¿Se lo digo? O cómo ser un buen copiloto (2)

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Ir en el asiento derecho de un vehículo en carretera no se parece en nada al estrés que sufren los copilotos en los rallies. Ni «derecha ras», ni «izquierda sasar», ni el riesgo volcar a gran velocidad en un alud a la salida de cualquier curva de un camino de barro. Pero sí es cierto que ponemos nuestra vida en manos de otra persona, sin tener las enormes medidas de seguridad de la alta competición.

Como ya comentamos en la primera entrega de esta mini-serie de artículos, no siempre es adecuado decir al conductor todo lo que nos pasa por la cabeza. Por ejemplo, avisar demasiado tarde de la necesidad de realizar una maniobra puede provocar ansiedad por realizarla, y ponernos en peligro.

Hoy quiero hablar de las infracciones. Vemos que nuestro chófer ha decidido hacer caso omiso de una de esas normas del tráfico que nosotros, convencidos e interesados en la seguridad vial, siempre procuramos seguir. ¿Se lo decimos?

La respuesta, como suele pasar, no es universal. En algunos casos valdrá más la pena guardárselo para uno mismo. Pero en otras será imperativo decirlo, y cuanto antes mejor.

Lo primero que hay que tener en cuenta es la propia condición humana. No nos suele gustar que cuestionen nuestra forma de actuar. Frecuentes son respuestas del tipo «¿peligroso yo? si llevo 30 años conduciendo así y estoy orgulloso de decir que nunca he provocado ningún accidente».

Con el tiempo y los kilómetros formamos modelos mentales sobre lo que es seguro, por lo que observaciones sobre nuestra forma de conducir pueden acabar considerándose ataques contra nuestra forma de entender la vida.

Iniciar una discusión de este estilo muy probablemente no pondrá a nuestro conductor en el mejor estado mental para conducir de forma segura. Por lo tanto, si decirlo no ayudará a mejorar la seguridad de forma inminente, quizá es mejor morderse la lengua. Si ya se ha saltado el stop y estamos vivos, no va a dar marcha atrás para pararse.

Si tenemos mucha confianza con el conductor, y de hecho nos lleva de forma habitual, la mejor alternativa será abordar el tema en otro momento. Eso permitirá desarrollar la conversación en un ambiente tranquilo, donde la posible tensión no acabe mezclándose con un ceda complicado. Eso sí, aconsejo no utilizar la temida fórmula «tenemos que hablar».

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Un caso totalmente distinto son aquellas infracciones que acarrean riesgo inminente. En ese caso, lo mejor es probablemente decirlo de la forma más directa pero a la vez delicada posible. Y como decíamos la última vez, mejor no esperar al último momento. Decirlo tan pronto como sea posible dará al conductor más tiempo para reaccionar.

Por ejemplo, seguramente es buena idea decir algo como «no te saltes la señal de “prohibido circular“, aún no han construido el puente». O «el semáforo está en rojo por que viene un mercancías a toda velocidad». Vale, son ejemplos un poco extremos. Pero creo que entenderéis el mensaje.

En última instancia, si un conductor nos hace sentir inseguros, quizá lo aconsejable es simplemente bajarse del coche. Quizá sea un poco peliculero, pero al final nuestra vida puede ir en ello. Y si no la vida, por lo nuestro nuestra comodidad, que no es moco de pavo.

En definitiva, cuando decir algo al conductor no va a ayudar a mejorar la situación de forma evidente, quizá es mejor abstenerse. Pero hay un caso especial en que muchos copilotos no pueden evitar abrir la boca: cuando un conductor acompaña a un novel. De eso precisamente pretendo dedicar el tercer y último artículo de esta serie.

En Circula seguro | ¿Se lo digo? O cómo ser un buen copiloto (1 y 3)
Fotos | TheTruthAbout, Hotfield