¿Qué tiene que ver el Big Data con la movilidad?

Big Data y el futuro de la movilidad

El Big Data o la gestión de datos a gran escala influye cada vez más en nuestra vida diaria y el área de la movilidad no es una excepción. Aplicar el potencial que ofrece la inteligencia de grandes datos a las ciudades aporta ventajas claras en lo que se refiere, por ejemplo, a la reducción del impacto medioambiental en el transporte, el diseño de los servicios de transporte público y la gestión del tráfico rodado.

De forma individual, ya podemos comprobar los beneficios que acarrea esa amalgama de información dirigida hacia nosotros, conductores. Los sistemas de navegación GPS y las apps para smartphone han sido el génesis de una integración entre tecnología e información que fabricantes de automóviles y compañías tecnológicas se plantean en la actualidad como uno de sus grandes desafíos.

Según coinciden muchas fuentes en la industria, la gestión del Big Data que generará el vehículo conectado se va a convertir en un ingreso casi tan importante como la producción misma de automóviles. El desafío para las empresas está siendo encontrar qué necesidades públicas pueden satisfacerse a través de la complicada gestión de la información recopilada, y cómo encontrar el beneficio económico.

Mientras acometen ese desafío en los albores de una revolución para el transporte que vivirán nuestros hijos, nosotros nos conformamos (que no es poco) con valernos de la tecnología existente para llegar a nuestro destino de forma segura evitando complicaciones en el tráfico.

¿Conseguirá el Big Data acabar con los atascos?

Dos herramientas fundamentales para hacernos la vida al volante más cómoda han sido los sistemas de posicionamiento global o GPS y la introducción (responsable) de los smartphone, cuyas apps combinan datos de Internet con los del propio sistema GPS del teléfono.

En concreto para luchar contra las retenciones en el tráfico, en Circula Seguro ya hemos analizado los sistemas GPS  o qué nos ofrecen en la actualidad aplicaciones como Michelin Mobility Apps, Google Maps y la colaborativa Waze. Incluso hemos contrastado ambos sistemas, GPS y aplicaciones móviles, para comprobar qué ventajas nos ofrece cada uno.

La lucha contra los atascos es un buen ejemplo de eses uso primigenio del Big Data. Para el caso de las apps que hemos comentado, estas se han venido valiendo en su medición del tráfico en dos informaciones: primero de un registro histórico elaborado diariamente de los trayectos; y segundo en los paquetes anónimos de datos que se envían desde nuestros teléfonos y desvelan parámetros como nuestra ubicación o la velocidad a la que circulamos.

De este modo estos sistemas desvelan nuevos itinerarios, según las vías más transitadas, el tiempo empleado y otros factores. Esto hace que se adelanten incluso a los servicios oficiales para proponer rutas alternativas. Y, sí, en algunos casos extremos puede suponer una amenaza para la tranquilidad de las zonas residenciales.

Aún así, acabar con los atascos no parece una tarea que pueda solventarse a corto plazo. Sin embargo, eso no quiere decir que el Big Data no pueda ayudar optimizando el modo en que funcionan este tipo de aplicaciones integradas en el vehículo.

Del Big Data a la conducción autónoma

Coche autónomo

Aparte de todas estas soluciones inmediatas que nos aporta en la actualidad el Big Data, es más que obvio que la gestión masiva de datos afectará a las tecnologías de conducción autónoma. La industria automoción ha allanado el camino en la primera parte de esta década gracias a las tecnologías de comunicación entre vehículos, Car-to-Car (C2C o V2V); y entre vehículo e infraestructura, Car-to-Infraestructure (C2I o V2I).

El desarrollo de estos últimos sistemas está siendo una pieza fundamental no solo para la conducción autónoma, sino además para adelantar todas esos sistemas de seguridad al volante que se relacionan con la misma. Hablamos de prestaciones “semi-autónomas” como las que aportan los sistemas de localización del vehículo dentro de un carril; los de detección y frenado ante objetos, peatones u otros vehículos.

El flujo de información entre vehículos e infraestructura cambiará nuestra concepción de la conducción, reduciendo el número de accidentes y combatiendo los mencionados atascos gracias, por poner un ejemplo, a que los vehículos podrán circular más cerca entre ellos sin riesgo de alcance. En definitiva, combinado conducción autónoma y Big Data podrán la próxima década en peligro de extinción la accidentalidad, contaminación, gasto energético y, muy probablemente, los atascos.

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Imágenes | iStock/chombosan e iStock/Eugeneonline