En verano, se ingiere el mismo alcohol pero se persigue menos

Alcohol

Sin intención de ser repetitivo en un tema que ya hace un par de meses que nos acercó nuestro compañero Esteban y en el que quedaba de manifiesto la increíble cifra que revelaba que un 15% de los conductores consumen alcohol antes de conducir, no puede dejar de sorprenderme la falta de, digamos perseverancia en verano por parte de la DGT en recordar a los conductores que al volante, nada de alcohol.

Y es que los controles especiales de alcoholemia se multiplican como setas en épocas navideñas pero por el verano, parece que no son tan importantes. Se hacen esfuerzos en controlar neumáticos, documentación, velocidad… pero nos olvidamos de lo que bebemos. ¿O es que con el calor lo hacemos menos? Pues no, me temo que no, se bebe igual pero lo que es peor, combinado con un mayor número de desplazamientos, con el consiguiente aumento de peligro.

Por ello quiero diferenciar dos tipos de conductores, el de diario y el de viaje. El primero, a media mañana, se toma su café con un chorrito de coñac, orujo o lo que sea (pingarates que decimos en Asturias), o si hace mucho calor, una cerveza (o dos). Luego, a la hora de comer, lo hace con vino, por supuesto, para terminar con un cafe con un buen chupito, que no va a faltar en la mesa. E incluso a media tarde, antes de acabar la jornada laboral, si tiene tiempo, puede que caiga otra cervecita, que nunca viene mal para refrescar el gaznate.

Entre medias, irá y vendrá en su coche haciendo los recorridos diarios para ir y venir a trabajar o los que tenga que hacer para desarrollar la propia actividad. Pero lógicamente, lo hace todos los días, y él controla. Por ese poco que bebe, no lo van a pillar. Y hombre, malo será el día que toca comida de empresa y nos excedemos un poco… pero mira que estoy todo el día tirado en la carretera, y nunca he visto un control de alcoholemia a las tres de la tarde a la entrada de un polígono, por ejemplo.

Y luego tenemos el segundo espécimen de la jungla, el del tinto de verano para comer (pero el de verdad, el casero, el hecho en casa, nada de esas niñatadas que se compran en los supermercados sin alcohol). El de la cervecita refrescante, una, dos, tres, cuatro y las que caigan, que cuanto aprieta el calor, es lo mejor. Y luego, toda la familia al coche, de regreso a casa desde la playa. Vaya, aquí tampoco he visto excesivos controles, pero si latas y latas de bebida que no casan con la conducción atiborrando las papeleras.

Foto | Letsgoeverywhere