Navidad, felicidad y momentos para la reflexión

Navidades en familia

Iniciamos este fin de semana un periodo del año que despierta los sentimientos de las personas. Son días pensados para las grandes reuniones familiares, jornadas para la alegría de compartir los momentos y para dedicar a los demás una parte de ese tiempo que durante el año se nos escapa de las manos. Días de felicidad, en definitiva.

También son fechas en las que realizamos desplazamientos masivos, en ocasiones largos, y bajo condicionantes que nos pueden suponer un peligro cuando estamos al volante. Las prisas por llegar a tiempo a nuestros compromisos, las discusiones motivadas por el estrés, el hecho de no recordar con precisión cómo se llega al lugar donde nos están esperando y una meteorología que no siempre es nuestra mejor aliada pueden convertirse en un verdadero problema para nosotros.

Cada año se registra una gran multitud de siniestros sucedidos en fechas próximas a la Navidad. Al centenar de fallecidos en carretera hay que añadir los miles de heridos, por una parte, y los amigos y familiares por la otra, que quedan con secuelas de por vida, algunos de forma física y todos ellos de forma psicológica. Y es que una colisión no deja a nadie indiferente. No sería exagerado decir que por cada muerto en carretera sufren las consecuencias de esa pérdida hacia un centenar de personas.

Mesa de Navidad

Quizá una de las peores escenas que se pueden vivir se compone con una mesa preparada y una larga lista de invitados que esperan la inminente llegada de esa pareja que viene de lejos y a quienes hace meses que no ven. La espera se hace eterna hasta que el timbre rompe la tensa situación. Al abrir la puerta las sonrisas se desvanecen y las risas se congelan. El uniforme impone un silencio terrorífico. La noticia cae con un ruido ensordecedor. Tanto, que las palabras de quien comunica el triste suceso se pierden por el camino. Nadie escucha ya. Nadie tiene ya nada que celebrar. Todo ha acabado. Y así será durante el resto de los años, cada vez que se acerquen estas fechas.

Y eso sucede cada Navidad en cientos de hogares.

Y se puede evitar. Está en manos de cada uno de nosotros la posibilidad de no pasar a engrosar esa macabra estadística que convierte un periodo de celebración en unos días que nadie desearía haber vivido. Está en nuestras manos luchar contra esa situación absurda por la que una fiesta se transforma en una tragedia. Entre todos podemos conseguir que la Navidad sea sinónimo de felicidad, y que así sea por muchos años.

Foto | Flickr (Richard BH, kyz)