La Seguridad vial, década a década, vista desde el futuro

Las carreteras del futuro
Han pasado muchos años
desde que revisamos la entrada en el nuevo milenio y conocimos cómo había evolucionado la Seguridad Vial desde sus primeros días, en aquéllos maravillosos años sesenta del siglo XX, cuando la sociedad española empezaba a ser consciente de lo que suponía realmente la preocupación por la seguridad al volante.

Este es el comienzo del último capítulo, enviado a mis colegas del pasado a través del… No, mejor no os revelo el nombre del aparato para no influir en vuestras futuras vidas. Damos carpetazo a esta, esperamos, interesante historia de cómo empezamos a despertar a la realidad de la seguridad vial, y pretendo con ello mostrar una posibilidad futura (para vosotros). A dónde se podría llegar.

Después de tantos años, parece mentira, pero algunas cosas siguen igual. Lo que ocurre es que la tecnología ha evolucionado a mayor velocidad de la esperada y nos encontramos con que, hoy, los coches pueden circular de forma autónoma. Pero no penséis que son coches que circulen por los aires, no. Sigue habiendo neumáticos, pero son neumáticos diferentes a los de comienzos del siglo XXI. Igual que el interior de los vehículos, que ha cambiado mucho, y las carreteras, que sin ser infraestructuras 100% renovadas, incorporan interesantes avances en seguridad.

La conducción autónoma es el presente, con sus pros y sus contras

Conducción autónoma
La velocidad de circulación no es algo que preocupe a los conductores. En modo autónomo no existe limitación: el propio cerebro del coche adecua la velocidad a las condiciones de la vía y también la ajusta a partir de las lecturas de diferentes parámetros: distancia a recorrer, consumo energético, emisiones de CO2 equivalentes a ese recorrido, estimación del impacto para el conductor o los conductores en función de la velocidad probable de impacto, la masa corporal y el volumen del mismo de todos y cada uno de los ocupantes,…, densidad del tráfico y mil cosas más que no vienen al caso. No importa demasiado la velocidad porque hablamos de conducción autónoma y ahí, como conductores, no existimos: somos ocupantes.

En modo manual sí que existen limitaciones de velocidad, pero como también existen restricciones de acceso. El modo manual no es operativo en los entornos restringidos como el urbano interior incluyendo las travesías, en los peajes o en las incorporaciones o salidas de autovías. Tampoco está recomendado con condiciones climáticas excesivamente adversas, no está deshabilitado, pero sí muy limitado por el cerebro de los coches.

Mencioné antes que algunas cosas no han evolucionado mucho. Y entre ellas se cuentan los conductores. La conciencia global sobre seguridad vial sí ha evolucionado, ya son muchos años de campañas, y ya son varias las generaciones que han vivido la época de mayor auge de la educación vial. Sin embargo, el hombre es un animal de costumbres, y la imprudencia sigue siendo el factor determinante en muchos accidentes. El mayor problema, aunque os parezca mentira, es la propia conducción autónoma. No sustituye al 100% a la conducción tradicional, y precisamente por eso es una variable que despejar en la ecuación de la seguridad vial.

La conducción autónoma generalizada necesitó de un gran esfuerzo en dos frentes principales: la adecuación de las vías urbanas e interurbanas, y la preparación de los conductores. Esto último puede parecer extraño, pero los conductores necesitan cierto entrenamiento. No solo porque existe un protocolo para las diferentes modalidades de conducción autónoma (desde el tren de carretera hasta el vehículo autónomo individual), sino porque es necesario suavizar los efectos de estrés que supone dejar que el coche viaje solo… si no se ha nacido en esta generación actual, claro. Los “viejos” conductores son los más reticentes a dejar de accionar los mandos actuar a “su antojo”.

Vías más seguras y ausencia de atropellos o colisiones por alcance

Viajes más seguros
En cuanto a las vías, como decía se han remodelado profundamente hasta el punto que en vía urbana ya no existe intersección entre la calzada y los caminos peatonales: ya no hay posibilidad de que una persona se deje ver en medio de la calzada y sea atropellada, aunque hay excepciones (invasión de la calzada “a propósito” por vaya usted a saber el motivo). Ni siquiera en caso de accidente (altamente improbable porque está prohibida la conducción manual en ciudad, inhibida electrónicamente, de hecho) o avería, pues los protocolos de las fuerzas de seguridad y los cuerpos médicos han resuelto eficientemente la papeleta.

Esto supone una especie de utopía desde el punto de vista de comienzos del siglo XXI: no hay atropellos, ni golpes por alcance. Igualmente, en las autovías o vías interurbanas en general, se mejoraron considerablemente los sistemas de contención y los protocolos de evacuación, se incorporaron multitud de sensores y también cargadores inalámbricos para los coches eléctricos, así como los sistemas de telepeaje y cobro por los servicios de recarga in itinere, y un sinnúmero de pequeños sistemas autónomos encargados de mostrar en tiempo real las condiciones de la vía y del clima.

