¿Es la siniestralidad la contrapartida de la movilidad?

Colisión por salida de ví­a

A menudo se comenta que la elevada siniestralidad vial no es más que el precio que debemos pagar por disfrutar de una movilidad ágil y personalizada que queda al alcance de prácticamente cualquier bolsillo. Cosas de los tiempos que nos ha tocado vivir. Después de todo, los llamados “accidentes de tráfico” no son más que unos sucesos aislados que o bien les ocurren a los demás o bien nos tocan porque nos tienen que tocar. Porque, en el fondo, es una cuestión de suerte.

Es obvio que esta es una visión que, aunque sesgada, se halla en el imaginario colectivo. ¿Por qué?

El valor de la vida es incalculable y por eso una sola muerte, sobre todo cuando se produce de forma violenta, es una tragedia. Aceptando esto como principio, sería lógico pensar que el peso de una tragedia debería ser mayor cuando mayor fuera el número de personas implicadas en ella.

Pero esto no siempre es así. Con las cifras en la mano, vemos que hay poca relación entre el número de afectados en cada tipo de tragedia y la repercusión que estos acontecimientos alcanzan en la sociedad. Dicho de otra forma: utilizamos una doble vara de medir a la hora de evaluar las muertes violentas.

Mortalidad en España. Datos: DGT

Dejando de lado el lamento que se da tras la pérdida de una vida de forma violenta, resulta evidente que existe una gran desproporción entre el número de personas fallecidas por las principales causas de muerte en España y la importancia social que se da a cada una de esas circunstancias.

En la era de la información hablar de la sociedad es hablar de los mensajes que se difunden a través de los medios de comunicación. A diferencia de lo que ocurre con el tratamiento que se da a algunas muertes violentas, donde llegaremos a conocer hasta el más ínfimo detalle de cuanto rodeó a la víctima en sus últimas horas de vida, en el caso de las muertes por tráfico, rara vez se ahonda en el detalle, nos quedamos como mucho con la cifra del fin de semana y a otra cosa, mariposa. Se habla de víctimas de tráfico como un conjunto y no de las diferentes personas, con sus nombres y sus historias particulares.

Por otra parte, la muerte por tráfico se percibe como una muerte fortuita, fruto de la casualidad, carente de cualquier intencionalidad. Tanto es así que la palabra que más comúnmente empleamos para referirnos a esta lacra de la sociedad es accidente, como si los fallecidos de la carretera lo fueran por causas sólo imputables al azar.

Este tratamiento de la información referente a la siniestralidad en carretera cala en la sociedad en forma de idea perversa: los accidentes de tráfico son algo inevitable, inherentes a la movilidad y constituyen el precio que debemos pagar por el progreso de la sociedad.

¿Progreso? ¿Qué progreso social es aquel que contempla la pérdida de los individuos más jóvenes de un país? 18.000 jóvenes en la última década nos han ido dejando sobre el asfalto. Admitir que la accidentalidad es algo inevitable constituye el primer paso hacia el conformismo que da por buenos 4.104 cadáveres en un año.

Otra visión igualmente tergiversadora descarga sobre ciertos elementos inanimados la explicación a la elevada siniestralidad vial. Dice la Ley que es conductor la persona que maneja el mecanismo de dirección o va al mando de un vehículo y que debe estar en todo momento en condiciones de controlarlo.

“Fue culpa de la carretera” o “el coche se me fue” son excusas de quien se manifiesta incapaz de admitir su fracaso como conductor. Pensar que no es el conductor quien lleva el vehículo sino el vehículo quien lleva al conductor es comprar series enteras de la lotería del batacazo. Y las consecuencias de un siniestro vial pueden ser lo suficientemente graves como para tomarse este asunto muy en serio.

Cuando cambie el discurso de los medios comenzará a cambiar la sociedad. En este sentido, no sólo los medios supuestamente informativos son responsables de la imagen que se tiene de la siniestralidad vial. También la publicidad declarada como tal contribuye a crear alrededor del automóvil un halo de felicidad y seguridad que se rompe cuando el conductor cae en el exceso de confianza y pasa a ser un número más.

Vía | DGT

En Circula seguro | Los muertos en la carretera también tienen nombre y una historia detrás

  • Creo que el número de víctimas por accidentes de tráfico, es inaceptablemente alto. La gran mayoría son muertes evitables y debemos concienciarnos de ello.

    No puede minimizarse la importancia de esto, por lo que se debe seguir trabajando en la concienciación de los conductores y usuarios de las redes viales españolas.

    Cómo bien comentais, la publicidad en los medios proclive a seguir la idea de coches rápidos, coches potentes y coches seguros. Cuándo la realidad evidencia que sólo la responsabilidad, concentración y pericia al volante del conductor puede ayudar a reducir el número de víctimas de accidente.

    Un saludo, y felicitaciones por el artículo.