Los Mossos d’Esquadra retienen en la AP-7 los coches sobrecargados de la Operación ‘Paso del Estrecho’

Autopista del Mediterráneo AP-7

Cada verano son miles los coches que atraviesan España por la autopista AP-7 con destino al Norte de África. Se les identifica porque van cargados hasta los topes y de forma dramática. Bolsas de plástico, colchones, mesas y otros bultos sin identificar copan los portaequipajes de estos vehículos hasta poner en un aprieto a las leyes de la Física y a la seguridad vial. Sus ocupantes se juegan el tipo para hacer llegar a sus familiares y allegados las comodidades del Primer Mundo y, en definitiva, para mostrarles una prueba palpable de su éxito económico en la opulenta Europa. Es la llamada Operación Paso del Estrecho, un clásico ya de nuestras escenas veraniegas.

Sin embargo, este pasado fin de semana se vio una imagen insólita en la autopista que conecta el Sur de Europa con la costa mediterránea española. Los Mossos d’Esquadra y el Servei Català de Trànsit pusieron en marcha un dispositivo para neutralizar esos prodigios del transporte de mercancías amateur. Con la colaboración de Cruz Roja y Acesa, la policía catalana retenía ya en la Jonquera a los vehículos que circulaban con exceso de carga y no dejaba que continuasen su marcha hasta que sus conductores se desprendieran de los kilos que les sobraran.

Baca cargada con equipaje

Sin decomisos ni sanciones, los bienes intervenidos se guardaban en contenedores a la espera de ser retirados por sus legítimos dueños a la vuelta de las vacaciones. El objetivo era la seguridad vial y no la recaudación. Además de comprobar la carga, los encargados de llevar a cabo el dispositivo verificaban que todos los ocupantes viajaran haciendo uso de los elementos de retención del vehículo, especialmente los niños con sus asientos específicos, y ofrecían a los conductores consejos tipo como la necesidad de descansar cada dos horas o la importancia de la hidratación durante el viaje.

Cuentan las crónicas que en aquellos contenedores hay ya de todo: vajillas, una cama hinchable, ropa, leche… e incluso una lavadora que viajaba hacia África como podía. Se dio el caso también de una furgoneta que llevaba en su interior el motor de un coche y varios repuestos más, como retrovisores y puertas de vehículos. Y es que la necesidad de transporte lleva a los protagonistas de estas odiseas a asumir unos riesgos que a cualquier hijo de vecino patrio le erizan los pelos sólo con ver el aspecto que presentan los coches que viajan hacia el Sur. En el control realizado durante este fin de semana, sobraban entre 250 y 350 kilos de equipaje por vehículo.

Tras cerrar el dispositivo, las cuatro instituciones implicadas valoran positivamente esta experiencia piloto y destacan la receptividad de la mayoría de los conductores. Y lo leo y me quedo un poco frío. De un lado, es lógico que quien monta una operación de estas características haga una lectura positiva al final de la misma. También es lógico que al conductor que le preguntan, alcachofa en mano, qué le parece el dispositivo conteste que está muy bien. Sin embargo, me quedo con la duda de cómo se lo tomaron realmente los conductores intervenidos; fuera de cámaras, quiero decir.

Porque… una persona que se esmera en construir toda una falla valenciana sobre el techo de su automóvil, que no se plantea si a medio camino la mesa camilla le va a caer en el parabrisas al pobre desgraciado que circule detrás de él y que no cuenta con deshacer los fardos hasta llegar a su pueblo, ¿realmente se va a tomar como un cumplido que la Policía le diga que tiene que descargar sus cosas y que se queda con la mecedora que bajaba para la abuela? Ah, es que es por su seguridad y, claro, él entiende perfectamente que la seguridad es lo primero.

Pero entonces, si la seguridad es lo primero, ¿cómo se le ocurrió subir todo eso ahí?

Foto | kahl, 300td.org

Vía | Generalitat de Catalunya, La Vanguardia

  • Mano durísima con esos irresponsables.
    Me alegro de que los mossos hayan llevado a cabo ese dispositivo. Ya era hora!