Radares en España y afán recaudatorio, ¿mito o realidad?

radares en Espana

El debate sobre si existe afán recaudatorio con los controles de velocidad es un clásico en España, como otros como el de si pagamos más multas que nuestros vecinos. Nuestro país es de los que más radares pone, y mucha gente tiene la sensación de que estas medidas se llevan a cabo con el objetivo recaudar. Las noticias que nos llegan desde los medios sobre radares láser de última generación, y el aumento del número de controles en las carreteras, no ayuda a rebajar esa sensación de persecución. Pero, ¿realmente contamos con argumentos para poder asegurar que existe afán recaudatorio? ¿O sólo son excusas para justificar nuestras propias imprudencias al volante?

Mito: sí existe afán recaudatorio porque tenemos muchos radares

Un dato claro que apoya esta teoría: España es el segundo país de nuestro entorno con mayor relación de radares, en concreto 0,8 radares por cada 100 kilómetros de vía. En concreto, contamos con unos 2.435 radares instalados para algo más de 176.000 kilómetros que tiene nuestra red de carreteras. Sólo nos supera la también recaudadora Italia, que nos supera tanto en cifras absolutas (más de 7.000 radares instalados) como en cifras relativas (1,5 radares por cada 100 kilómetros de vía). Otros países como Francia nos superan en cantidad de radares (3.324), pero cuentan con una mayor red de carreteras (en concreto, la francesa es 6 veces mayor).

Por si nos pudiera parecer poco, la DGT anunció a principios de año que durante 2018 y 2019 la instalación de más radares aún, especialmente en vías secundarias, donde es más fácil que superemos el límite de velocidad. Por ejemplo, este verano contaremos con un aumento del 70% en radares de tramo, los cuales han ido destinados a este tipo de vías. También ciudades como Barcelona, Madrid, Logroño, Burgos… han querido subirse al carro e instalar nuevos radares en las vías urbanas más rápidas para cazar a los conductores más descuidados.

Por si fuera poco todo esto, la DGT busca radares cada vez más sofisticados y con mayor capacidad de control. Recientemente se ha dado a conocer el Veloláser, capaz de controlar velocidades de hasta 250 km/h en hasta cuatro carriles simultáneamente. Ellos se suman a los ya radares ya desplegados por la DGT, los Pegasus, los futuros drones, los controles de la Guardia Civil. ¿Es realmente necesario tanto control?

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Realidad: no existe afán recaudatorio porque te avisan de los radares

Cuando se habla de los radares y los controles de la Guardia Civil, a menudo se tiene la imagen de los dispositivos escondidos en los más recónditos sitios, o a los agentes agazapados detrás de vallas y arbustos dispuestos a pillarnos in fraganti al mínimo error. Nada más lejos de la realidad; la DGT es una institución modélica (no en vano España es referencia mundial en seguridad vial) que basa su estrategia en la prevención de la siniestralidad y en la disuasión a los conductores de infringir las normas.

La prueba más irrefutable la tenemos partiendo del hecho de que la DGT nos avisa de la situación de la inmensa mayoría de los radares. A través de señalización vertical como de cartelería led dinámica, nos avisan de los tramos controlado por radar, y con la suficiente antelación como para que podamos moderar nuestra velocidad. Incluso podemos consultar esos tramos en la página web, donde la institución pública puntualmente la situación de estos tramos controlados, no solo de los radares fijos sino de muchos de los radares móviles. No publican eso sí, la situación de los controles de la Guardia Civil, entendiendo que entorpecería su trabajo y que éste abarca otras tareas más allá del control de velocidad (por ejemplo, el de consumo de alcohol al volante).

Por si fuera poco, la legislación española es de las pocas que permite que navegadores y asistentes de conducción avisen a los conductores ante la presencia de radares. Estos dispositivos incorporan en su propia base de datos (su “mapa de carreteras”) la información publicada por la DGT sobre la ubicación de los radares. De esta forma, cuando el dispositivo detecta que se llega a uno de estos tramos controlados (vía señal GPS), se avisa al conductor de la proximidad del radar para que modere su velocidad.

Por último, hay que tener en cuenta que el principal criterio para la colocación de los radares no es la afluencia de vehículos en una vía (medida por la IMD), sino el índice de siniestralidad que pueda tener. Por eso, la mayoría de los nuevos radares se han estado colocando en carreteras secundarias, que como sabemos son las que más siniestralidad sufren, con el 80% de los accidentes ocurridos en España.

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Entonces, ¿realidad o mito?

El afán recaudatorio es un argumento muy utilizado en España por el ciudadano medio, pero especialmente por el conductor que acostumbra a ir ligero con el acelerador y que ha podido ser eventualmente sancionado por superar el límite de velocidad. Independientemente del debate sobre la efectividad o no de los actuales límites de velocidad, si deben reducirse o si por el contrario deben eliminarse como en las autopistas alemanas, la verdad más certera y meridiana es que, si cumplimos con las normas de circulación, no seremos multados en ningún caso.

El afán recaudatorio supone también un excelente titular para los medios de comunicación, especialmente en aquellas noticias que buscan un enfoque más populista o amarillista. Recientes informaciones han revelado diversos casos de falsificación de datos de tráfico y siniestralidad por parte de responsables municipales para justificar la colocación de radares en sus vías urbanas. Estos casos han sido rápidamente justificados por el “afán recaudatorio” de dichas instituciones locales, pero la realidad es que han sido debidos más al afán de beneficiar a determinadas empresas privadas. No en vano, los imputados han sido acusados de delitos como cohecho, malversación de fondos, tráfico de influencias, blanqueo de capitales y un sinfín más. Pero nunca de querer aumentar la recaudación de las multas.

La multa económica tiene un fin muy claro: tocarnos allí donde más daño nos hace, esto es, en el bolsillo. Pero también existen otro tipo de sanciones que, entre otras cosas, buscan “castigarnos” en aquello que más nos duele, como en la retirada del carnet o por supuesto las penas de cárcel. De hecho, el endurecimiento de las sanciones anunciado por la DGT a principios de año van encaminadas precisamente a aumentar las penas de retirada de carnet principalmente a reincidentes de infracciones mayores. Por contra, ni siquiera somos de los países de nuestro entorno que más pagamos por las multas.

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Sea como fuere, lo que está claro es que sin infracción no hay multa. Todos aquellos que cumplimos escrupulosamente con las normas de tráfico podemos circular tranquilos sin miedo al “afán recaudatorio”. Y si por algún descuido somos multados, no nos debe quedar más remedio que aceptar nuestro error.

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