El Jefe de la Policía Local de Mataró pierde el permiso de conducir por circular bebido

Joan Francesc Giménez CernudaEl pasado 15 de enero, la Guàrdia Urbana de Barcelona detuvo al jefe de la Policía Local de Mataró para practicarle una prueba de alcoholemia. El agente, que se encontraba fuera de servicio, circulaba con una tasa de alcoholemia de 0,71 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. El suceso se ha saldado con una retirada de permiso durante 8 meses, 480 euros de multa y 21 días de trabajo en servicios a la comunidad. El Ayuntamiento de Mataró ha rehusado comentar el asunto y abrirá una investigación para esclarecer los hechos (traducción: les ha pillado a contrapié).

Un conductor profesional no puede pasar de 0,15 miligramos de alcohol por litro de aire espirado cuando se encuentra de servicio. En su tiempo libre es otra cosa, pero ciertamente chirría que un agente de la autoridad se dedique a circular con unas copas de más. Es la historia del cazador cazado.

¿Qué autoridad moral le queda al responsable de un cuerpo de vigilancia para defender que el alcohol es incompatible con la conducción? Más bien poca, porque con sus actos demuestra que mientras está de servicio piensa una cosa y cuando cuelga la gorra y la pistola sale a relucir lo que quizá sea su verdadera personalidad. No es que la mujer del César no sólo deba ser honrada, sino parecerlo. Es que cuando una persona se dedica a una labor como esta debe ser coherente. Y si no, siempre nos queda el recurso de cantar aquello de “Manolete, Manolete, si no sabes torear, ¿pa qué te metes?”

De todas maneras, sería muy fácil tomar el caso del jefe de la Policía Local de Mataró y explotar al agente como chivo expiatorio de los pecados que más de uno comete. Va un ejemplo. El régimen de la Guardia Civil castiga como falta disciplinaria grave dar una tasa de alcoholemia superior a la permitida estando de servicio. Que un reglamento recoja esta posibilidad es indicativo de que hay actitudes que conviene controlar porque de lo contrario tienden a generalizarse y al final se salen de madre. En otras palabras: el asunto que tratamos hoy no se puede considerar una excepción.

Desengañémonos: vivimos en un país donde el alcohol es un miembro más de la comunidad. Erradicarlo de la conducción va a costar un gran esfuerzo. El de Mataró no va a ser el último caso que vean nuestros ojos. Tiene cierto regusto a escarmiento ejemplar para que la plebe lo vea y lo disfrute, pero no va a ser el último caso. Ni mucho menos.

Vía | La Vanguardia

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