¿Podemos cambiar nuestros hábitos en la conducción?

¿Step 10?

Este artículo se podría llamar más bien, díme cómo conduces y te diré quién eres, pero prefiero desligarme del tópico para no hacer más célebre el origen del refrán. No se trata de reafirmar una conducta sino más bien todo lo contrario, sacar nuestra propia conclusión sobre la forma de comportamiento al volante.

El hábito, que en psicología, es el comportamiento repetido regularmente por una persona, puede ser bueno si se tiene la capacidad de tomar una decisión correcta y también puede ser malo si el comportamiento equivale a sinvergonzonería o inmoral. Y no es cuestión de gustos sino simplemente llamar las cosas por su nombre.

No obstante, para no crear discordia entre los lectores, la buena o la mala costumbre al volante es la que nos delata a veces; lo cual es muy cierto pero la realidad puede ser otra, veamos porqué.

Miedo me da. Ver la conducta del que graba el video y del conductor grabado es para echarse a temblar. Hace unos días Esteban nos hablaba sobre las distracciones y comportamientos erráticos y con otra grabación nos comentaba la postura insolidaria de unos usuarios que ven como una conductora realizaba unas maniobras irregulares y no hacen nada salvo reirse de la grabación. No obstante ambas conductas no están justificadas pero si lo que se quiere hacer ver son las imprudencias al volante no cabe la menor duda de que haberlas hailas.

Cuando expresamos la frase, “como de costumbre” o “como habitualmente vengo haciendo” al intentar explicar a nuestro interlocutor la forma de comportarnos tras realizar una actividad rutinaria, sin darnos cuenta mezclamos tres conceptos distintos. Dichos criterios se basan en el saber, el querer y el poder ante cualquier comportamiento. Y es lo que hacemos cuando vamos al volante, tenemos intuición, disposición y capacidad para llevar adelante la dirección o los mandos de nuestro vehículo.

Debido a que los conocimientos son aprendidos y no heredados, nuestras habilidades o experiencias constituyen nuestra segunda naturaleza, no la primera. De ahí, que una buena formación inicial nos evitará tener que reciclarnos o morir en el intento de cambiar. Pero bueno, nunca es tarde si la dicha es buena y cuando aprender es sobrevivir, no nos queda más remedio que ponernos las pilas.

Son dos cuestiones las que me gustaría comentar. Por un lado, las cualidades humanas que permiten a quien la posee tomar y llevar a término las decisiones correctas en las situaciones más adversas para cambiarlas a su favor; y por otro lado, todo aquel hábito o práctica que se considera inmoral, depravado o degradante en una sociedad. Podría confeccionar un listado de comportamientos o habilidades al volante por separado (invito con vuestros comentarios a la participación y reflexión) pero me quedo con la idea de que las primeras se consideran cualidades positivas y se oponen a las malas aptitudes.

Helguera

A las personas, nos cambia la experiencia

Los hábitos o conocimientos adquiridos son mecanismos automáticos que nos permiten realizar ciertas acciones sin la necesidad de emplear el esfuerzo mental y físico normalmente requerido al realizarlas cuando son nuevas para nosotros, como por ejemplo la conducción monótoma. Sin embargo, los conocimientos aprendidos pueden perderse con el tiempo o realizarse de manera inadecuada por los vicios que también por desgracia se adquieren en la conducción, como por ejemplo realizar un ceda el paso ante la señal de stop.

Viene al caso y es que mi media naranja, hace unos días, tuvo un pequeño percance al volante y debido a no emplear dos de las instrucciones prácticas que le dieron durante su aprendizaje en la autoescuela se comió, literalmente hablando, la matrícula trasera del vehículo de delante. Daños materiales e irritación para los intervinientes (de mayor dimensión emocional para la parte que provoca el incidente) fueron las consecuencias de un inoportuno pero evitable siniestro.

Dos fueron las elecciones y las dos erróneas, por un lado no guardar la distancia de seguridad y por otro lado, el hecho de utilizar el pedal del embrague primero y el de freno después. Está claro que durante la conducción, no guardar la distancia de seguridad o no saber anticiparse ante cualquier imprevisto pasamos a lo que se llama la antesala del accidente. Y de lleno en la colisión por alcance si utilizamos el embrague antes que el freno ante una emergencia.

Si diariamente para ir y venir del trabajo utilizamos el coche, tenemos que concienciarnos y aceptar el riesgo que supone la movilidad. Aprendimos las distintas denominaciones del asistente a la frenada de emergencia y también la importancia de la distancia de seguridad. Sólo nos queda aplicar lo que aprendimos en su momento, tan fácil como eso. Sin embargo, nuestra atención se convierte en un cúmulo de circunstancias que si no sabemos concretar a qué nos enfrentamos es posible que nuestra intención sea difusa o errónea.

Es importante reconocer que somos responsables de cada uno de nuestros hábitos ya que los efectos de los comportamientos dependen de nuestra elección. Elige bien por favor.

Foto | sergis blog, Roberto García Fadón
Video | TeamRule34
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