Ocio digital y seguridad vial

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Vivimos en una sociedad en que lo digital cada vez está más y más implantado. Dispositivos móviles con cada vez más funciones, redes sociales, videojuegos, sitios de vídeo compartido, series de televisión de gran éxito que ya no se ven en la tele, y un largo etcétera.

Cada vez más, estas nuevas formas de ocio pierden el estigma de frikismo e infantilidad que les solía acompañar (decimos videojuego, en vez de vídeo interactivo, por ejemplo). Son medios cada vez más implantados, y que cada vez cuentan con más contenidos para todos los públicos; igual que siempre ha habido libros infantiles, y novelas para adultos.

Por otra parte, es indudable que la conducción también es un hecho social más que arraigado. Por lo tanto, puede ser interesante dedicar unos minutos a reflexionar sobre la relación entre ambos fenómenos.

Estamos hablando de entretenimiento, y es obvio que las cosas comunes no nos entretienen demasiado. Si vemos a un hombre sentarse en una silla, seguramente bostezaremos. Pero si la silla en la que se sienta está en equilibrio sobre una cuerda floja, quizá capte más nuestra atención. El ocio se basa en lo extraordinario, fuera de lo común.

Por ese mismo motivo, si la conducción forma parte integrante de una historia, normalmente será en condiciones alejadas de la cotidianidad, a menudo peligrosas. Es fácil encontrar en cualquier sitio de vídeo compartido escenas de accidentes, o torpezas al volante. Me cuesta imaginarme un clip titulado «detenido correctamente ante un stop» bien situado en el top de lo más visto.

Algo similar podemos decir de la mayoría de medios digitales. Cualquiera de nosotros no tardaría ni medio minuto en elaborar una lista de películas, series o videojuegos vídeos interactivos con numerosas escenas de persecuciones, carreras o accidentes de tráfico. Y es normal, porque es ocio; y el ocio se basa en convertir lo normal en extraordinario.

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¿Significa todo esto que el ocio digital promueve actitudes contrarias a la seguridad vial? Seguramente, esta es una pregunta muy polémica, porque diferentes personas darán respuestas muy diferentes. Sin embargo, creo que en el fondo es un tanto injusta, ya que lo que hemos dicho hasta ahora no es exclusivo de lo tecnológico.

El ocio es tan antiguo como el propio ser humano. Estamos hablando de nuevos medios, pero no de nuevos conceptos. Un cuento al rededor del fuego, un libro, un cómic, una novela gráfica, un programa de radio o una película en blanco y negro,… Todas son formas de ocio basadas en relatar hechos extraordinarios.

¿Una novela negra promueve el crimen organizado? ¿Un cómic te incita a cambiar el orden de la ropa interior, y saltar por ventanas? ¿Al ver Tiempos modernos de Chaplin te dan ganas de meterte entre engranajes gigantes? Creo que la mayoría de vosotros responderéis negativamente a estas preguntas.

¿Y por qué no? Pues porque cuando uno se divierte con estas experiencias extraordinarias, sabe perfectamente que es ficción. Se compara con el bagaje vital que todos tenemos, y sabemos que en la realidad la ropa interior es… interior, y lo que sale de una ventana, cae al suelo, por ejemplo.

El problema, por supuesto, aparece cuando la persona no tiene el bagaje necesario para poder distinguir la realidad de la ficción. Ese es el motivo que negamos a nuestros niños el acceso a ciertos contenidos. Esperamos a que crezcan y maduren lo suficiente para aprender que uno no debe saltar por las ventanas. Que lo que vemos en una película es una ficción creada para nuestro entretenimiento, no algo a imitar; que puede perfectamente ser físicamente imposible.

Precisamente, esperamos que crezcan hasta aprender que, la posibilidad de romper las reglas de la realidad, es lo que lo convierte la ficción en ocio, en algo divertido.

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El entretenimiento digital no es diferente en este sentido. Eso sí, la tecnología que lo hace posible presenta nuevos desafíos en este sentido. Sobre todo debido a su enorme capacidad de difusión, a menudo casi instantánea. Y a poder disfrutar de ella casi sin esfuerzo (al contrario que leer un libro, por ejemplo, que a menudo es visto por la gente joven como una tarea ardua).

Otro desafío es el hecho que, a menudo, los padres son mucho menos hábiles en las nuevas tecnología que sus chavales. A menudo, a duras penas saben como consultar su correo electrónico. En estas condiciones, parece mucho pedirles que activen los filtros de contenido de acuerdo con la edad y madurez del chaval.