Los sistemas de contención mejoraron considerablemente porque es altamente improbable que haya una salida de la vía impredecible. Aunque está permitida la conducción en modo manual, el cerebro de los coches reacciona instantáneamente ante cualquier fallo del conductor: bien sea por fallo físico (desvanecimiento, problema cardiorrespitario, falta de atención,…) o por cualquier factor externo, el coche puede corregir las trayectorias, adecuar la velocidad, mantener la distancia de seguridad, informar a los servicios médicos y a las fuerzas del orden, o incluso enviar un mensaje directo al lugar de destino si por alguna razón acumulamos cierto retraso.

Neumáticos futuros
El mayor problema que tenemos hoy en día es precisamente el grado de alienación del conductor. No es algo sencillo de corregir. El conductor toma cada vez menos parte en el proceso y, por un lado, puede sentirse frustrado. Por otro, si ocurre algún imprevisto en el sistema (como el caso de los apagones repentinos hace cinco años, que supusieron un antes y un después en la conducción autónoma), el conductor posiblemente no esté preparado para recuperar el coche. Y eso es un problema.

Neumáticos gestionados de forma perfecta, más seguros que nunca

Un último apunte con respecto a los neumáticos. ¿No tenéis curiosidad? Pues bien, los neumáticos son uno de los elementos que más evolucionaron. Os encantaría verlos. Gracias a las características de los sistemas de guiado y de apoyo a la conducción, los neumáticos tienen un comportamiento predecible durante toda su vida útil. Es decir, no existe la posibilidad (bueno, existe pero tiende a cero) de desgastes asimétricos, de daños por golpes (a un bordillo por ejemplo: no hay bordiillos), no es posible que un neumático tenga un reventón por desgaste (ni un reventón, puesto que no son hinchables)… El sistema de gestión interno es capaz de proporcionar un desgaste uniforme y controlado de los neumáticos, y la tecnología actual permiten predecir exactamente el mejor momento para sustituirlos.

Mucho tiempo ha pasado desde los primeros coletazos de la Seguridad Vial en nuestro país, y queda mucho por delante. Pero es cierto que se ha evolucionado, y no habría sido posible sin la constante educación de los conductores, del creciente respeto por las personas y por la propia circulación. La tecnología ayuda, pero no sustituye al factor humano. Y ese sigue siendo el factor determinante en esta época. A lo mejor, ahora que os lo he contado, estamos a tiempo de abrir una nueva posibilidad de futuro, pero ojo, sin forzar una paradoja espacio-temporal que…

Notas al margen

Hablé del cerebro de los coches. No quería despedirme sin filtrar información al respecto, pues la tecnología ha avanzado mucho y se ha dirigido, curiosamente, hacia la bioelectrónica. Sí, se pueden considerar cerebros, más que “ordenadores”.

Notaréis que falta la ficha del coche representativo. No me es posible pasarla, no sería bueno para vuestra economía ni para el futuro desarrollo. Solo decir que hoy, no hay pretróleo. Bueno, sí que hay, pero es propiedad de dos personas, exactamente, y está dedicado a simple uso personal para ocio. A nadie le interesa, ya, el motor de combustión como tal.

También notaréis que la canción elegida es … clásica. Los tiempos pasados fueron azarosos y, hoy, disfrutamos de un mundo nuevo, mejor desde algún punto de vista, pero se echan de menos algunas cosas del pasado, al menos en teoría, como el bullicio de las ciudades y el frenético ritmo de vida. Por eso, esta obra. Da la sensación de prometernos que siempre, todo, puede mejorar a pesar de las circunstancias.

Vídeo | zeitraffer.ru en Vimeo
En Circula Seguro | La Seguridad Vial década a década: el nuevo milenio

  • escargot

    ¿y habrá dinero para esto?

    Dudo mucho que llegue a pasar todo lo que cuentas aunque en algo sí que te doy la razón: los coches serán como el de la última imagen. Porque la tendencia desde hace unos años es hacerlos cada vez más feos.

    • nomar55

      El coche de la última imagen es horroroso, sí, pero el que va por el desierto en la foto anterior es indescriptiblemente bonito.

      • escargot

        Tampoco me gusta. Claro que veo un C3 y me echo las manos a la cabeza.

  • s63aut

    Recuerdo el futuro visto en la época en la que era pequeño o incluso no tan pequeño, creo que jamás se acierta con el futuro, hay cosas que parecen estar a la vuelta de la esquina y que 50 años después son más utópicas que antes, en cambio, hay otras cosas que nadie esperaba y que resultan totalmente revolucionarias. Un coche “del futuro” de los años 60 quizá volara, pero no tendría ni GPS ni Internet, posiblemente tampoco airbags.

    En cuanto a que haya dinero, lo triste es que hay dinero de sobras, pero no hay intención alguna de compartirlo ni de que la mejora de vida alcance a todos.

    • escargot

      Lo del dinero… cierto, cierto. Pequeño detalle que sé y que tengo bien presente pero que en momentos puntuales se me olvida.

      Tengo la misma impresión que tú, que el futuro acaba tirando por derroteros muy distintos de los que nos imaginamos. Más que esa imagen tipo “Futurama” de los coches en lo alto (ni loca me subo ahí) o la red de carreteras para coche maleta que me imaginaba cuando iba al colegio, creo que la dirección que llevamos es la de un futuro como la del anuncio de la DGT que pusieron hace tiempo aquí, la de los arqueólogos.

      Si el resultado fuera siniestralidad vial cero, sería la leche.

  • enforex

    Vemos que vamos muy bien en progreso.