¿Por qué habré yo hecho esto?

¿Por qué?

No sé por que motivo me ha venido a la mente una anécdota de mi profesor de filosofía del instituto. Hombre peculiar donde los haya, era poco menos que un tópico con piernas y sin pelo. Recuerdo que, cuando nos portábamos bien, nos premiaba interrumpiendo la clase para cantar un fado.

Un buen día, inmerso en una larga disquisición, el hombre de repente propinó una patada al cubo de basura, que salió despedido a varios metros. Es de admirar su habilidad para conseguir que la papelera no volcara, y conseguir que simplemente se deslizara ante treinta pares de ojos abiertos como platos (algo que, según aprendí varios años después, se consigue golpeando cerca del punto de percusión).

Tras haber despertado a todo el aula, se limitó a proseguir su discurso magistral sobre el determinismo y el libre albedrío: «¿Todo lo que hacemos tiene un motivo?». Tras unos segundos de silencio, poniendo cara de introspección añadió «¿Por qué habré yo hecho esto?».

Podemos pensar que darle una patada aun cubo de basura delante de tres decenas de adolescentes es una chorrada de calibre excepcional. Pero no dudo ni por un momento que cada uno de nosotros a lo largo de su vida se ha mirado en un espejo, real o imaginario, y se ha formulado esa misma gran pregunta más de una y de dos veces.

¿Que si todo lo que hacemos tiene un motivo? Lo más probable es que sí. Como físico de (de)formación, no me sale decir lo contrario. Lo que no tengo tan claro es que a menudo seamos conscientes de los motivos que nos llevan a actuar como lo hacemos.

¿Por qué me llamas loca cuando quieres decir libre?

Porque, si siempre fuéramos conscientes de los motivos que nos llevan a actuar como lo hacemos, entonces nunca nos formularíamos la gran pregunta de la que estamos hablando. Incluso hay ocasiones en que, a posteriori, no nos reconocemos en nuestros propios actos. ¿Cómo puede ser eso?

Todo lo que hacemos, todo lo que ocurre, jamás se puede cambiar. En ocasiones es posible compensar las consecuencias, conseguir que todo sea similar a como seria si algo no hubiera pasado. Pero eso no elimina lo ocurrido de la historia, quiera escrito en tiempo para siempre.

Otras ocasiones, no es posible compensar nada, y las consecuencias de un acto quedan marcadas en el tiempo, cambiando el significado de nuestro universo hasta el final de nuestros días.

Cuanto más actuamos sin ser conscientes de nuestros motivos, sin evaluar si realmente actuamos siguiendo los motivos correctos, más probable es que algún día tomemos una decisión cuyas consecuencias sean imborrables.

Por el sitio donde estamos, probablemente hayáis acudido a Circula seguro con la esperanza que tras toda esta parrafada acabe hablando de conducción segura y eficiente. Y debería hacerlo. Pero no lo voy a hacer. Voy a dejar que seáis vosotros los que os preguntéis porqué habré yo escrito un artículo que no habla sobre seguridad vial en este blog. O… ¿sí que habla?

Foto | annnna_, gaelx