante, habrá que esperar como terminará toda esta historia pero, en principio, todo apunta hacia una metedura de pata, por no decir otra cosa, con nombres y apellidos.

Colaborar también significa empatizar

Afortunadamente para la mayoría de nosotros, la colaboración con las fuerzas de orden público debe hacerse para evitar que la falta de civismo y de asunción de responsabilidades de unos pocos no quede impune frente a los demás. De no ser así, podríamos ser perjudicados, bien directa o indirectamente, o ser colaboradores, incluso, si no mostramos rechazo ante unos hechos como los que hoy nos ocupan.

Digo esto porque ante el supuesto de que el conductor accidentado se encontrara bajo los síntomas de bebidas alcohólicas, debemos saber que, aunque no exista una tasa objetiva por no haberse realizado en su momento las correspondientes pruebas para la determinación del grado de alcohol en el organismo, el código penal sigue estableciendo como delito contra la seguridad vial el hecho de conducir un vehículo de motor bajo la influencia de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas si se demuestran, con la implicación de testigos, los síntomas de embriaguez en el comportamiento de la persona en cuestión.

Por otro lado, encubrir un hecho tipificado castigado en el código penal, evitando así que una persona responda del delito que ha cometido podríamos afirmar sin duda alguna que está obstaculizando la acción de la justicia. De ahí que exista la figura de cooperador necesario en los delitos contra la seguridad vial para el caso del titular de un vehículo que se lo presta a otro a sabiendas de que éste no posee autorización para conducir.

Vía | Diario de Sevilla
Foto | galiciaenfotos.com
En Circula Seguro | Ante un siniestro vial, presta auxilio, ayuda, pero no te vayas, ¿Acto de honor, heroísmo, o simple civismo y solidaridad?, Principios del comportamiento vial (y 4): la responsabilidad

  • Escargot

    Muy mal por los dos. Al hijo sólo se le puede achacar haber conducido cocido, que es sólo una cosa pero ya es lo suficientemente grave. Y menos mal que no ha pasado nada. Pero a la madre se le pueden achacar dos: encubrimiento de delito y no haber sabido educar a su hijo. Por la segunda no creo que vaya a la cárcel (lástima), pero es la que más le va a amargar la vida. Pero oye, si quiere tanto a su niño que lo disfrute, que sarna con gusto no pica.

    Aunque si queréis un caso bestia y gore aún recuerdo uno peor: hace un tiempo uno que iba cocido también se estampó, su copiloto murió y al muy mandrias sólo se le ocurrió cambiar el cadáver de asiento para que le cargaran el muerto al muerto.