La toma de decisiones en el coche, sin dudas (y 2)

Conductor decidido

Tal y como vimos el otro día, la toma de decisiones dentro de un coche no puede llevarse a cabo empleando los mismos esquemas que utilizamos cuando nos decidimos por algo tan trascendente como la compra de un vehículo o de una vivienda. Nuestro tiempo de reacción se vería resentido si dentro del coche sometiéramos cada una de nuestras decisiones a una especie de votación popular y nuestra respuesta a cada estímulo sería tardía, lo que conceptualmente equivale a decir que nuestra respuesta sería errónea… independientemente de cuáles fueran las consecuencias de esa respuesta, ya que lo que por suerte no ha pasado hoy, puede pasar mañana.

Necesitamos tomar decisiones siguiendo un modelo que nos garantice seguridad y agilidad, y ese modelo partirá de dos premisas: la información que nos llega es veraz y lo que decidimos, bien decidido está. Claro, que dicho así y de repente la cosa puede malinterpretarse y podemos acabar colisionando contra cualquier cosa porque nos parecía que no estaba ahí o porque creíamos que lo que hacíamos era correcto, de manera que vamos a matizarlo un poco.

Información veraz para decidir en libertad

Antes de tomar una decisión, todo hijo de vecino necesita estar informado. De lo contrario, no decidirá; optará aleatoriamente por una respuesta u otra, pero no decidirá. Y en el coche, eso equivale a situarnos en un escenario de riesgo que se puede evitar. En ese sentido, lo primero es informarse, lo que en circulación equivale en un 90% de los casos a observar adecuadamente el entorno, sabiendo separar el grano de la paja y entendiendo lo que ocurre a nuestro alrededor; es decir, la observación como primer pilar de la conducción preventiva.

Conductor tomando decisiones acertadas

“Yo pensaba, yo creía…” son amigos de la ignorancia, y esa ignorancia se cura con el aprendizaje. Un buen aprendizaje visual nos permitirá llevar a cabo una observación adecuada a cada entorno que nos dará una información veraz sobre lo que está ocurriendo a todo nuestro alrededor… y sobre lo que puede llegar a ocurrir. Claro, que eso no es ya observación, sino anticipación, segundo pilar de la conducción preventiva, y aunque la capacidad de prever y anticiparse se forja ya en las aulas de las escuelas de conductores, lo que garantizará que el conductor prevea más o menos situaciones será el bagaje que vaya atesorando con su experiencia al volante.

El bagaje, pieza fundamental para la decisión

¿Quiere decir esto que un conductor novel, cuando se echa a la calle por vez primera en solitario, está desprovisto de bagaje? De ninguna manera. O, para no ser absolutos, esto no debería suceder si la formación ha sido la adecuada. El bagaje inicial, compuesto en parte por una serie de conocimientos teóricos y una serie de habilidades psicomotrices para dominar la máquina, cuenta mucho, ya que es ese bagaje y la adecuada observación del entorno los que permiten que un conductor sin apenas experiencia pueda decidir de modo adecuado mientras va conduciendo por ahí.

Vamos perfilando ya nuestro modelo de toma de decisiones. Tenemos una cierta información que nos llega principalmente por la vista, hemos aprendido a seleccionar esa información, sometemos esa información a nuestro conocimiento y de ahí saldrá una decisión. ¿Tenemos el esquema completo? Pues no, porque falta el ingrediente mágico que hará que esa decisión sea correcta desde el punto de vista de la seguridad vial, y ese ingrediente no es otro que el formado por los valores, las actitudes, los comportamientos del conductor, que en un proceso formativo adecuado se habrán ensamblado con el aprendizaje de las normas y del manejo del vehículo. Si ese ingrediente axiológico está encaminado hacia la seguridad y la fluidez de la circulación, las decisiones irán en esa misma línea. Y si no es así… pues un día la cosa saldrá bien y al otro, no tanto.

En definitiva, se trata de que cuando se produzca la situación ya tengamos pensada nuestra respuesta para ejecutarla de inmediato, de forma que no carguemos nuestro tiempo de reacción con indecisiones. Es algo que ya surgió en los comentarios de la entrada anterior sobre este asunto, cuando Pep Serra y Pedro García-Prefasi abogaban por los simuladores de los aviones, mientras que Corzo hacía la analogía del juego del ajedrez. Podemos recrear este esquema de forma gráfica:

Toma de decisiones dentro de un tiempo de reacción

A partir de este momento, la ejecución de nuestra decisión durará lo que tenga que durar, pero desde luego el inicio de la ejecución de nuestra decisión tiene que ir ligado al momento de nuestra decisión. Dicho en román paladino, en el coche todo tiene que ser “pensado y hecho”, sin titubeos.

Retroalimentación, confianza y seguridad

Los titubeos se tienen cuando se analizan las situaciones a coche parado, cuando leemos cosas sobre cómo circular por una glorieta o cuando vemos un vídeo sobre conducción sobre hielo, por decir algo, pero jamás cuando estamos ya metidos en faena. Dentro del coche, la decisión y la ejecución deben ser una sola cosa.

La parte positiva es que cada vez que decidimos y ejecutamos incrementamos nuestro bagaje. Por eso, si nos mantenemos atentos y siempre abiertos al aprendizaje, aumentará también nuestra confianza en lo que estamos haciendo. No hay que olvidar que la duda viene del desconocimiento, mientras que la confianza viene de saber qué estamos haciendo y por qué. Conducir con la confianza de saber que estamos siguiendo paso a paso nuestro esquema de la toma de decisiones redundará en más confianza y en una mayor seguridad vial, para nosotros y para los que nos rodean.

Foto | Jordi Sánchez Teruel, Vassil Tzvetanov
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