Realmente, ¿se puede evitar un atasco?

Atasco entrada en autopista
A todos nos ha pasado. Vamos conduciendo por una autovía a una velocidad relativamente baja por la alta densidad de tráfico y, de repente, nos sorprende un atasco. Reducimos rápidamente la velocidad, ponemos los cuatro intermitentes rápido para avisar a los que vienen detrás y miramos por el retrovisor, no vaya a ser que venga un coche a toda pastilla o algún despistado y “maquille” el trasero de nuestro turismo.

El caso es que avanzamos muy lentamente mientras vemos por los retrovisores que la cola se hace cada vez más y más grande por detrás nuestra, la pierna izquierda se nos empieza a cansar del uso del embrague y nos empezamos a estresar. “¿Qué habrá pasado?”, nos preguntamos. Y, casualidades de la vida, igual de repentino que apareció la retención, desaparece y los vehículos de delante empiezan a ganar velocidad. En ocasiones y, por raro que nos parezca, no ha sido motivado ni por un accidente, ni por un coche averiado, ni obras… simplemente vemos, por ejemplo, una incorporación que no parece para nada peligrosa ni complicada pero que acumula muchos coches.

De cualquier forma, el número de motivos para que ocurra una retención es bastante alto, sin embargo, los atascos se producen por una razón principal: más vehículos circulando por una vía de los que ésta es capaz de soportar.

Algunos de los motivos son la disminución de carriles habiendo más coches de los que caben, curvas que obligan a reducir la velocidad y que, con un tráfico relativamente denso, provocan el “efecto acordeón”, incorporaciones a la vía, corte de un carril en algún punto, semáforos o stop, rotondas, cambios de rasante y conducción brusca; por no hablar del peligroso efecto mirón, aunque la lista se puede alargar considerablemente.

A modo de ejemplo, podemos poner un local con aforo limitado para representar por qué se forman los atascos: si un local llega al aforo máximo y sigue llegando gente queriendo entrar al mismo, no podrán entrar más personas hasta que empiece a salir gente del local, por lo que en la puerta se empieza a generar cola. Esto es un problema, pero se hace mucho mayor si a ese local acuden más personas con la intención de pasar al interior de las que salen, por lo que la fila se va haciendo cada vez mayor y eliminar toda esa cola de personas que se encuentran esperando a pasar al local es una tarea complicada. En este ejemplo, la gente se cansará o no les apetecerá esperar y se irá a otro sitio, pero en una carretera no podemos darnos las vuelta y salir de ella así como así.

frenos

Si nos encontramos en una autovía o autopista con dos carriles, y uno de ellos tiene que cerrarse al tráfico en algún punto por cualquier motivo, la capacidad de la vía se ve reducida a la mitad en ese momento. Esto obliga a cambiarse al otro carril y si hay una alta densidad de tráfico tendremos que reducir aún más la velocidad y cambiarnos al otro carril, lo que repercutirá a los vehículos que vienen detrás. Así que ya tenemos el tapón originado. Dependiendo del tiempo que tarde en restablecerse el carril cerrado y del número de vehículos que circulen por la vía, así será la retención, que podrá durar incluso varias horas y repercutir varios kilómetros antes de llegar al incidente, decenas en algunos casos.

¿Pueden evitarse los atascos? No. ¿Pueden reducirse? Sí.

Evitar por completo los atascos es imposible. En cualquier momento y aunque no circulen muchos vehículos por una vía, puede ocurrir un accidente en el que colisionen dos coches y … “ya tenemos el lío montado” si obstruyen buena parte de la calzada.

Sin embargo, sí pueden reducirse. Potenciar (aún más) el uso de transportes alternativos como puedan ser el autobús, el tren o el metro o compartir coche con compañeros a la hora de ir al trabajo o a la universidad, son unas medidas que mejorarían la fluidez de nuestras vías, reduciendo también las cifras de accidentes.

autopista 3

En caso de no tener más remedio que viajar en nuestro coche, para evitar las congestiones de la vía no hay nada como circular con prudencia, respetando las normas de circulación y facilitando la fluidez. Por tanto, deberíamos circular a velocidades adecuadas a la vía y a las condiciones de la misma en cada momento, mantener la distancia de seguridad con el vehículo que nos precede para evitar bruscos cambios de ritmo y circular siempre por nuestro carril derecho y utilizar el izquierdo solo cuando vayamos a adelantar o para facilitar la incorporación a la vía de algún vehículo que viene por un carril de aceleración. En el caso de encontrarnos con retenciones, cambiarnos de carril constantemente hacia el que comienza a desplazarse (una práctica muy habitual en España), supone aumentar la retención.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que existen navegadores con información del tráfico en tiempo real. Estos dispositivos nos avisan de si en nuestra ruta existe alguna incidencia (accidentes, obras y retenciones en general), ofreciéndonos una ruta alternativa que evitará que nos metamos en el “tapón” y, por tanto, reducirá ese atasco. Un elemento muy recomendable.

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