El eterno problema de la señalización oculta

Intersección entre Mandri y Passeig de la Bonanova, en Barcelona

Vamos a jugar a un juego con el que me distraigo yo de vez en cuando mientras trabajo. Se trata de una adivinanza basada en la observación que suelo plantear a mis alumnos para ver si están por lo que tienen que estar dentro de un coche, y cuyo planteamiento dice así:

En la próxima intersección, ¿quién tiene prioridad y por qué?

Aquellos que saben observar a su alrededor dan en el clavo. Otros sólo reaccionan cuando les freno en seco y despiertan de su atolondramiento, y luego están aquellos que directamente no pueden jugar a adivinar nada de lo que tienen enfrente porque en un ejemplo como el de arriba sienten que no hay mucho para ver, y entonces responden:

Si no hay señalización, rige la norma general de prioridad de la derecha.

Craso error. Frenazo, en el mejor de los casos.

Hacía días que quería tratar el eterno problema de la señalización oculta, y unas fotos que me ha hecho por encargo mi amigo Ray (un tipo estupendo, por cierto) me sirven de soporte para la explicación. Él ha captado esta escena en la que vemos un cruce entre dos concurridas vías de la ciudad de Barcelona: la calle Mandri y el Paseo de la Bonanova.

Son calles que soportan una cantidad de vehículos poco despreciable, por lo que el tráfico debe regularse con precisión en aras de dar fluidez y seguridad a la circulación en aquella zona. Sin embargo, a unos 25 metros del punto de intersección entre ambas vías no es en absoluto sencillo detectar cómo está establecida la prioridad de paso, por lo que uno podría suponer que, Ley en mano, rige la norma general de prioridad de la derecha y por tanto podría pasar tranquilamente puesto que al girar hacia la derecha no tiene que ceder el paso a ningún otro vehículo. Extraño, que suceda algo así en una intersección como esta, pero en ausencia de señalización eso es lo que hay.

Claro, que la estampa tiene su truco. Tal y como decía Ramón de Campoamor en sus ‘Humoradas’,

En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira;

todo es según el color

del cristal con que se mira.

Y en este caso basta con alterar un poco el color de nuestro cristal, basta con alterar un poco nuestro punto de vista original, para darnos cuenta de que en este cruce hay un semáforo que, de cerca, queda oculto por la selva del asfalto, árboles incluidos. A unos 25 metros, si miramos hacia el cielo, veremos un semáforo, el único de los tres emplazados en la zona que en estos momentos queda visible, al menos hasta que le falle la bombilla. Esta foto está tomada apuntando con una inclinación de unos 45 grados, más o menos.

La pregunta es: ¿tan complicado tiene que ser divisar un semáforo? Está claro que un conductor tiene que saber observar la realidad que lo rodea a una cierta distancia (a una manzana, les indico yo a mis alumnos de forma orientativa), pero no es menos cierto que según el Reglamento General de la Circulación la señalización tiene “por misión advertir e informar a los usuarios de la vía u ordenar o reglamentar su comportamiento con la necesaria antelación de determinadas circunstancias de la vía o de la circulación”, y para que eso sea posible “corresponde al titular de la vía la responsabilidad de su mantenimiento en las mejores condiciones posibles de seguridad para la circulación y la instalación y conservación en ella de las adecuadas señales y marcas viales”.

Tras guardar en un oscuro cajón el Reglamento, si uno vuelve a la calle y se acerca aún más al semáforo, hasta quedar a unos cuatro o cinco metros de distancia, antes avistará los nidos que hayan formado los pajarillos de la ciudad que la luz que se encarga de dar seguridad a los conductores.

Semáforo oculto entre las ramas

Hombre, sí. Algo de luz roja queda entre el follaje del arbolito, pero estaremos todos de acuerdo en que no resulta fácil de ver, y menos cuando uno se halla a los mandos de un vehículo en movimiento.

¿Era conflictiva la situación original de las señales? ¿Acaso estamos ante un ejemplo de mal emplazamiento de la señalización en un cruce concurrido? De ninguna manera. Si uno busca este lugar de Barcelona en un servicio como Google Street View, se da cuenta de que, en condiciones más o menos normales, cuando pasó por la zona el coche que captura las imágenes, la señalización no presentaba ningún tipo de problema…

… hasta que a los árboles, oh sorpresa sorprendente, les comenzaron a crecer las ramas y las hojas y el semáforo quedó sepultado literalmente, con el agravante de que en el lado izquierdo de la calle se levantaron las protecciones de una obra tapando una de las réplicas de la señalización, una de las que se instalan por si falla el resto de las luces.

En resumidas cuentas, ocurre lo que tantas veces: falla el mantenimiento de la señalización porque no se revisa con una frecuencia suficiente que las señales cumplan con su misión. Si hay árboles en las proximidades de la calzada, porque las hojas lo tapan todo, y si hay obras, porque no se realiza una revisión exhaustiva del entorno desde el punto de vista de la seguridad vial, y a este ejemplo, uno de tantos que encuentra cualquiera que circule con dos ojos en la cara, me remito.

¿Tanto cuesta que los titulares de las vías tengan una cierta previsión sobre este tipo de problemas?

Foto | Ray Targa, Google Street View
Animación | Josep Camós
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