Miedo a conducir por autopistas y autovías, ¿la fobia más incomprendida?

La amaxofobia o miedo a conducir es una aversión muy común sobre todo entre los conductores noveles, pero que resulta muy amplia en su ámbito de actuación. Existen usuarios con miedo específico a conducir de noche o lloviendo, a tener un accidente, a perder el control del vehículo, a que se les cale y les reprendan otros conductores o, simplemente, a coger el coche. En este caso, vamos a tratar la fobia generada por el pánico a conducir en autopistas y autovías que, desgraciadamente, es sufrida por millones de conductores y que les complica su día a día para ir al trabajo, llevar a los hijos al colegio, visitar a familiares y amigos o cumplir con la rutina.

Los síntomas y diagnóstico son evidentes

El miedo a conducir por vías de gran tamaño y varios carriles no tiene por qué tener una relación directa con alguna experiencia traumática del pasado o con trastornos psicológicos de la persona, pues puede ser desarrollada por cualquiera que no haya conseguido superar una inseguridad que todos hemos experimentado al volante y que, en su caso, ha sido cimentada fuertemente en su cabeza. Los usuarios que sufren este tipo de pánico no tienen mayor problema para circular por el interior de la ciudad, donde se desenvuelven sin dificultad y con total tranquilidad, pero perciben los síntomas sin motivo aparente al incrporarse a las autovías.

“Jamás lo he sacado por autopista, bueno, no lo he sacado de la ciudad, desde que me saqué el carnet hace ya más de dos años. Me gustaría volver a cogerlo pero la autopista no la puedo ni ver, me da terror incorporarme o salirme de las carreteras, los cambios de carril y demás.” declara M.M. que prefiere no dar su identidad a conocer, pero que es consciente de que hacer visible su problema puede ayudar tanto a gente en su situación como a sí mismo.

El malestar previo que padecen anticipa una situación de ataque de pánico que implica una sensación de mareo, rápidas palpitaciones, sudor frío, temblor de piernas y/o manos y náuseas. Es un sentimiento visceral que mantiene el cuerpo y la mente con una impresión de peligro constantemente activa. Los pensamientos catastróficos pueden empezar ya antes de subirse al coche, al imaginar un peligro de no poder parar, descontrolar el vehículo, tener un accidente y fallecer o que pueda hacerlo alguien cercano.

“He ido por ciudad y haciendo siempre los mismos recorridos porque son lugares que ya conocía, y solo he salido a la autopista tres o cuatro veces y siempre junto a algún familiar.” E. A. Estudiante de enfermería

En muchas ocasiones, estas personas se ven forzadas a usar caminos más largos para llegar a su destino, llegando a evitar ir al extrarradio, usando siempre que les sea posible el transporte público y, en definitiva, limitando sus vidas por no haber conseguido gestionar bien un miedo convertido en pánico.

Este es el caso de E.A., a quien le resulta complicado asistir a sus clases y al hospital donde realiza su residencia como estudiante de enfermería: “para ir a la facultad a unos 40 km de mi casa tengo que coger la autopista y mi problema es que no me atrevo a cogerla sin acompañante. Lo que más miedo me da son las incorporaciones, pienso que no podré hacerlas, que no sé mirar y calcular si puedo meterme o no. Me da miedo porque además es la hora de más tráfico, pienso que puedo ponerme en peligro yo y poner en peligro a los demás.”

El tratamiento de la fobia, también

El ser humano tiene la capacidad de inventar miedos que nos asustan y nos persiguen, y que en caso de no combatirlos pueden enraizarse en nuestra mente como algo mucho más grave que requiere de una intervención. Cuando algo que nos da miedo evoluciona en episodios de terror y pánico que nos incapacitan a realizar nuestra vida diaria con normalidad es cuando debemos actuar. Ponerle límites a nuestra capacidad de inventar miedos es el primer paso para destruir aquellos patológicos que hayamos construido con pilares y raíces fuertes.

“Varias veces he tenido que pararme en el arcén de la M-40 y llamar a mi madre para que viniese a recogerme. No podía seguir conduciendo y era la única solución que encontraba. Otras veces era ella la que iba haciendo de coche escoba circulando detrás de mí, pero no me transmite la seguridad necesaria para superar el miedo”. E. A.

Existen tratamientos como la terapia breve estratégica que nos ayudan a interrumpir acciones que ponemos en práctica repetidamente y a diario para evitar el miedo, pero que no hacen más que alimentarlo, como puede ser el conducir siempre acompañado, depender de alguien para transportarnos, usar el coche sólo en el casco de la ciudad o no conducir. Con una psicoterapia elaborada por un profesional podemos crear experiencias que nos hagan vivir cómo el miedo se va eliminando progresivamente.

La técnica de “La Peor Fantasía”, por ejemplo, consiste en imaginar lo peor que podría ocurrir, crear el peor miedo para obtener un efecto paradójico de anulación. Es decir, tocar el miedo con la mano para hacerlo desaparecer y entonces poner en práctica, ya sentado al volante, junto a otras técnicas de relajación y exposición que veremos más adelante.

Relájate y exponte al miedo

Existen multitud de técnicas de relajación que pueden ayudar a crear un ambiente calmado y tranquilo dentro del automóvil, desde adoptar una posición cómoda, escoger música relajada, evitar ruidos y desorden en el interior del habitáculo y usar la respiración abdominal para relajar la tensión en el pecho y el cuello (tres series de diez repeticiones). Otro ejercicio interesante es el de la relajación muscular progresiva (RMP) que consiste en apretar los puños durante 10 segundos y soltarlos otros 20. Así durante varios minutos y varias series te permite mejorar tu sentido de control y tu estado de ánimo.

Mucha gente ha buscado ayuda recurriendo a clases de recuerdo o de conducción defensiva pues hay muchos profesionales acostumbrados a tratar estos trastornos que saben cómo enseñar a manejarse en estas situaciones de peligro.

“He vuelto de dar clases prácticas de refuerzo en la autoescuela y de momento me va bien, pero claro, con el profesor sentado al lado es mucho más fácil”. E.A.

El trabajo al volante con afirmaciones positivas también ayuda a la autoconfianza durante los momentos en los que más dudas pueden surgir.

  • “Estoy conduciendo bien y con cuidado dentro del límite de velocidad”
  • Conducir es muy normal y yo lo hago de manera segura”
  • “No tengo por qué arriesgarme a hacer cambios rápidos, siempre que me equivoque puedo dar la vuelta en el próximo desvío”
  • “La autopista es el lugar más seguro para circular”

Más adelante se puede comenzar con la terapia de exposición de forma progresiva para afrontar la fobia con relajación y evitar que empeore. Crear una escala de ansiedad y familiarizarse con ella es un método efectivo para localizar cuándo hay que detener la exposición y hasta dónde puedo llegar:

  • 0: completamente relajado, centrado, calmado y tranquilo
  • 5: comienzo de pánico con aceleración de pulso, mareos y hormigueo
  • 10: ataque de pánico completo, terror y miedo a morir

Escribir los miedos y clasificarlos de menor a mayor para ir afrontándolos uno a uno según esa escala hasta que los primeros hayamos conseguido dominarlos y poder conseguir mayor confianza al volante paso a paso. Y siempre que lo necesitemos podemos acudir a un médico que determine qué hacer en los peores casos de frustración y pesimismo, acudir a un grupo de apoyo y terapia conjunta y, sobretodo, darse tiempo. Los conductores novatos son más propensos a verse en estas circunstancias, por lo que hay que tener paciencia y confiar en que con tiempo todo se puede superar.

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