Sin embargo, hay situaciones en que la falta de interés en filtrar los contenidos que llegan a nuestros retoños es preocupante y denunciable. Igual que no dejaríamos que un niño ojee la estantería de revistas eróticas en un quisco, tampoco deberíamos dejar que paseen libremente por la de videojuegos, donde más del 70% están marcados como no recomendables para menores de 16 o 18 años.

De hecho, no es difícil ver algún chavalín coger la carátula de un vídeo interactivo cuya edad recomendada dobla la real. Acercarse a sus padres y pedir la compra del mismo. ¿Esos padres responderían igual si, en vez de un GTA el diablillo les pidiera un penhouse? Más preocupante es ver como, a veces, los padres aceptan. ¿Y por qué no suele haber zonas diferentes según edades? En otros medios de ocio, digitales o en papel, sí existe separación.

En el tema de la circulación, existe una problemática adicional que es necesario mencionar. Y ésta no está tan relacionada con la edad de los consumidores de ocio digital. Y es que, incluso en personas adultas, no siempre existe el bagaje en seguridad vial necesario para poder discriminar la ficción de las actitudes necesarias para circular en la vida real.

Precisamente, la falta de dicho bagaje es la razón de ser de blogs como Circula seguro. Si la seguridad vial tuviera el suficiente prestigio social suficiente para que se inculque desde pequeños, igual que se nos inculca el no saltar por las ventanas, otro gallo cantaría. Si no nos tomáramos la autoescuela como un trámite a superar sin pestañear, nadie se sentiría tentado a reproducir la última escena de persecución que hemos visto o jugado.

En definitiva, aunque queríamos hablar del ocio digital, hemos acabado igual que siempre: hablando de la escasa penetración social que tiene la educación vial. Cosa que, poco a poco, entre todos podemos ir cambiando. Tenemos que ir cambiándolo. El problema no es el medio digital en si, ni los contenidos concretos. El problema es que los receptores no siempre seamos capaces de absorberlo y segregarlo de la realidad.

Si asumimos que es ficción creada para el entretenimiento, no hay nada negativo en que veamos maniobras arriesgadas en una película 3D. O que participemos en una carrera, en la que intentaré sacarte de la carretera virtual sin piedad. Pero después, en la carretera real, te cederé el paso y facilitaré tus incorporaciones tanto como sea posible.

Fotos | campuspartymexico, tj.firer, Mauro “Kilamdil” Monti

  • PAL

    A mi me encanta atropellar gente… en los juegos… 😛

  • No es acertado reclamar responsabilidad social a las personas que intervienen en el transito, cuando las autoridades de transito han incumplido su obligación de enseñar y comentar el código de transito, seguridad vial y manejo preventivo, para que todos los habitantes del territorio lo conozcan y sepan como comportarse en la vía. Política, que es errada, si tenemos en cuenta que así, conduzcamos un vehiculo, o que viajemos como pasajeros, todos somos peatones. Luego la responsabilidad social primero debe darse por parte de los gobernantes y transmitirse a los gobernados. Si el peatón a futuro va a ser el conductor de un rodante y no esta capacitado para acceder al privilegio de conducirlo, esto evidencia, que lo único que le interesa a las autoridades, es conseguir dinero para engordar las arcas del estado con las múltiples infracciones que a diario cometen los conductores, en su mayoría por desconocimiento de la norma de transito que los gobierna. En ese orden de ideas, los estados tienen la obligación de formar en el transito a todos sus gobernados, y es el colmo que no entiendan que la vida esta por encima de cualquier dinero que se recaude. Con ese camino, están desviando los fines de protección de la vida y la integridad de quienes intervienen en el transito, a cambio del recaudo de dinero. De nada sirve sancionar a los infractores, si no existen políticas de estado para dar a conocer en forma masiva a través de los medios masivos de comunicación en especial, el de televisión, la norma de transito, comentando todas y cada una de las infracciones con personas con experiencia en el tema, para que los usuarios de la vía (peatón, conductor, pasajero y agente regulador) conozcan el código de transito que los regula. En la medida que todas las personas intervinientes en el transito estemos capacitados para interactuar en la vía, tendremos un transito mas ordenado y seguro, y en consecuencia, disminuirán los accidentes de transito que tanto dolor le causan a las familias de las victimas de la indiferencia de los gobernantes.