Es muy caro hacer las cosas mal al volante

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Cuando viajo me fijo mucho en los coches de mi alrededor, y en qué hacen sus conductores, en cómo se comportan al volante. Veo de todo, como está claro para cualquiera que haga una cierta cantidad de kilómetros con cierta frecuencia. Lo que más veo es prisa, y también “hacerse el bueno” cuando se pasa por una zona de radar conocido (sí, levantar el pie hasta que circulan a menos de 110 km/h, para luego acelerar y volver a su velocidad de crucero habitual). En el último viaje que hice me pregunté por qué la gente se esfuerza en apurar al máximo las normas, el tiempo y el espacio, si lo que realmente sale barato es circular con calma, con tiempo, y sin arriesgar lo más mínimo. Como hoy es mi cumpleaños, me siento más filosófico de lo normal.

Podemos hacer una comparativa, si queréis, sobre lo caro que sale hacer el primo por las carreteras. Perdonad que sea tan directo, pero a veces veo comportamientos inexplicables que me sacan de mis casillas. Por ejemplo, el ya mencionado caso del conductor bueno que pasa por delante de un radar a 110 km/h, que es un caso similar al efecto Safety Car que se ve favorecido por los coches de la Benemérita que circulan por las carreteras españolas. Suelen hacerlo a menos velocidad de la máxima, y es muy curioso ver cómo muchos conductores se hacen los remolones a la hora de adelantar a la autoridad. ¡Curioso que entonces no existe la prisa!

Es muy caro cambiar de ritmo constantemente en la carretera, casi lo que más se nota. Se gasta más combustible, se gastan frenos innecesariamente. Debería ser muy, muy, pero que muy raro, tener que frenar en ruta en la autovía. Incluso en los peajes tienes un kilómetro para reducir la velocidad de forma natural sin pisar el freno hasta casi el final. Esto no lo puedo demostrar, pero es que además se pierde mucho tiempo, y uno se cansa más.

Yo me he encontrado con “colegas” de la carretera que me adelantan a altas velocidades, para luego encontrármelos sin ritmo, a 110 o a 100, para que luego me vuelvan a adelantar… y total, recorremos a lo mejor 10 km en el mismo tiempo, solo que uno a su ritmo constante, y el otro acelerando, frenando, y de propina haciendo maniobras innecesarias como, por ejemplo, el adelantamiento. Pasa que normalmente, si no hay retenciones o tráfico demasiado denso (e incómodo), suelo acertar por pocos minutos el momento en que llego a mi destino: a 120 km/h hago dos kilómetros por minuto, así que aproximadamente… ¿se entiende?

Cuanto más riesgo asumimos en la carretera, más gastamos

El riesgo es mayor cuanto más irregulares somos en la carretera. El no anticiparnos a las situaciones que se producen o se pueden producir (de ahí el concepto “anticiparse”) implica que deberemos reaccionar a sucesos para los que, esto es evidente, no estamos preparados. Si los hubiésemos anticipado estaríamos preparados. Digo todo esto de forma muy elaborada para decir que es tan, pero tan sencillo anticiparse a la mayoría de las típicas situaciones de carretera, que a veces no entiendo cómo no se practica más.

Será una intuición, será que se ve en las formas de la conducción de algunos, pero uno sabe perfectamente cuándo va a comenzar un adelantamiento un coche que nos “persigue” desde hace kilómetros: cuando nos acercamos a un camión o autobús, y lo vamos a iniciar nosotros. En ese momento se enciende un chip, y es imperioso adelantar a ambos vehículos: al camión y a mi antes. Situaciones así se pueden solucionar fácilmente si, como es lógico, adelanta primero el que va primero, y luego el que va segundo. Más que una cuestión de circulación, es una cuestión de educación, ¿verdad?

Ese breve impass no hace que me olvide de lo caro que sale asumir un riesgo de más. Posiblemente si vamos más rápido, adelantamos más, achuchamos más al de delante para que nos deje pasar… si hacemos un stop a medias porque no vale la pena detenerse, si “intuimos” un ceda el paso y ni siquiera reducimos porque “se ve de sobra”… seguro que llegamos antes. Cuánto, pues no lo se, puede que 5 ó 10 minutos, puede que 20 minutos. No creo que nadie se ahorre media hora en un viaje de 300 o 400 km con respecto a otro.

Esos 10 o 20 minutos que te ahorras, se convierten en más consumo de combustible, más desgaste en el coche, más estrés y, a lo mejor, en un siniestro total por cualquiera de las razones o situaciones que comentamos. ¿Sale caro o no? ¿Vale la pena asumir el riesgo?

  • No soy psicólogo pero a lo mejor comportamientos así a veces son por descargar adrenalina, otras veces por saltarnos la ley, otras veces porque vamos cabreados, otras veces porque estamos acostumbrados a conducir así, etc.
    La verdad es que yo creo que el ir más rápido, saltarse semáforos (etc) crea un falso efecto psicológico de que se ahorra mucho tiempo (a mí me pasa a veces).

    Un abrazo
    (Observador de la Seguridad Vial)

  • Jose manuel

    Un análisis muy certero y adecuado el tuyo, pero creo que has pecado de excesiva benevolencia, al tener en cuenta solo a “algunos” al referirte a su forma de conducción, porque si en realidad se hiciera una criba exhaustiva, la M40 no volvía a tener un atasco, y el resto de carreteras serían desiertos en los que sería un verdadero placer poder disfrutar de los viajes, incluso para mi que hace años perdí ese juvenil entusiasmo que todos tenemos al estrenar nuestro carnet, por conducir. Cuando mencionas la maniobra de adelantamiento del coche de detrás al ir tu tras un camión. me he sentido totalmente identificado, pues tenía que sufrirlo a menudo, y cosas mucho peores, como por ejemplo circulando con tu camión tolerar al típico dominguero que va a 80 por hora, al que acabas alcanzando, pues uno está trabajando y con el camión vas a 90, y al querer adelantarlo como por arte de magia despierta de su letargo, y te deja con cara de tonto, maldiciendo a la primera generación de la madre que le parió. Y lo peor es que una vez que vuelves a tu posición inicial, el elemento vuelve a reducir la velocidad con lo que te obliga a frenar y te hace ir más despacio, con la consiguiente perdida de tiempo que en el transporte es tan dañina, y en ese momento te entran unas ganas locas de convertir el montón de chatarra que conduce en una “decorativa” pegatina sobre el asfalto, ya que el muy imbecil, piensa que en una de esas ingeniosas “machadas” tus frenos van a responder después de 600 kilómetros, con 24 toneladas en el trayler, y habiendo bajado Somosierra, con lo cual el “almuerzo” del camión está servido, y ese era el pan de cada día todos los días al bajar a Madrid. Así que puedes hacerte una idea de como acabé con los nervios, y el día que dejé de subirme a un camión fué como volver a nacer.

    • Gracias por tu comentario José Manuel, muchas veces pensamos solo desde el punto de vista de conductores de turismo, pero es verdad que en el camión también tendréis que soportar lo vuestro. De hecho, como en todos los colectivos, también cocerán habas, pero desde aquí todo el respeto por una profesión dura y poco comprendida en general.

    • Escargot

      Que sepas, José Manuel, que no es nada personal contra ti. El que va empanado mirando el paisaje se lo hace al camión, al coche, al autobús y a quien haga falta. Pero sí, con el tute que llevan los camiones el roto que os hacen es mayor que a un coche.

      Cuánta gente metería yo en la cárcel…