¿Qué pasa si me quedo sin presión de líquido de frenos?

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Vas tan tranquilo en la autovía, camino a tu destino de vacaciones, y llegas sin novedad a la salida que te toca, ya a pocos kilómetros del final del viaje. Pisas el pedal de freno y… no pasa nada. Lo notas blando, que se hunde, pero la velocidad no disminuye, y hasta te sientes mareado al esperar una deceleración que no llega: ¿qué hacer?

En el último estudio realizado por FUNDACIÓN MAPFRE, recordemos que se estimó que uno de los defectos más habituales encontrados en los coches españoles estaba en los frenos, concretamente en la calidad del líquido de frenos. ¿Qué significa esto? Que puede que en una situación de emergencia no seamos capaces de frenar con la suficiente potencia.

Cómo funciona el líquido de frenos

A menos que hablemos de tecnología by wire, el sistema de frenos incluye líquido de frenos. Y el líquido de frenos se utiliza en el circuito hidráulico, para transformar la fuerza que ejercemos sobre el pedal, en presión de frenado. Es decir, el líquido en sí funciona como un “convertidor” de fuerza a presión. La cuestión es que para que funcione correctamente para el uso al que está destinado, o sea, conseguir que el circuito de frenos funcione, tiene características determinadas:

  • Debe tener una temperatura de ebullición alta, de forma que no se vaporice en uso, pues el vapor se comprime muchísimo y estaríamos teniendo un bajón de presión en el circuito.
  • Debe mantener un nivel de viscosidad constante en el tiempo, ya que si no los sistemas como el ABS, ESP o el control de tracción funcionarían mal.
  • No debe ser corrosivo, para proteger las piezas del sistema de frenos. Además, debe proteger de la corrosión ante humedad, y por eso se suele añadir algún aditivo al líquido de frenos.
  • Debe tener un índice de compresión muy bajo y constante en todo el rango de temperaturas de uso, de forma que la sensación en el pedal de freno sea consistente.

Así que no es un líquido cualquiera. Por si fuera poco es un líquido higroscópico, o sea, que puede absorber o expeler humedad del ambiente. Eso significa que la humedad que entra en el circuito es absorbida por el líquido de frenos, y si esta supera un determinado porcentaje (suele ser el 3%), el líquido de frenos no trabajará igual y notaremos un pedal más flojo.

Por eso se debe revisar el líquido de frenos periódicamente, y sustituirlo si es necesario. Y por eso es bueno conocer los síntomas de mal estado de los frenos.

Qué hacer si no podemos frenar

Si no podemos frenar, no vamos a tener tiempo, ni ganas, de preguntarnos qué está fallando: debemos detener el coche lo menos violentamente posible. Podemos hacer algo, pero no podemos hacer milagros y por tanto puede que se de alguna situación en la que no tengamos mucho donde elegir:

  1. Mantén la calma. De nada sirve dejarse llevar por el pánico tú, y contagiarlo a los demás pasajeros.
  2. Levanta el pie del acelerador y trata de que el freno motor funcione a pleno rendimiento, bajando marchas a medida que sea físicamente posible. A 120 km/h en 5ª o 6ª es posible bajar una marcha siempre sin dañar nada.
  3. Si ves una zona de frenado de emergencia, úsala sin miedo. Es mejor llevarse unos meneos sobre la trampa de grava que tener una colisión.
  4. Si no queda más remedio, siempre puedes rascar el coche contra la mediana. Es peligroso y doloroso, no es la primera opción que se nos pasa por la cabeza, pero el coche se irá frenando.
  5. Si has conseguido reducir la velocidad lo suficiente, puedes intentar utilizar el freno de mano, pero con cuidado de que no se bloqueen los neumáticos traseros.
  6. En cualquier caso, no apagues el contacto bajo ningún concepto, porque te quedarás sin asistencia de ningún tipo, e incluso se bloqueará el volante.

Existen otras teorías más pintorescas para conseguir frenar un coche sin frenos, pero con todo esperamos que no haya que recurrir a nada desesperado. En un caso así, lo más difícil va a ser conseguir mantener la mente fría y no entrar en pánico.

Foto | William Clifford