Las frases del profesor de autoescuela

Stop en la puesta de sol

Los seres humanos funcionamos básicamente gracias a las experiencias. Todo lo que hemos vivido nos convierte en lo que somos, constituye la premisa que da forma a todas y cada una de las acciones y decisiones que poco a poco construyen nuestra trayectoria vital.

En la sección de la vida que transcurre agarrado a un volante, las experiencias más intensas que uno puede evocar corresponden a la fase de aprendizaje, cuando un señor o señora se sentaba a nuestra izquierda tras una copia de los mandos del vehículo. El origen de todo, la fuente de la cual emanan los miles y miles de kilómetros subsiguientes.

O, por lo menos, debería ser así. A veces es imposible evitar acarrear en nuestras espaldas experiencias anteriores. Lo que llevamos viendo desde pequeños en nuestros familiares. Vicios que empañan el proceso de aprendizaje, que el profesor se ve obligado a extirpar de forma no siempre indolora.

Años y años después es imposible evitar que, de vez en cuando, las frases que te decía el profesor de la autoescuela vuelvan de vez en cuando a tu mente, cubiertas con una sabana blanca y gritando «uuuuuhhh». Fantasmas del pasado que retornan para felicitarte cuando seguir uno de aquellos consejos prehistórico te ha sacado de un apuro. O, peor, para recriminarte que el no seguirlos ha estado a punto de meterte en uno.

Curiosamente, en mi caso, un par de estas frases han vuelto a mi mente no por la vía de una experiencia en la carretera, sino por el mismo medio que ahora utilizo para meterme en tu casa, oficina o teléfono móvil: Circula seguro punto com.

Repartir la mirada «Repartir la mirada», habilidad esencial para la seguridad vial

Uno de nuestros usuarios hace unos días publicó un comentario en un artículo que escribí hace más de tres años, bajo un título robado del profesor que me enseño que circular era algo más que mantener las cuatro ruedas sobre la franja de asfalto: la última mirada es la que te salva la vida.

Desde aquellas líneas, han transcurrido han transcurrido suficientes kilómetros como para dar vuelta y media al globo terráqueo. Aún llevaba la L en la chepa, en el coche y como editor.

Y tras todo ese tiempo, tras todo ese asfalto dejado atrás, sigo teniendo la costumbre de dirigir un último vistazo rápido en todas las direcciones en que puede venir peligro cada vez que franqueo una intersección. Abusando de otra de las frases del profesor (que también robé en cierta ocasión): repartir la mirada.

Así es como funciona el aprendizaje humano. Alguien te machaca el oído hasta que la frasecita de marras se clava como una astilla en la masa gris. Después, uno tiene que elegir utilizar ese nuevo conocimiento únicamente como medio para pasar un examen; o como medio para pasar la cantidad ilimitada de exámenes que depara una vida entera de circulación abierta al tráfico.

Aunque queden lejos, lejos. Aunque la relación con aquel profesor o profesora no fuera del todo buena… Yo no puedo hacer otra cosa que recomendar que rememoréis aquellas frases que os repetía una y otra vez desde la izquierda.

Porque, aunque kilómetros y kilómetros de vicios acumulados puedan emborronar las enseñanzas originales, de vez en cuando volver a hacer caso a aquella persona del pasado lejano todavía puede ayudarnos a mejorar.

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Fotos | lucianvenutian, Photo exterminist