La manía de salir ¡ya!

Cinturón de seguridad

Creo que todo hemos visto, incluso vivido, esta situación. El conductor camina hacia su coche, lo abre, se monta, lo enciende y se va. Veinte metros más adelante, ya en marcha, empieza a retorcer sus brazos para coger el cinturón de seguridad y proceder a abrochárselo.

Todos sabemos que la introducción del cinturón de seguridad es probablemente la innovación que más vidas ha salvado en el mundo del automóvil. De hecho, las estadísticas parecen confirmar que el uso del cinturón de seguridad es unánime, por lo menos en los controles.

Pero, como es obvio, para que el cinturón cumpla su función salvadora, es imprescindible tenerlo correctamente abrochado en el momento en que se produzca un incidente. En consecuencia, resulta lógico e inteligente tener el cinturón abrochado siempre que estemos en cualquier situación donde exista la posibilidad de que algo vaya mal, por remota que sea.

Entonces, volviendo a nuestro apremiado conductor, su actitud sería irreprochable si durante esos veinte metros no existiera ningún riesgo de colisión con otros vehículos. Pero no es así. De hecho, en esos veinte metros ha realizado una maniobra delicada: incorporarse al a circulación.

Un coche aparcado es completamente invisible para los que ya se encuentran estacionando. Como árboles, son obstáculos a evitar, pero inmóviles. Por ese motivo, siempre esperamos a que no venga nadie para poder salir. Pero como el universo dista de ser perfecto, es posible que aparezca de repente algo que no hemos visto, por cualquier motivo: A lo mejor por que era demasiado pequeño (un ciclomotor), o se ha metido en algún ángulo muerto, o circulaba a velocidad inadecuada… Da igual, puede provocar una colisión. Y, de ser así, mejor con el cinturón ya bien abrochado.

Hasta los peluches deben hacer el click de la vida

Lo peor, en mi opinión, es que no sólo estaremos desprotegidos de lo que pueda pasar. Al tener que realizar gestos antinaturales para poder abrochar el cinturón mientras se circula, de hecho estamos incrementando las probabilidades de que pase algo.

En primer lugar, representa una distracción. Por muy mecanizado que tengamos el gesto, nuestra mente no estará al 100% por la conducción.

En segundo lugar, las manos no estarán por los mandos del vehículo. Por ejemplo, si cogemos el cinturón con la mano izquierda, tendremos que cambiarlo de mano para poder llegar al enganche sin tener que inclinar todo el cuerpo a la derecha. Si lo asimos con la mano derecha, la situación no mejora, tendremos que encoger el brazo izquierdo para poder introducirlo entre las dos tiras.

Por lo tanto, lo hagamos como lo hagamos, durante un instante de tiempo no tendremos ninguna mano disponible para accionar los mandos del vehículo. Todo esto suponiendo que lo abrochemos a la primera. Todos sabemos que, de vez en cuando, se enreda, no atinamos a meterlo en la ranura correcta, o el copiloto pretende abrochar el suyo en nuestro anclaje.

Pero, ¿Y si en ese preciso instante cruza un peatón? O cualquier otro elemento inoportuno. Si estuviéramos preparados, no pasaría nada, podríamos reaccionar correctamente. Pero lo inesperado no espera a que estemos listos, como su nombre indica. Hay que tener en cuenta que, normalmente, todo esto suele suceder en un entorno urbano, donde la circulación es muy dinámica, hay muchos elementos que controlar. Y, en consecuencia, muchos elementos que se pueden descontrolar si no perdemos la atención total.

Naturalmente, lo dicho se puede aplicar a prácticamente cualquier preparativo necesario para el desarrollo del trayecto: Programar el GPS, buscar nuestra radio favorita, tener las gafas de sol a mano (si miramos al cielo, el hecho de que haya sol no nos pillará desprevenidos), etc.

Y todo esto por ahorrarse unos segundos tontos. ¿Cuanto podemos tardar en abrocharnos el cinturón,ayudar que todos nuestros pasajeros puedan hacerlo también, y realizar el resto de preparativos? Unos veinte segundos. Saliendo veinte segundo más tarde, quizá llegamos veinte segundos más tarde. Perderemos mucho más si tenemos que lamentar algún incidente.

Además, ese tiempo de preparación nos sale gratis, ya que el motor parado no consume. Si es diésel, que recordemos debe precalentarse antes de ponernos en marcha, podemos aprovechar este lapso de tiempo.

Foto | Monclova, jlastras