Pues yo llevo 20 años conduciendo y…

Conductor experimentado

¿Y…? Tienes 20 años de experiencia, sí, ¿y qué? Como dice la canción, “20 años no son nada”. O son mucho, depende. Los hay que llevan 20 años conduciendo y aún no saben tomar el volante con las manos, que es una de las primeras cosas que uno debería aprender cuando se sienta en un coche. Y los hay que, por contra, con apenas un año de experiencia dominan los mandos casi a la perfección.

20 años dan para mucho, pero esto no es bueno ni malo intrísecamente, sino que depende. Dicho de otra manera, tendemos a evaluar la experiencia de manera cuantitativa, cuando lo verdaderamente sustancial es lo cualitativo. Por eso, 20 años, sí. ¿Y qué?

Los años de experiencia simplemente son un factor multiplicador: si son 20 años de gloria, de buenos usos y costumbres, ese bagaje puede ser, es, la leche; pero como sean 20 años de… mierda (con perdón), tendremos un cargamento de estiércol sólo válido para abonar campos, y depende de la plantación que tengamos que alimentar ni para eso servirán.

Si nos ponemos en un plano teórico, tenemos que las facultades necesarias para una conducción segura se estructuran en tres bloques que resultan ser como las tres patas de un taburete que si pierde una se queda cojo y se va al suelo, a saber:

Conocimientos, destrezas, actitudes

  • conocimientos,
  • destrezas,
  • actitudes.

 

Repasémoslas una por una y podremos evaluar si esos años realmente han sido provechosos para el conductor que esgrime su experiencia como prueba de calidad o si, por contra, el paso del tiempo no ha hecho más que entorpecer su aprendizaje de la conducción, ese que nunca termina.

Pregunta de examen

Los conocimientos son saber, y permiten que un conductor reconozca una señal, que sepa que debe circular por la derecha para no invadir el sentido contrario o que comprenda quién cede el paso a quién en una intersección, por poner algunos ejemplos básicos. En realidad es la parte más sencilla de todo y para la que solemos estar más preparados ya que no es más que un poquito de aprendizaje de aspectos teóricos, como quien se aprende la lista de los reyes godos, pero con menos esfuerzo.

Con todo, sabemos que en España los conductores suspenden en conocimientos (y eso que las pruebas se plantean en forma de test y con preguntas de regalo). ¿A alguien le sorprende? Pocos son los que aprenden qué significan realmente las normas y por qué, y aún menos son quienes retienen esos conocimientos con el paso del tiempo, entre otras cosas porque nadie les exige que así lo hagan.

20 años, por lo tanto, pueden ser incluso un problema en materia de conocimientos si en ese tiempo no se lleva a cabo un reciclaje adecuado, que con los años las cosas se olvidan, se reinterpretan y hasta se confunden, a la par que se acumulan modificaciones en la legislación vigente. Sí, el Código de la Circulación, de 1934, ya se derogó. Ahora (ya hace unos días) tenemos reglamentos.

Volante

Las destrezas permiten hacer lo necesario para una conducción segura. Desde asir el volante de forma que aun en caso de emergencia podamos actuar hasta mirar correctamente por los retrovisores pasando por accionar cualquiera de los pedales sólo cuando sea necesario y nunca por vicio. Esas son cosas que deberíamos aprender durante las clases prácticas de aprendizaje de la conducción para casarlas con la parte teórica. Y ojo, que he empleado un condicional con toda la intención del mundo.

Cuántas veces no habré pasado por un lugar en el que hay un conductor (experimentado, claro) que se incorpora a la circulación calcinando el forro del embrague del pobre vehículo. Cuántas veces no habré visto a un conductor experimentado revolviéndose en el asiento para mirar hacia atrás al aparcar, pasando por alto que si se torsiona de esa manera: 1) se está destrozando la espalda, y 2) como le cruce alguna viejecita por detrás del cogote la atropella sin siquiera darse cuenta. Y cuántas veces no me habré topado con un conductor experimentado que deja la mano lánguidamente sobre la palanca de marchas, perjudicando con su gesto la caja de cambios.

Por otra parte, ¿en qué se parecen los coches de hace 20 años con los que se venden ahora? Como un huevo a una castaña, oiga. ¿No es este otro motivo para el reciclaje formativo? ¿Qué pensaríamos si al consultar un problema con un informático resultara que se quedó en los tiempos del Commodore Amiga? ¿A él le exigiremos que esté al día y a un conductor no? ¿Por qué?

Actitudes

Y dentro de todo esto, la pata fundamental de nuestro taburete que cojea se llama “actitud”, comportamiento, cuestión axiológica si nos ponemos estupendos. La ética y los valores necesarios para la convivencia, esas expresiones que llevan años en desuso, constituyen en el mundo de la circulación de vehículos una pata fundamental para que todo llegue a puerto de forma segura.

Y, desde luego, ahí es donde falla estrepitosamente el conductor medio. Y tanto o más, cuanto más experimentado se siente. A ver con qué ideas le vas, a ver qué le vas a enseñar tú a estar alturas de la vida, con todo lo que ha visto ya. Esos planteamientos, a medio camino entre la desconfianza y el desdén, son la piedra filosofal del exceso de confianza que caracteriza al conductor mediocre. Y no es por nada, pero 20 años de mediocridad son muchos.

Ah, pero es que no me has dejado acabar. Llevo 20 años conduciendo y nunca he tenido un accidente ni me han puesto una sola multa.

¡Pues vaya una demostración de calidad! Parafraseando a Eduard Punset, que no haya sucedido no significa que no pueda suceder hoy, mañana o el mes que viene. Y nada, que tengas mucha suerte y un buen día, experimentado conductor, que yo prefiero pensar que sólo sé que no sé nada. Como Sócrates. Y perseverando.

Foto | Pacdog, Pedro Dias, Salim Fadhley
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