Cruzar la calle

Mujer cruzando la calle

Desde bien pequeños aprendemos todo lo necesario para cruzar la calle y por dónde y con quién debemos hacerlo. Pero a medida que vamos creciendo se convierte en un ejercicio diario, casi rutinario, al que no prestamos la debida atención. Entre otras cosas porque el miedo y el condicionamiento de poder sufrir un accidente han ido desapareciendo con los años, a medida que hemos salido ilesos en cada cruce, muchas veces incluso en situación de riesgo.

Por eso es más necesario en la edad adulta y especialmente en la tercera edad, prestar atención a esto, por muy rebuscado, oportunista y ridículo que pueda parecer. A medida que pasa el tiempo y vamos ganando confianza nos olvidamos de las reglas básicas de comportamiento a la hora de atravesar la calzada y para colmo de males depositamos nuestra confianza en unos reflejos que merman con cada año que transcurre. Cruzar la calle, no es un juego de niños. Ni tampoco aprender a ello es sólo para niños.

La regla principal que hemos de transmitir a nuestros hijos es siempre izquierda-derecha-izquierda. ¿Pudiera ser derecha-izquierda-derecha? Pues bien, pudiera ser. Pero tiene más sentido hacerlo como en la primera fórmula. Los vehículos en España están obligados a circular por la parte derecha de la calzada. Eso supone que los vehículos se acerquen por nuestra izquierda en el primer carril que hemos de cruzar para atravesar una calle, y por eso miramos hacia ese lado. Luego hemos de cambiar la vista a la derecha, porque es el sentido en que llegarán los vehículos del segundo carril. Finalmente, ya viendo que no hay coches al acecho, es recomendable mirar una vez más a la izquierda, por si alguno se acercaba y no lo hemos visto antes.

También es conveniente tener presente que hay que lanzarse a la calzada con seguridad, pasando rápido pero sin llegar a correr, ya que un mal paso por causa de la velocidad puede dejarnos expuestos al tráfico. Mientras permanezcamos en la zona reservada al tráfico rodado hay que mover la cabeza constantemente para prevenir riesgos.

Si cuando cruzamos lo hacemos por un paso de cebra, sabemos que tenemos preferencia. Pero esa preferencia está supeditada a que cuando comencemos a cruzar no estemos poniendo en riesgo nuestra vida ni la de nadie, donde se incluye forzar a un frenazo de emergencia a algún conductor. Si vemos que un coche viene suficientemente lejos como para estar en disposición de detenerse y cedernos el paso, pero por sus movimientos no parece tener intención de hacerlo, aplicaremos la normal del contacto visual. Puede que no nos quiera dejar pasar, pero es su obligación y si está a una distancia suficiente no habrá problema… salvo que vaya distraído y no se haya percatado de nosotros. Para saber si conoce nuestra existencia o no miraremos a través del parabrisas directamente a sus ojos: si cruzamos las miradas significa que nos ha visto y en base a eso podemos decidir esperar y que el mal educado pase, o avanzar y hacer uso de esa preferencia que nos corresponde. En caso de duda es mejor esperar.

Hay que recordar que el campo de visión de un niño es inferior al de un adulto joven, por su estatura y porque sus globos ópticos aún están en proceso de desarrollo. A esto hay que añadirle que los niños pequeños, hasta llegada la pubertad, no son dados a girar la cabeza para mirar hacia los lados y emplean sólo el campo visual que les proporcionan sus movimientos oculares. Con respecto a los sonidos, hay que tener también cuidado. Un niño oye con más detalle que un adulto, pero su cerebro es incapaz de reconocer con seguridad de dónde viene la señal auditiva sin apoyarse en la visión. Por eso, el niño oirá el coche, pero no sabrá a ciencia cierta si se acerca por la derecha o por la izquierda.

Para enseñar a un niño, además de todo lo anterior, es importante acostumbrarle a diferenciar los sonidos: eso es una moto pequeña, aquello un autobús, un coche, una “moto de carreras”.

Con las personas mayores hay que tener casi el mismo cuidado que con los niños, excepto por una salvedad: su estatura por norma general permite que se aprecie su posición en la calzada aunque haya coches estacionados en las inmediaciones. Los ancianos han perdido su capacidad visual y sus reflejos, así que no podrán calcular con exactitud si el coche que se aproxima está lo suficientemente lejos o cerca como para que cruzar sea seguro. Además, la sensación de haber sabido sobrevivir a todo durante este tiempo les incita a adoptar posturas más imprudentes.

Tampoco el oído es cosa fina en quien pasa de cierta edad. Sabrá que vienen vehículos, pero necesitará, como el niño, apoyo visual para cerciorarse. No es que no sepan localizar la dirección del ruido, sino que tiene los reflejos tan mermados y oye tan poco, que en su interior reconoce tener las dudas que no le permite mostrar su orgullo. Además son personas que generalmente presentan una movilidad lenta y tosca.

En resumen, la forma segura y correcta de cruzar la calle, tengamos la edad que tengamos, se puede resumir en tres puntos:

  • Hacernos ver.
  • Mirar con el patrón izquierda-derecha-izquierda y no dejarlo hasta llegar al otro extremo de la calle.
  • Establecer contacto visual con el conductor.

Finalmente, no quisiera dejar pasar la ocasión para recordar a los conductores que no deben efectuar señas a quienes esperan cruzar la calle para informarles de que pueden hacerlo, ya que es posible que otro conductor no se haya percatado de ello y estemos ayudando a poner en peligro la vida de alguien. No es el caso, por ejemplo, de personas que realizan gestos al condutor para informarle de que siga, ya que no quieren o no esperan cruzar aún. En esa situación, como conductores, comprobaremos que nadie más está esperando o que quienes lo están haciendo muestran su acuerdo con la decisión del peatón que nos realiza las señas y continuaremos la marcha.

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