El objetivo de Europa es reducir niveles de CO2, pero no a costa de destruir puestos de trabajo

Manifestacion por despidos en Seat. Barcelona, Marzo 2006

A menudo hablamos de la necesidad de introducir las mejoras necesarias para reducir los gases susceptibles de contribuir al cambio climático. En ese sentido, la UE exige que los nuevos automóviles emitan un máximo de 130 gramos de CO2 por kilómetro recorrido. Y es que el automóvil es el responsable del 83% de las emisiones de CO2 procedentes del transporte, que a su vez genera el 25% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.

Por su parte, los fabricantes se comprometen a conseguir rebajar las emisiones hasta los 135 gramos en 2015 si les acompañan otros factores, como la mejora de vías, combustibles y formación de los conductores. Sin embargo, conseguir este objetivo medioambiental supondrá para las empresas cuantiosos esfuerzos económicos, que fácilmente podrían derivar en recortes de plantillas y cierres de fabricas auxiliares.

La industria del automóvil mueve en Europa 12 millones de puestos de trabajo. Su actividad supone el 3% del PIB europeo. Una crisis en el sector podría arrastrar la economía de media Europa. Por este motivo, la UE creará un observatorio que garantizará una reestructuración del sector “socialmente responsable”. La idea es analizar cómo se afrontan los cambios sin caer en los despidos y cierres masivos.

El observatorio estará integrado por la Comisión Europea, los diferentes gobiernos, las empresas, las organizaciones sindicales y los órganos de gestión de las regiones europeas. Entre sus funciones también estará la optimización de los fondos económicos destinados a la reestructuracion del sector, entre ellos el Fondo Social Europeo y el Fondo Europeo de Ajuste a la Mundialización.

¿Hasta qué punto este observatorio servirá para evitar la crisis económica? El tiempo lo dirá. De entrada, la denominación “observatorio” suena a organismo analítico sin más pretensiones que contar lo que sucede. Esperemos que las exigencias de Bruselas sobre la reducción de CO2 sirvan como horizonte para el cambio sin que se resientan los bolsillos de quienes trabajan en el automóvil. Entre otras cosas, porque después de esos primeros afectados iríamos el resto de elementos de la cadena económica.

Vía | Revista Consumer

Foto | Antonio Aranda