Indignado por la Gumball 3000

Explosión

Últimamente soplan vientos de indigación motivados por la impotencia de ver cómo se ensancha la brecha que separa a los más poderosos de la gente que apenas sabe cómo va a llegar a fin de mes. Y esto que digo, que bien podría encabezar un artículo sobre las acampadas de nuestras ciudades, puede llevarse también, cómo no, al terreno de la seguridad vial.

Todos habréis oído hablar de la Gumball 3000, una carrera no declarada como tal en la que gente con altísimo poder adquisitivo paga un dineral por recorrerse 3.000 millas a través de las vías públicas de varios países. En esta ocasión, el trazado une Londres y Estambul haciendo parada y fonda en ciudades como París o Barcelona, por las que acaban de pasar. Y aunque se supone que no es una competición, raro es el año que no hay excesos de velocidad y situaciones de riesgo para los conductores que se topan en las autopistas con esta panda de pijogarrulos con ínfulas de semidioses.

Alguien podría pensar que son libres de hacer con su dinero lo que les venga en gana y que, si pasan de las leyes relativas a la circulación, ya se encargará la Policía de intervenir, ¿verdad?

En realidad, el problema de la sanción se lo sacuden de encima con una sonrisa condescendiente, pagan en el acto y a correr, como quien pasa por un peaje más de los muchos que tenemos por aquí. Les requisan el permiso de conducir y ellos siguen, como quien oye llover. Caso distinto fue el del año 2007, cuando en mitad del supuesto rally, allá por Macedonia, uno de los participantes que viajaba a 160 km/h se llevó por delante a un matrimonio que iba en un Volkswage Golf. El vídeo que mostraba las consecuencias de aquella barbaridad dio la vuelta al mundo:

Así pues, ya tenemos un elemento más que valorar. Ya no es la multa que les pueda o no caer y la desfachatez con que se despachan en cada país que tiene la desgracia de albergarlos. Es que se la van jugando y van jugando con cualquiera de nosotros.

Pero hay más. A 160 km/h iba el que mató a aquel matrimonio, aunque según algunos superaba los 200. Tanto da. Mientras a estos se les permite (porque se les permite) que vayan a pedal pisado, a los ciudadanos de a pie nos explican con la ayuda de Epi y Blas (donde Epi es Sebastián y Blas, Navarro) que yendo a 110 km/h ahorramos que es un gusto, bajamos la contaminación y además somos todos mucho más felices porque nos matamos menos.

Gasolinera

“No somos tontos”, titulaban de forma airada un breve los editores de la revista Tráfico y Seguridad Vial al hablar de las críticas generalizadas que había recibido la medida de los 110 km/h. No, desde luego: para nuestros representantes públicos los tontos somos todos nosotros, los conductores, los ciudadanos, los contribuyentes, a los que toman el pelo como quieren y cuando quieren.

No se me malinterprete, que yo no soy de pisarle. O sí, dependiendo de las circunstancias, pero no es eso lo relevante. Lo que me molesta no es que nos recorten velocidades ni que nos digan que vayamos con cuidado, que estamos en el buen camino, que tenemos que hacer un esfuerzo por controlar nuestra siniestralidad vial. Eso de que nos traten como a tontos ya lo tengo yo asumido, así que realmente no me molesta.

Lo que de verdad me indigna es que estemos todos haciendo un esfuerzo por respetar las normas del juego y por no enviar al cuerno a esos que nos tratan como idiotas, esos que a la mínima que te pasas ya te hacen sentir como un delincuente, mientras que luego vienen estos señores de la Dumball…, perdón, Gumball 3000 y a golpe de talonario insultan a la inteligencia de toda una sociedad. ¿Que la velocidad mata? ¡Anda, ya! Lo que mata es no tener dinero para pagar la multa y llegar a fin de mes.

Mossos d'Esquadra junto a un participante de la Gumball 3000Mossos d’Esquadra junto a un participante de la Gumball 3000

Para muestra, el botón de la indignación: que haya funcionarios dispuestos a reírles las gracias a estos individuos es, como mínimo, preocupante. Oye, que en la vida me he encontrado yo con un mosso d’esquadra que me sonriera al hacerme pasar al arcén para pedirme la documentación. Pero, claro, yo no llevo un Veyron ni más de 20 euros en la cartera. Para que luego digan que la literatura del Siglo de Oro no es actual: “Poderoso caballero es don Dinero”. Y el nuestro, un país de pandereta.

Si de verdad esto es un espectáculo, que lo sea. Que corten calles y plazas, autopistas y autovías, que lo llenen todo de vallas y que pasen los de la Gumball 3000 pisándole a fondo. Un espectáculo de Motor como otro cualquiera que seguro contará con la asistencia de todos los amantes de los buenos vehículos, que un poco más de pan y circo ya no nos viene de aquí. Eso sí, que no nos maten por el camino, que los hay que tenemos que ir a trabajar mientras conservemos el puesto.

Foto | Javier Costas, LandesGumball
Vídeo | MadWhips