Por qué confiar en los sistemas de seguridad, pero sin relajarte

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Los sistemas de seguridad del coche son sorprendentes, imprescindibles y salvan multitud de vidas cada día, mes y año. Es un hecho, y basta con probar al límite cualquiera de esos sistemas para darse cuenta de lo que llevamos “puesto”. Cuando digo al límite, me refiero a esos límites que se encuentran en los cursos especializados, o bien en el poco agradable caso de tener un problema en marcha.

Si comparamos un coche moderno con su equivalente de hace 25 años en su mismo segmento y de un rango de prestaciones que podamos extrapolar a la época, pensaremos del antiguo que poco menos es una caja de zapatos con ruedas y motor. No tendremos duda alguna de que antes los coches estaban menos protegidos (pero para le época sí eran seguros), o disponían de menos recursos propios para “resolver” situaciones. Esto lo notaremos cada vez más, pues con cada generación de coches aumenta la seguridad y mejoran los sistemas que toman decisiones y actúan para prevenir sustos. Sin embargo, no conviene relajarse hasta el punto de desafiar a la física, porque los sistemas de seguridad son seguros y sofisticados, pero (todavía) no hacen magia.

¿Cuál es el límite de los sistemas de seguridad activa?

Los sistemas como al ABS, el ESP, el asistente de frenada de emergencia, y demás, entran en funcionamiento cuando los sistemas “de serie” no son capaces de lidiar con una situación. Por ejemplo, el ABS funciona cuando pisamos el freno con tanta presión que, por algún motivo, uno o más neumáticos se bloquean. entonces, el ABS entra en acción y desbloquea de forma selectiva dichos neumáticos.

En el caso del ESP, cuando se detecta la pérdida de la trayectoria que elegimos de forma consciente, el sistema actúa y trata de recuperar esa trayectoria correcta. El BAS (asistente de frenada de emergencia), actúa en una situación de emergencia, ante una inminente colisión. Y no tenemos 100% claro que podamos evitar dicha colisión. Por tanto, los sistemas de seguridad activa entran en acción cuando, de no tenerlos instalados en el coche, tendríamos un percance con alta probabilidad. Y por eso es siempre mejor que no haya ningún elemento de seguridad activa en funcionamiento, porque significa que el coche tiene todavía margen de respuesta.

Entonces, debemos confiar en que el ABS nos va a permitir frenar sin bloquear las ruedas, y que el ESP nos va a ayudar en caso de que perdamos tracción o agarre, sin que la cosa pase a mayores. Igualmente, si necesitamos frenar con toda la energía disponible, sabremos que el BAS, si lo tenemos, entrará en acción y completará nuestra pisada. Pero, como es lógico, no conviene dormirse en los laureles pensando que los sistemas de seguridad nos sacaran de cualquier apuro. El exceso de confianza es contraproducente.

Esto no es algo nuevo. Hace nada menos que 6 o 7 años ya leíamos casos de exceso de confianza, e incluso en los tiempos de los primeros sistemas de ESP, había personas que conducían más deprisa de lo que podían, confiados en que el propio ESP complementaría lo necesario. Es el mismo caso que en la conducción sobre nieve, en invierno. Si nuestro coche dispone de tracción integral, ¿significa eso que somos inmunes a la nieve? La respuesta es obvia, y es negativa, ya que si no montamos el neumático adecuado, y si no circulamos a la velocidad adecuada, la mejor tracción del mundo no servirá de nada.

Foto | Glen Edelson