Con una copita no pasa nada… En estas Navidades, piénsatelo dos veces antes de conducir

Tras el puente de la Constitución se acerca la Navidad y con ella, las comidas y cenas de empresa. Unos días, anteriores a las fechas señaladas, donde comenzarán a llenarse los restaurantes con reservas de grupos de personas, dispuestas a compartir mesa y pasar un rato agradable. Un compromiso anual con las personas del entorno laboral y en donde se deja a un lado las preocupaciones habituales de la jornada de trabajo. Y no es para menos después de todo un año lleno de sacrificios y horarios. Seguro que dará lugar ese merecido brindis y ese llenado de copas para apostar por un año igual o mejor.

El problema vendrá después cuando, al salir del restaurante, tengamos que ponernos a los mandos del vehículo para volver a casa, habiendo bebido alcohol. ¿Cómo evitar esa situación?

¿De qué depende la tasa de alcohol?

La alcoholemia representa el volumen de alcohol que hay en la sangre y se mide en gramos de alcohol por cada litro de sangre o su equivalente en aire espirado. Los resultados obtenidos en los etilómetros actuales, ya sean manuales o evidenciales, los dan en miligramos. De acuerdo con el Reglamento General de Circulación, las tasas de alcoholemia permitidas para los conductores son las siguientes:

Conductores en general: 0,5 g/l en sangre equivalente a 0,25 mg/l en aire espirado

Noveles y profesionales: 0,3 g/l en sangre equivalente a 0,15mg/l en aire espirado

No obstante cualquier tasa de alcoholemia, por pequeña que sea, puede alterar fácilmente nuestra capacidad para conducir y, en consecuencia, incrementar el riesgo de sufrir un siniestro vial. Son muchos los factores que influyen sobre esta tasa tanto por la cantidad como por la hora a la que se toma. Puede ocurrir que la misma cantidad de alcohol bebida influya de distinta forma en dos personas.

Por otro lado, la rapidez de absorción del alcohol depende de la cantidad que llegue al estómago. Por ello, no es nada recomendable consumir alcohol sin haber comido nada. Aún así, son muy numerosas las variables que influyen sobre esta tasa. A modo de ejemplo, en el siguiente gráfico se pueden ver las tasas aproximadas para las bebidas más habituales, dependiendo de la cantidad, sexo y peso. Ante la duda, siempre es mejor no conducir sea cual sea la cantidad ingerida:

De color verde se muestran las estimaciones de cerveza, vino/cava, vermú, licor, brandy, combinado o cubata con las que habitualmente no se llegaría a alcanzar los límites de alcohol en sangre establecidos por ley, de color amarillo se muestran las estimaciones con las que probablemente se llegaría a dar positivo sobrepasando los límites de alcohol en sangre permitidos y en rojo se muestran las estimaciones en las que con gran probabilidad se daría positivo muy por encima de los límites permitidos de alcohol en sangre.

Motivos para no conducir bajo los efectos del alcohol

– Se reduce el número de movimientos oculares y estos son más lentos, por lo que recogemos menos información del entorno y esta es de peor calidad.
– Se perciben peor las luces y las señales, especialmente cuando estas son de color rojo.
– Se deteriora la convergencia ocular, necesaria para calcular correctamente las distancias.
– Es más difícil calcular adecuadamente la velocidad propia y la de los otros usuarios de la vía.
– Aparecen problemas de acomodación ocular a los cambios de luz, por lo que se pueden producir deslumbramientos con mayor facilidad.
– El campo visual se reduce, por lo que el efecto de visión en túnel puede producirse con más intensidad.
– La fatiga ocular puede aparecer con facilidad y se producen
problemas para mantener la concentración visual.
– La capacidad para atender a dos fuentes de información a la vez queda gravemente alterada, lo que resulta peligroso especialmente en situaciones complejas como, por ejemplo, en las incorporaciones o donde hay mucho tráfico implicado.
– La atención se focaliza en el centro del campo visual, por lo que es más difícil percibir los elementos que hay en los bordes de la vía.
– La dificultad en mantener un nivel de atención adecuado durante un tiempo prolongado.
– Se altera la coordinación entre los distintos movimientos.
– Es más difícil coordinar la información sensorial y motora como, por ejemplo, ver y actuar en consecuencia.
– Se observa un bajo control de los movimientos de precisión.
– Se disminuye el rendimiento muscular y se altera el equilibrio.
– Se infravaloran los efectos y las alteraciones que el alcohol tiene sobre el rendimiento en la conducción como, por ejemplo, el típico yo controlo.
– Se suele tener una falsa seguridad en sí mismo y se sobrevalora la capacidad para la conducción y, en consecuencia, a tolerar un mayor nivel de riesgo.
-Se disminuye el sentido de la responsabilidad y de la prudencia.

En este gráfico podemos ver los efectos del alcohol sobre la conducción en relación a la tasa de alcoholemia:

¿Cuáles son los efectos del alcohol sobre la conducción?

Puede ser por una falta de previsión pero siempre se estará a tiempo de optar por un transporte público o pedir a una persona que nos lleve. Ante la duda, lo mejor será, no conducir. Evidentemente, no vale aparentar encontrarse bien, ni presentar síntomas de alcohol para evitar riesgos durante la conducción.

Comenzaremos dentro de poco un periodo del año que despierta sentimientos de alegría. Son días pensados para reunirse en familia y compartir esos buenos momentos que nos trasmiten las fiestas por Navidad. Fiestas y fechas en las que realizamos desplazamientos masivos en vehículos y bajo condiciones que pueden no ser favorables para la conducción.

Las prisas por llegar a tiempo, las discusiones motivadas por el estrés, como si nos faltara tiempo, son situaciones que pueden suponer un peligro cuando vamos a los mandos de cualquier vehículo. ¡No te la juegues! Conduce con todos los sentidos para evitar que estas fechas se transformen en tragedia.

Foto | Unsplash @yutacar
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