Resaltos ilegales, tenéis un poco más de tiempo para existir

Resalto

Esta es una historia curiosa de cómo la crisis económica no perjudica a todo el mundo. Lo peor es que es la historia de cómo la crisis impide que los resaltos considerados ilegales (a mi me gusta más ‘alegales’) “regularicen su situación”, o lo que es lo mismo, que todos resaltos que se multiplicaron y aparecieron en toda la geografía española sigan patrones estándar. Que ninguno “vaya por libre” y que, realmente, se intenta “normalizar y limitar la creatividad de los ayuntamientos en la instalación de estos dispositivos”.

Porque, me vais a perdonar, menudos resaltos que nos encontramos a veces. Unos son leves, casi cómodos, diría yo. Desniveles progresivos que nos invitan a pasar suavemente por encima. Otros son más abruptos, otros son casi pequeños muros que a más de 10 km/h hacen que te duela en las carnes el sufrimiento de las suspensiones de tu coche. ¿Y ahora por qué se retrasa esta homogeneización?

Por la crisis. La aguda, severa y malnacida crisis que impide que en Andalucía se puedan adaptar estos resaltos a los tiempos modernos. O sea, impide que se reformen de manera que no resulten en un peligro para los conductores (por un lado), y sean todos más o menos iguales. Que sigan un patrón. En 2010, la consejería correspondiente declaró no tener fondos suficientes para la regularización, y ahora, dos años más tarde, la cosa sigue exactamente igual. Es más, sigue tan igual que se pide una nueva moratoria por dos años.

Resaltos
No hay dinero. Los entre cuatro y cinco mil euros que cuesta “adaptar” cada resalto, multiplicados por el número de resaltos… no, la verdad es que dan una cifra enorme. Así que se aplica una máxima muy común en España: ojos que no ven…

¿Son peligrosos los resaltos?

No, al menos UN resalto no es peligroso. Pero si hay cientos de ellos, y la mitad son diferentes entre sí, lo que ocurre es que nos encontramos con obstáculos que no tenemos asimilados. Que son diferentes. Que no sabemos anticipar. Y hay casos (seguro que los habéis experimentado) de resaltos que a 30 km/h son solo un poco incómodos, pero otros a 20 km/h hacen que vuestros dientes rechinen de amargura por lo que sufren los amortiguadores.

Y, a pesar de que no es la norma, pueden producirse accidentes al “atacar” demasiado duro un resalto. No digo en el centro urbano, sino en las entradas a pueblos, como tengo el gusto de haber comprobado al lado de Mérida, en un pueblo colindante, donde el resalto parece cilíndrico y no está señalizad en absoluto. No es una denuncia, es un ejemplo de resalto que puede darnos una sorpresa desagradable, tan solo porque no están normalizados y cada pueblo los ha colocado como el Diseñador Local así los ha creado.

Vía | Motorpasión