La necesaria lucha diaria contra la soberbia

Calendarios

Por motivos que ya ni recuerdo, hace un rato me puse a mirar el calendario. Y cuando tenía la vista clavada en el pasado jueves de repente un rayo de lucidez iluminó un determinado camino sináptico en el interior de cráneo, y me dije «repámpanos, esta fecha me suena». En efecto, el pasado jueves era el tercer aniversario de mi permiso de conducción.

El momento en que el cuentakilómetros de mi coche de segunda mano marcaba 60000km menos es apenas un recuerdo distante y borroso. No me voy a poner en plan nostálgico, ni a hacer balance ni nada de eso (entre otras cosas, porque ya lo hice tras la primera añada, y repetir post quedaría algo feo, ¿no?).

Lo que realmente me sorprende es que la efeméride haya pasado completamente inadvertida hasta hoy. Seguramente, señal de que el manejo de un chisme de cuatro ruedas y casi un centenar de caballos se ha convertido en lo más normal del mundo para mi. Ya no es aquella utopía aventurera de las primeras prácticas, o de la primera salida en solitario.

Yo siempre he defendido que la trivialización de la conducción es, sin duda, el principal riesgo que todos corremos al ponernos al volante. Porque minusvalorar la responsabilidad que conlleva la actividad más potencialmente peligrosa que la mayoría llevamos a cabo en nuestro día a día sólo puede tener consecuencias indeseables.

Si en estos 1095 días (más los tres que han pasado desde el aniversario) he aprendido algo es que nunca se aprende suficiente. Es más, en seguridad vial sencillamente ni siquiera es realmente posible conocerlo todo porque un mismo trozo de asfalto, incluso en un lugar que conoces tan bien como tu propia calle, nunca es igual.

Y sí, lo reconozco. En ocasiones he pecado de soberbia. Me enorgullezco de no haber recibido ninguna multa, ni de haber provocado ningún percance a nadie. Aunque lo diga con todo el derecho del mundo que me otorga el hecho de decir verdad, sacar pecho es completamente inútil. Y si me lo llegar a creer, me convertiría en un peligro en potencia.

El cuentakilómetros de mi coche marcando menos de 100000km es apenas un recuerdo borroso

Porque, al volante, el tramo de carretera anterior ya no importa. Cada kilómetro es nuevo, desconocido e imprevisible. Y, la verdad, es fácil olvidarlo cuando uno ya ha conducido lo equivalente a vuelta y media al planeta tierra (lo que no es mucho, pero tampoco es poco). Recordarlo y actuar en consecuencia es la lucha que todo conductor debe combatir día tras día, metro tras metro.

Sin duda, me alegro de que los días en que tomar el volante significaba un montón de estrés e inseguridades sean cosa del pasado distante (aunque, por qué negarlo, se ve con algo de nostalgia). Y, también sin duda, la experiencia me ha permitido conocer donde están mis límites en cada situación. Saber donde están para nunca acercarme a ellos, claro.

Pero en los primeros kilómetros, incluso con miedos e inseguridades, había algo que era mucho más fácil que ahora: poner los cinco sentidos en la circulación (o cuatro, porque nunca he lamido mi coche…). Cuando uno se quita el pañal en forma de placa de 19.5×15cm, fondo verde y una L mayúscula bien clara, mantener el nivel de atención adecuado y evitar dejarse llevar por la confianza se convierte en, como vengo diciendo, nuestro caballo de batallar diario.

El estrés excesivo, sin duda, sería extenuante e igual de peligroso que la despreocupación total. Pero yo, un ser más bien tranquilo desde la cuna, tampoco llegué a tener ese problema en demasiadas ocasiones.

La cuestión es que la veteranía debe servir no sólo para tener mayor confianza y habilidad con los mandos de un vehículo. Sino que también debe ayudarnos a comprender la severidad de lo que uno se juega con el volante entre las manos, y a mantener el delicado pero necesario equilibrio entre tranquilidad y atención permanente.

Yo, a riesgo de caer de nuevo en la soberbia, creo poder decir con total sinceridad que satisfecho con mi nivel de éxito en esta batalla kilométrica contra el exceso de confianza y la trivialización. Hasta el momento…

veremos qué tal el próximo kilómetro.

Fotos | Tanakawho, Jaume