Los efectos de la bebida… sin probar ni una gota

Alcohol al volante, sin necesidad de haber bebido

Durante el año 2009, previene hizo que cerca de mil jóvenes de toda España probasen a coger un coche en las mismas condiciones que si se hubieran ido *de copas.* Ayudándose de unas gafas especiales, los conductores veían el mundo a través de una tasa de alcoholemia de 0,5g/l, la máxima permitida por la ley de nuestro país, y también de 0,4 y 0,6. Con estas simulaciones, los mismos conductores se erigían en portavoces de una evidencia: *Alcohol y conducción son incompatibles.*

La disminución de reflejos, la percepción distorsionada o el cálculo erróneo de las distancias que produce la bebida fueron constantes en las pruebas que se realizaron en estas jornadas. De un lado, en una carpa se pasaron vídeos informativos y se sometió a los participantes a algunas pruebas sencillas de *coordinación óculo-motriz* como meter un lápiz en un bote, misión imposible cuando llevaban puestas las _gafas alcoholémicas._ Por otra parte, se les entregó un coche para que se movieran por un *circuito cerrado…* y los participantes parecían estar en una pista de autos de choque.

Pero quizá sea mejor ver los resultados de la campaña en un vídeo que, si se me permite la concisión en el análisis, es *buenísimo:*

El alcohol está *presente en el 31% de los fallecidos* al volante de nuestro país. Lejos de haber acabado con esta lacra, el problema del alcohol en la conducción permanece ahí como *un mal que no acaba de percibirse como tal.* Para ilustrar esta afirmación tenemos sobre la mesa el esperpéntico caso del diputado del PP (quien para más inri pertenecía a la Comisión de Seguridad Vial) que duplicando la tasa máxima de alcoholemia permitida chocó con su coche contra otro vehículo. La idea popular (y ahora no me refiero al partido, que tanto me da) es que *no hay para tanto.* Que uno controla y que los efectos del alcohol sólo los sufren los demás. Pues vale, di que sí.

Por eso una iniciativa como esta de *previene* (o aquella otra que durante las últimas semanas se ha venido desarrollando en Paraguay) es de las de quitarse el sombrero. Este tipo de campañas de concienciación suponen un revulsivo en el mundo de la seguridad vial. Porque los ciudadanos de hoy en día ya no creen lo que les cuentan los anuncios de la DGT, pero sí que creen lo que les dicen sus propios ojos. Y lo que ven los ojos lo expresa con mucha claridad el participante que aparece al final del vídeo:

No controlas nada, las distancias te confunden… O sea, imposible. No es visible la calzada. No ves, no controlas nada. Dolor de cabeza, también… O sea, imposible. No bebáis, oye…

Y acaba riendo. Ríe seguramente porque sabe que *todo esto es una simulación.* Que los golpes son de mentira y que al quitarse las gafas, no hay resaca. Que no hay riesgo, que todo es un juego que se acaba cuando miras al mundo sin las gafas del alcohol. Todo lo contrario de lo que sucedería si las copas fueran de verdad y la carretera, también. Game Over? No. *Life Over.*

  • Sam

    Tiene que ser toda una experiencia eso. Me hace gracía que algo tan simple como la ponerse a “la pata coja”, que no necesitas la visión para hacerlo, no puedan..