El autostop, sus riesgos y sus ventajas

Autoestopistas en Rusia
El autostop, ¿a quién no le suena la figura de una persona joven con un cartel, pintado el destino al que quiere llegar, o en la dirección hacia la que quiere ir, esperando ser recogido en los más variopintos lugares? El autostop, o viajar “a dedo” es una práctica tan antigua como anacrónica (para mí, porque lo cierto es que sigue en auge y, parece, cada vez más), en unos tiempos en los que el coche compartido gana enteros, y a la vez gana por goleada a una práctica tan gratuita como repleta de riesgos.

No vamos a ser agoreros diciendo la verdad, que es que practicar autostop conlleva un cierto riesgo, tanto para quien recoge desconocidos, como para quien lo solicita. Existen muchos relatos de terror con autoestopistas de por medio, e incluso tenemos a la chica de la curva, una escalofriante y falsa historia que nos habla de una autoestopista que, en el fondo, no es más que una chica que nos quiere contar sus cosas. Volviendo a la realidad, por desgracia, hay veces en que practicar el autostop no es la mejor idea que podemos tener. Y recoger autoestopistas, tampoco tiene por qué ser la mejor idea.

No estamos aquí para hablar de cuentos de miedo, ni para “malmeter” diciendo que todos los autoestopistas son X, o que “hay muchos pervertidos con coche”. Lo lógico es pensar que ya hay que tener mala suerte para que pase algo, sobre todo sabiendo que el autostop es una práctica muy común en muchos países de Europa y del mundo.

Viajar de esta forma es costumbre para muchos mochileros, y de hecho existen “manuales” para las buenas prácticas de esta forma de viaje, con consejos muy valiosos y, por supuesto, con sentido común. No es tan fiero el león como lo pintan, y sí que es posible viajar de esta forma, en autostop, con sentido común y observando ciertas reglas. Lo que no es seguro es el “autostop de verbena”, supongo que no necesita demasiada explicación el término.

  1. Hacer autostop es un modo de viaje como otro cualquiera. Si ambos participantes (conductor y autoestopista) tienen buena voluntad para ello, no tiene por qué pasar nada extraño.
  2. Si bien es cierto que, en cierta medida, define un modo de vida, no hay que olvidar que hoy en día disponemos de muchas otras maneras de viajar muy barato, como puede ser el carpooling.
  3. Hacer autostop implica, igual que en la modalidad de carpooling, adaptarse a lo que el conductor en cierto modo espera: si no le gusta hablar, no hay que forzar la situación. Además, aunque suene raro, hay algunas normas que conviene asumir, como “las pintas”, y en la medida de lo posible, “los olores corporales”. La higiene, vamos.
  4. La recomendación que hacemos nosotros es no hacer autostop. Sobre todo, y aunque parezca tópico (y espero que no parezca machista), no lo recomendaría a las chicas solas. Y no lo recomiendo porque tenemos tristes historiales en España, y esa es la verdadera desgracia. En general no se lo recomiendo a nadie, pero si lo hacemos, que sea con todas las precauciones a nuestro alcance.
  5. Las recomendaciones para hacer autostop incluyen dejarse ver bien, posicionándonos en zonas con buena visibilidad, y con espacio suficiente para que quien quiera recogernos, pueda parar con comodidad y con seguridad. Existen muchos consejos al respecto en sitios como The Crazy Travel (está en español).

El sentido común siempre debe primar en esto. Es decir, una persona que haga autostop no debería subirse si el conductor o lo que vea en el coche no le inspira confianza, por muy goloso que sea el hecho de que ya haya parado alguien, y de la misma forma, un conductor puede pensárselo mejor si, en el momento de parar, ve algo extraño. Lo que sea.

Como en el caso del slugging, del que hablábamos hace ya unos años, existen normas de facto que todos debemos cumplir, y por supuesto, debemos llevar amaestrado el sentido común.

Foto | Christiaan Triebert