La importancia de secar bien las lunas

Túnel de lavado

Recuerdo que cuando era pequeño me fascinaba ir con mi padre al túnel de lavado. Esas máquinas que se movían de forma extraña, peluches que multiplicaban su tamaño al girar, agua y productos químicos volando a chorro a nuestro alrededor… y lo más espectacular, el soplador final que se iba levantando a medida que pasaba el coche.

Lo que no entendía era por qué había unos señores a la salida del túnel, armados con bayetas profesionales, que nos asaltaban para acabar de secar las superficies acristaladas de nuestro vehículo, empezando por los retrovisores exteriores. Como si el soplador y la posterior evaporación natural no fueran suficiente.

Sin embargo, con el transcurso de los años lo he ido comprendiendo un poco mejor… supongo que por estudiar una carrera que se basa en entender lo que ocurre en el mundo, y sobre todo al verme en la situación de limpiar la carrocería de mi vehículo yo mismo. Si el cristal no se seca bien, cuando al evaporarse la humedad vuelve a quedar sucio.

Cuando mojamos un cristal siempre quedan multitud de pequeñas gotitas en su superficie. Más adelante explicaremos porqué, pero de momento lo aceptaremos como un hecho. No creo que os cueste creerlo, seguramente lo habréis visto muchas veces.

Estas gotas de agua son increíblemente buenas atrapando toda la suciedad del entorno: desde simple polvo, hasta residuos del escape de otros vehículos. Todas estas brozas quedan en suspensión dentro de la gota.

Poco a poco, el agua se va evaporando. Sin embargo, las partículas que habían quedado atrapadas dentro de las gotas no, por lo que quedan adheridas al cristal, dejando una mancha visible. Imagino que esto es algo que todos habréis visto de primera mano.

Si queréis hacer el experimento vosotros mismos para comprobarlo, simplemente tomar una superficie de cristal. Con un cuentagotas, crear una (o más) gotitas en su superficie. Si el vidrio que usáis es vertical, tened cuidado de no crear una gota demasiado grande, para evitar que deslice cristal abajo.

La marca que queda tras la evaporación es proporcional a la suciedad suspendida en el aire, así que si no queda marca podéis congratularos de tener la casa más limpia que los chorros del oro. En la carretera, no tenemos esa suerte, con todos esos tubos de escape expulsando horribles gases.

Gotas en la superfície de un cristal

Pero, ¿por qué se forman gotas tan fácilmente sobre la superficie de los cristales? Aquí, el listo de la clase levantaría la mano y diría «por la tensión superficial». Pues sí, muy bien, una piruleta para ti como premio.

Las moléculas de un líquido, como el agua, sufren ciertas fuerzas de cohesión que intentan mantenerlas en su sitio. Esta fuerza es bastante débil, y no es capaz de evitar que el líquido pierda su forma. Pero debe existir, de no ser así se produciría la ebullición instantánea, incluso a muy bajas temperaturas.

En medio del fluido, cada molécula siente más o menos las mismas fuerzas en todas direcciones. Es como una partida de sogatira, si se estira por ambos lados, las fuerzas se compensan y la molécula se queda quieta. Sin embargo, en la superficie esta fuerza sólo aparece en una dirección, hacia dentro, así que esa fuerza queda descompensada.

A la naturaleza no le gusta que haya fuerzas descompensadas. Entender el motivo es muy sencillo: si existe una fuerza que no está compensada por otra, cualquier cosa que pongamos ahí sufrirá una aceleración, así que no estará en equilibrio.

Por lo tanto, lo que hace la naturaleza es disminuir tanto como sea posible la fuerza sin compensar que aparece la superficie del líquido. Y esto lo consigue, precisamente, reduciendo la superficie exterior del líquido. Por eso las gotas son esféricas, resulta que la esfera es la forma con menor superficie exterior para un volumen dado.

Ahora bien, si la gota está sobre una superficie de cristal, además de las fuerzas de cohesión interna entre moléculas, aparece una fuerza de adherencia entre el cristal y las moléculas de H2O. Estas fuerzas se deben a puentes de hidrógeno, es decir, atracción electrostática entre las cargas positivas de los átomos de hidrógeno del agua (positivos) y los átomos de oxígeno (negativos) presentes dentro de la estructura cristalina del vidrio.

Gotas en un retrovisor exterior

De hecho, la fuerza de adherencia entre el agua y el cristal es incluso mayor que las fuerzas de cohesión interna. Tanto es así que incluso el agua puede subir un poco por las paredes de un recipiente de cristal, lo podéis ver en los vasos llenos de agua. Este efecto es mayor en recipientes pequeños, lo que se conoce como capilaridad, pero eso es otra historia.

El caso es que como la fuerza de adherencia entre el agua y el cristal es tan grande, incluso puede llegar a soportar el peso de una gota pequeña. La fuerza total de adherencia con entre el líquido y el vidrio será proporcional a la superficie de contacto. Hay que tener en cuenta que si se duplica el radio de una gota semi-esférica, la superficie de contacto se multiplica por cuatro (dos al cuadrado), pero el volumen de la misma – y por tanto su peso – se multiplica por ocho (dos al cubo). Es decir, el peso aumenta más rápido que la superficie de contacto.

Como consecuencia de lo anterior, la fuerza de adherencia puede llegar a compensar el peso de una gota pequeña. Pero si la gota crece, su peso aumentará más rápido que la fuerza de sustentación, por lo que la gota caerá. Es algo que hemos visto todos en nuestras ventanas los días de lluvia. Se van formando miles de gotitas, hasta que una crece demasiado y empieza a deslizarse poco a poco. Al hacerlo, fagocita otras gotas, de forma que crece aún más, por lo que empieza a deslizarse más y más rápido.

Recapitulando, la tensión superficial tiende a mantener la gota cohesionada, formando una semi-esfera sobre la superficie del cristal. La fuerza de adherencia con el mismo hace que las gotas no se deslicen hacia abajo por si solas. Por lo tanto, al limpiar el coche suelen quedar multitud de pequeñas gotas a lo largo y ancho de las superficies acristaladas. Estas gotas después absorberán toda la suciedad que haya en suspensión en el aire, dejándola sobre el vidrio al evaporarse.

Así que ya sabemos porqué esos señores nos esperaban con su espléndida bayeta a la salida del túnel de lavado. Hoy en día ya no hay muchos, al menos en los pocos a los que he ido yo. Además, muchos limpiamos los coches nosotros mismos en las típicas máquinas a monedas. En ese caso, nunca está de más usar los típicos trapos de papel desechables (o, incluso mejor, trapos de tela reutilizables) para ayudar a secar los diferentes cristales. Sobre todo los retrovisores, donde el agua se evaporará mucho más lentamente debido a que quedan protegidos de las corrientes de que se forman al avanzar.

En Circula seguro | Tela de agua
Fotos | Castanias, Visualpanic, Rodrigo Gianesi

  • Josep Camós

    El problema de visibilidad que conllevan unas gotas mal secadas puede ser impresionante si en un momento dado nos da el sol en los cristales. Incluso secándolas, dependiendo de con qué lo hayamos hecho, pueden quedarnos rastros que nos dificulten la visión.

    A veces me hace gracia pensar en lo cuidadosos que solemos ser al limpiar unas gafas (“porque si no, es que no veo ná”) y lo descuidados que somos con los cristales del vehículo.

  • El secado de la luna es importantiiiiisimo, como dice el compañero de arriba, si te da el sol de pleno puede darte problemas.