El truco definitivo para no dar positivo por alcoholemia

11064883376_6771bd6c4a_b
¿Por qué dedicar un artículo a la mejor manera de no dar positivo en un control de alcoholemia? La respuesta es sencilla: muchos conductores siguen dando positivo por alcoholemia en nuestro país, y a pesar de que sí es notable la reducción de casos y la mayor conciencia social sobre el tema, seguimos conociendo casos con conductores de todas las edades. Y muchos de ellos siguen practicando trucos inservibles, mitos populares, para tratar de enmascarar que han bebido y escapar de una multa.

El único y genuino truco infalible para no dar positivo por alcoholemia es no beber alcohol. Es tan sencillo que pasa desapercibidos para algunos. Se escudarán en que “no es para tanto”, “yo controlo”, “es una medida solo para recaudar” y se olvidarán de los efectos perniciosos del alcohol no solo para la salud (que también), sino para los reflejos y nuestras aptitudes al volante. Olvidarán que el alcohol adormece los sentidos y el físico, reduce nuestra capacidad de reacción, nos hace sentir una falsa seguridad y nos lleva a cometer imprudencias. Y no es necesario “dar positivo” para tener esos efectos adversos.

El alcohol tiene una componente social y por eso es tan difícil terminar con él

La culpa no es del alcohol, sino nuestra. Conducir es incompatible con el consumo de alcohol por muchas y muy detalladas razones. Por otro lado, el alcohol forma parte de muchas reuniones sociales y en momentos de ocio, con lo cual estamos en una situación que no nos permite conducir. Es necesario estar concienciados en relación a qué parte juega el alcohol en nuestras vidas, y si queremos, o podemos ponerle coto.

Salir a comer fuera implica en muchas ocasiones tener que conducir nuestro coche para llegar al lugar elegido, y si comemos con vino, tendremos que saber cuándo estamos en condiciones para regresar a casa al volante. Eso, o bien debemos optar por no beber vino en la comida. Muchos de nosotros coincidiremos que, en el caso de abstenernos del vino por la razón indicada, la comida puede resultar diferente. No obstante, una copa de vino en la comida nos puede hacer disfrutar mucho, y basta saber que si hemos de conducir un par de horas más tarde, los efectos de esa copa de vino probablemente habrán desaparecido (recalco especialmente que hablamos de una copa de vino).

Lo que no debemos plantearnos es beber más cantidad de alcohol y pretender conducir alegando que “nos sentimos perfectos para ello”. Con el alcohol, la subjetividad no importa. Podemos creer que estamos perfectos, pero que la realidad sea totalmente diferente. Por supuesto, estos trucos para engañar a los agentes son, por encima de todo, ridículos:

  • Beber mucha agua, no sirve de nada. No acorta tiempos para la eliminación del alcohol en sangre.
  • Masticar algo que “absorba” el alcohol. Lo hará solo del alcohol en la boca, no del que ya hemos absorbido.
  • Hacer esfuerzo físico intenso antes del control,… no sirve de mucho tampoco. Solo para cansarnos y para respirar agitados, quizás para sudar, pero no es nada milagroso para reducir la alcoholemia.
  • Vomitar. Con eso se elimina el alcohol del estómago, con lo que no se incrementa el nivel de alcohol en sangre, pero de igual manera, no se disminuye el presente.
  • Soplar despacio no sirve de nada, porque el alcoholímetro hará una medición correcta si se sopla correctamente. Si no, lo que sucede es que ha de repetirse la prueba… hasta que sea correcta.
  • Beber aceite de oliva, es inútil y además bastante desagradable.
  • Chupar baterías de litio no solo es inútil, sino que no es lo más normal que se te puede ocurrir hacer.

Existen mil recetas para “burlar” los controles. No funcionan. Tan solo te estás engañando a ti mismo, porque si has bebido alcohol, y está en la sangre, debes esperar a que tu cuerpo lo elimine en el tiempo que le haga falta. Por eso sigue estando vigente aquélla frase tan de nuestra niñez: “Si bebes, no conduzcas”.

Foto | James Palinsad