La otra lección del profesor Jesús Neira

Mucha gente en España sabe quién es Jesús Neira, así que no es necesario que lo explique. Por ser la persona que es, y por lo que le ha acontecido, es noticia que una persona haya dado positivo en un control de alcoholemia. Lo que ha pasado en la vida del señor Neira antes del pasado miércoles no es objeto de este artículo, ni me voy a meter en eso.

Los periódicos apuntan a que un agente de policía de paisano tuvo que obligar a detenerse a un coche que era conducido de forma errática por la autovía de circunvalación madrileña M-40, a la altura del kilómetro 5. El conductor resultó ser el profesor Jesús Neira, que dio una tasa de alcoholemia en aire espirado de 0,85 mg/litro.

Hoy se ha celebrado un juicio rápido, ya que con semejante tasa fue precisa su detención por un delito contra la seguridad vial. El juicio realmente ha sido rápido, el señor Neira ha reconocido ante el juez que dio esa tasa de alcoholemia, aunque ante los medios ha declarado que no bebió, a secas.

Más de una vez he leído por ahí, por comentaristas anónimos, que estamos ante una exageración mediática porque antes la tasa del señor Neira habría sido legal según la DGT. Habría que precisar que antes había un límite de 0,8 gramos/litro de alcohol en sangre, 0,4 mg/litro en aire espirado, luego ese argumento no es válido.

Lo que ha hecho el señor Neira antes del pasado miércoles, día de los hechos, no es relevante para la cuestión que nos ocupa. De acuerdo al abogado del señor Neira, su cliente solo bebió una copa de vino y un licor de café. La tasa de alcoholemia vino dada por la interacción de un medicamento que había tomado.

Una copa de vino y un licor de café no tiene por qué ser un delito contra la seguridad vial, es una cantidad de alcohol bastante moderada (e incluso sana según el sector viticultor y algunos médicos), pero no prudente para la conducción. La multa por alcoholemia es lo mínimo que nos puede pasar, y lo más leve del asunto.

El profesor debió saber, o debía haberse interesado por saber, que algunos medicamentos potencian la acción del alcohol y que no se deben mezclar. Mezclar alcohol con otras sustancias no es solo obra de jóvenes descerebrados a la puerta de una discoteca llena de coches, también puede ser cometida por hombres rectos.

De pequeño, gateé y aprendí a andar en los suelos de la farmacia de mi madre. Naturalmente, cuando he necesitado algún medicamento, pues me ha asesorado ella, y me enseñó a interpretar parte del lenguaje aparentemente indescifrable de los medicamentos. La sección de interacción con la conducción y el manejo de maquinaria pesada es interesante.

Supongamos que es cierto que la ingesta alcohólica del señor Neira se limitó al vinito y al licor de café. Primera falta de responsabilidad. No leyó el prospecto o lo ignoró. Segunda irresponsabilidad. No fue consciente de que no era dueño de sí mismo (de acuerdo a los testigos) cuando conducía. Tercera irresponsabilidad.

La suma de las tres irresponsabilidades ha determinado que pague 10 euros de multa, diarios, durante 6 meses, tenga una retirada de carnet de 10 meses y tenga que realizar labores sociales. Nada comparado con un accidente de tráfico. El señor Neira ha dado o recibido, según el punto de vista, una lección.

Cuando uno se medica, ha de saber qué se está tomando, como mínimo. Si no se entiende la enrevesada jerga química o médica, hay muchos profesionales que pueden resolver dichas dudas y plantearlas “en cristiano”. Alcohol y medicamentos provocan cambios en el organismo, la acción puede ser combinatoria, opuesta o nula.

Si Jesús Neira no ha mentido en esta cuestión, ha demostrado que no hace falta beber como un cosaco ni para ser un peligro, ni para recibir una sanción considerable. Puede bastar una aparentemente inocente combinación de un vinito, un licor de café, un medicamento y una notable falta de consciencia al conducir.