De vuelta con la educación vial: ¿qué aprenden nuestros hijos?

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La siniestralidad en las zonas escolares viene, como consecuencia, del incumplimiento sistemático de las normas básicas sobre educación y seguridad vial. De ahí, que para empezar a preocuparnos por el repunte en las cifras de accidentes de tráfico habría que empezar primero desde la base, es decir, desde la educación vial infantil. Una conclusión de la Fiscalía General del Estado que nos dice en esta noticia y donde lamenta que, a estas alturas, la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) no se preocupe de una educación vial integral como medida para bajar la sinestralidad en nuestras calles y carreteras.

Ante la inexistencia de un debate que proponga medidas concretas para erradicar o, en su caso, disminuir el número de víctimas con ocasión del tráfico, Circula Seguro apuesta por una educación vial comprometida con la sociedad en general pero especialmente con nuestros más pequeños porque serán los próximos peatones y futuros conductores. Pero…, ¿dónde empieza la educación vial?, ¿damos ejemplo a nuestros hijos?

La prevención vial empieza con el civismo

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Peatones y ciclistas deben estar al tanto de las reformas del reglamento de circulación sobre formas de movilidad y utilización de los nuevos vehículos. El respeto al medio ambiente no debe estar reñido con una circulación fluida y segura. Paralelalamente, acompañar a nuestros hijos en coche y facilitarles que puedan bajar en la misma puerta del colegio no puede suponer: por un lado, el peligro de la escasa visibilidad que puedan tener nuestros pequeños mientras realizan el trayecto a pie y, por otro, participar en un embotellamiento que dificulte la circulación entre vehículos. Se trata, por tanto, de un espacio compartido por todos los usuarios y que parte de la convivencia y respeto por las normas que regulan nuestro modo de vida.

Un aprendizaje en la conducción que no esté enfocado en sus comienzos desde el civismo puede que a la larga haga más difícil la convivencia. Si además, con el paso del tiempo, resulta que es necesario convencer para aplicar los conocimientos adquiridos, no sólo de saber sino también de saber estar, puede que se den muestras de fracaso. Dicho de otra manera: no es lo mismo conducir que circular. Por eso, no podemos priorizar el aprobado sobre lo aprendido, no vale aprender sólo para aprobar un examen y menos aún cuando un error, a los mandos de cualquier vehículo, nos puede costar la vida.

¿Quién enseña seguridad vial?

Quien más sabe, hoy por hoy, sobre conducción y su aprendizaje son los profesores de formación vial. No sólo en la preparación de las clases teóricas sino también en las clases prácticas. Durante su habilitación y posterior visado de la DGT, tienen que superar, además de las mismas pruebas que se exigen para obtener el permiso de conducir, una fase de enseñanza a distancia y luego una fase presencial sobre: el manual del conductor, normativa sobre el aprendizaje de conducción y sobre los centros de formación de conductores, pedagogía y psicología aplicadas a la conducción, mecánica y entretenimiento simple de los automóviles, así como comportamiento y primeros auxilios en caso de accidente.

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En España, para obtener cualquier autorización que habilite para conducir, es necesario cumplir, entre los requisitos más importantes, la edad necesaria y resultar apto en las pruebas exigidas por la DGT. Una preparación que, en un principio, se puede hacer por libre para después contratar los servicios de un centro de conductores autorizado por la DGT, salvo que se disponga de un vehículo que reúna los mismos requisitos exigidos por la propia DGT. Un modelo de aprendizaje basado en la formación de futuros conductores sin conexión alguna con el sistema educativo actual y los valores sociales a la hora de sensibilizar a nuestro jóvenes sobre la siniestralidad vial.

¿Educación o formación?

Una sociedad sin una verdadera educación y formación vial desde la infancia, hoy por hoy, sería inviable dentro de una movilidad segura y comprometida con el resto de usuarios. La preparación y aplicación de los conocimientos adquiridos se realiza con anterioridad y durante la circulación. Posteriormente, la formación continua para estar al día sobre las novedades legislativas y un reciclaje sobre normas de comportamiento completaría el circuito del aprendizaje en la conducción. La educación vial basada en el ejemplo hacia nuestros hijos, en civismo y respeto a la norma, es aportar prevención y seguridad a nuestra propia vida. Primero, como peatones y después como conductores.

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No olvidemos, los agentes de socialización, la implicación de los responsables del menor en todos sus ámbitos: casa, colegio, excursiones, instituto, organismos oficiales, televisión, instituciones públicas, radio, televisión, etcétera… Todos tienen que velar por el buen funcionamiento y puesta en marcha de los conocimientos aprendidos para una conducción responsable. Por supuesto, el papel de los padres empieza desde el traslado del menor al colegio y su vuelta a casa, la atención permanente a la hora de cruzar una calle o un paso de peatones y modo de hacerlo, uso correcto de los dispositivos de seguridad, no aparcar en doble fila y salir del coche por el lado de la acera, son algunos consejos para llevar a cabo.

En definitiva, la seguridad vial infantil empieza dando ejemplo a nuestros hijos y aprendiendo, desde el colegio, a cumplir unas normas básicas de convivencia. Si nos preocupa que se resfríen cuando son pequeños, que tengan un suspenso en el curso escolar, ¿por qué no nos preocupamos por evitar que mañana se maten en la carretera?

Foto | Daniel, Sek GUATEMALA
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