Luces de conducción diurna, cómo usarlas correctamente

Luces led del Volkswagen Golf

Hace unos días s63aut pidió un artículo sobre las DRL o luces de conducción diurna, y lo prometido es deuda, aunque ya avanzo que, en esencia, el problema de las luces de conducción diurna está más en el usuario que en la luz en sí. Menuda novedad, ¿eh?

Es de esperar que dentro de unos días, dentro del Especial sobre Normas de circulación que está desarrollando Capreolus, aparezca el tema del alumbrado del vehículo, así que intentaré no pisarle el terreno en lo legal, pero sí que podemos centrarnos en la actitud del conductor que lleva o no lleva encendidas las luces de conducción diurna, y a partir de ahí, comentarlo.

Hagamos un poco de historia, que siempre viene bien. Las luces de conducción diurna, también conocidas por sus siglas LCD o DRL, del inglés Daytime Running Light (o Lamp, que para el caso tanto da), llegan tras muchos años de experiencia con automóviles que llevan encendidas de día las luces de cruce ya que la presencia del vehículo se hace más evidente con ellas en marcha.

La práctica de llevar las luces encendidas nace en Escandinavia hacia 1972, en 1990 se hizo obligatorio en Canadá y opcional en EEUU, y con la llegada del siglo XXI las luces diurnas comienza a extenderse por toda Europa porque, a diferencia de lo que sostienen algunos lucescépticos, son igualmente útiles cuando brilla el sol (tal y como expliqué en mi ruta por Noruega). Pero para que el éxito de las LCD sea posible, es necesaria una aceptación popular, y esta viene de la mano de las campañas de apoyo a las luces 24 horas de las que nos estuvimos haciendo eco (y apoyamos sin reparos) en esta publicación.

De todas formas, y como sabe cualquiera, cada herramienta tiene un uso y para cada uso corresponde una herramienta, así que las luces de cruce se revelan como un parche mejorable para que el coche sea visto en la distancia. Las luces de bajo consumo y alta eficiencia son la respuesta: iluminan más, se calientan menos y tienen una vida útil mayor, y por eso se legisla que en la UE todo coche que salga de fábrica en 2011 llevará luces de conducción diurna y encendido automático de este tipo.

Y ahí estamos ahora.

“A mí quítame eso de las luces, que no me hacen falta”

Luces led del Toyota Prius

A partir de esto, tenemos el problema del hábito, que no hace al monje pero siempre nos dificulta la vida cuando hablamos de la conducción no segura. El hábito, en este caso, fuerza a que muchos conductores busquen en el libro de instrucciones de su coche o pregunten en el taller cómo apagar esas lucecitas que no tienen sentido alguno y que seguro que gastan un montón.

Es la consecuencia de no comprender el funcionamiento de las luces de conducción diurna ni la razón por las que se llevan encendidas ni menos todavía lo irrisorio de su consumo en el cómputo global de la energía que derrocha el más ineficiente de los motores, que es el de combustión interna, más cuando las normas de la UE obligan a que las lámparas empleadas sean de alta eficiencia energética.

Falta formación de los conductores. Segunda novedad del día, sí. Y a falta de formación, falta información, que un poco de comunicación por parte del organismo autónomo que lleva todo esto de la circulación de vehículos en nuestro país, llámalo DGT, llámalo entelequia, llámalo batalla perdida, tampoco vendría mal.

Luego está el espíritu aquel que nos trasladó Jaume con la anécdota de ‘El baile de los pajaritos’, que no es más que la realidad palpable que nos recuerda que, en este país, o se explican muy bien las cosas, o pervive la idea de que “como siempre se ha hecho así, para qué cambiar”.

“Como llevo las DRL, no necesito nada más”

DRL del Renault Laguna

Este es el otro extremo, el del conductor que cree que llevando una candelita encendida ya se le ve desde la órbita del Google Earth, lo cual puede tratarse también de un problema de hábitos del que advertí hace tiempo al hablar de las luces de conducción diurna y sus riesgos, pero no sé por qué me da a mí que en más de una ocasión va a ser un problema de actitud puro y duro, cuando no de falta de conocimientos directamente.

Es algo similar a lo que ocurre cuando la luz ambiental cae de repente, por ejemplo porque está a punto de echarse a llover, y vemos que algunos conductores encienden las luces… ¡de posición! ¿Quién pretenden que les vea con semejante luciérnaga? Y con las luces de conducción diurna, pasa otro tanto.

Huelga decir que a partir de que cae el sol y hasta que por la mañana el día se levanta del todo, para circular por España es obligatorio usar las luces de posición más las de cruce (también llamadas “corto alcance”, “cortas” o, en América, “bajas”), usando las de carretera (“largo alcance”, “largas”, “altas”) cuando estamos fuera de ciudad y no deslumbramos a nadie, mientras que las de posición, solas, se emplean únicamente en inmovilizaciones.

Por su parte, las luces de conducción diurna no son una luz “para todo momento”, sino simplemente para todas aquellas situaciones en las que, hasta ahora, no empleábamos luz alguna por obligación sino que llevábamos el coche a oscuras, entre otras cosas porque las luces de conducción diurna no hacen que se enciendan las de posición traseras, de manera que si circulamos con luces de conducción diurna cuando la luz ambiental no es suficiente corremos un serio riesgo de colisión por alcance.

Y ahora que acabo el artículo… ¿soy yo, o todo esto es tan lógico que roza lo evidente?

Foto | Volkswagen, Toyota, Renault
En Circula Seguro | Las luces de conducción diurna y sus riesgos, Lo sé, las he puesto yo