Conócete y empezarás el camino de circular seguro

Me, myself & I, but I repeat myself

Cuando hablamos de la necesidad de combinar en nuestra conducción la seguridad con una cierta agilidad en nuestros desplazamientos, no basta con saber qué hacer en cada caso. Tampoco es suficiente saber cómo hacer las cosas en cada situación. Además de todo eso hace falta tener la voluntad de hacer esas cosas. Es pocas palabras, hace falta que un conductor tenga una actitud favorable a la conducción ágil y segura para que su conducción sea realmente ágil y segura.

Esa actitud se esboza con la ayuda de una serie de parámetros o competencias que todo conductor ágil y seguro debería cumplir. Por eso, uno de los primeros pasos para convertirse en un conductor ágil y seguro está en conocerse a uno mismo, saber cuáles son sus competencias como conductor y en qué medida esas competencias se corresponden con el perfil de un conductor ágil y seguro.

Las siete competencias encaradas hacia la seguridad y la agilidad que deberían estar presentes en los actos al volante de todo conductor ágil y seguro son:


Atención

Imprescindible para mantener un nivel de concentración adecuado y así poder actuar cuando es necesario, un nivel medio de atención es el óptimo para una conducción ágil y segura. Una falta de atención nos lleva directamente a la distracción, mientras que un exceso de atención nos lleva al cansancio. Por eso, cabe que nos preguntemos si mantenemos un nivel de atención adecuado para cada situación que se nos presenta y podemos hacerlo a partir de cuestiones muy concretas, como estas:

  • Necesito silencio absoluto para maniobrar.
  • Me canso un montón al conducir.
  • No recuerdo cómo he llegado hoy hasta el trabajo.

Conciencia de riesgo

La conciencia de riesgo es el equivalente a esa vocecilla interior que nos hace percibir las consecuencias de nuestros actos al volante en función del peligro potencial que podemos generar para nosotros mismos o para los demás. Por eso, conviene que nos preguntemos si somos conscientes de lo que representa estar a los mandos de un vehículo con ejemplos como estos:

  • Antes de un largo viaje descanso para estar fresco al salir.
  • Hago que los ocupantes del coche bajen por el lado de la acera.
  • Si llueve, soy consciente de que necesito más espacio para frenar y por eso aumento mi distancia de seguridad.

Resistencia a la presión grupal

Es la capacidad del conductor de seguir el dictado de su conciencia a favor de una conducción ágil y segura a pesar de las opiniones y reacciones de los demás. La cuestión básica que hay que determinar es si somos dueños de nuestros actos, si realmente somos nosotros quienes decidimos en función de unos criterios propios que vayan en la dirección de conseguir una conducción ágil y segura. Para determinar esta competencia no hay nada mejor que plantearse cuestiones como, por ejemplo:

  • Si vamos de fiesta y me toca conducir no bebo aunque los demás se rían de mí.
  • En el coche me pongo el cinturón sin esperar a que mis amigos lo hagan.
  • Caminando nunca cruzo con un semáforo en rojo aunque todo el mundo lo haga.

Análisis del entorno

A medida que conducimos, nos encontramos con múltiples estímulos que vemos, seleccionamos, comparamos con lo que sabemos, entonces elegimos una respuesta adecuada a las circunstancias y la ejecutamos en un tiempo dado de manera que podamos seguir circulando con tranquilidad. Es necesario que seamos capaces de establecer si cuando conducimos desarrollamos unas respuestas adecuadas a nuestro entorno. Algunas de las cuestiones que nos ayudarán a determinar este punto son:

  • Vigilo continuamente mi alrededor con la ayuda de los retrovisores.
  • Ante una situación dada, preveo varias posibles situaciones futuras.
  • Circulo a una velocidad que me permite reaccionar de forma segura ante cualquier imprevisto que me pueda encontrar por el camino.

Adaptación y flexibilidad

La circulación es una actividad en la que se dan cita infinitas combinaciones y posibilidades. Por eso, resulta de vital importancia tener la capacidad de adaptarse continuamente a las condiciones personales de uno mismo como conductor y en función del ritmo que imponen las condiciones del tráfico y la vía. Asimismo, es necesario tener una actitud receptiva que permita aceptar los cambios que esa continua adaptación implica. La cuestión básica es saber si nos adaptamos fácilmente a los cambios, tanto internos como del contexto vial, y podemos averiguarlo mediante cuestiones como estas:

  • Si no me encuentro demasiado bien, adapto mi ritmo de conducción.
  • Por la mañana me levanto antes porque el camino al trabajo está en obras.
  • Al salir de una autopista, adapto mi velocidad a la nueva vía.

Gestión de mí mismo y de mis emociones

En no pocas ocasiones, el manejo de un vehículo se convierte en un catalizador de nuestras alegrías y de nuestras frustraciones personales. De la capacidad y la voluntad que tengamos de gestionar nuestras propias emociones para que no se transfieran hacia nuestra conducción dependerá que seamos conductores poco influenciables por estos factores. Si nos preguntamos por nuestro estado emocional y somos conscientes de nuestros sentimientos, fijaremos un primer paso hacia el control de esas emociones. Son muchas las preguntas que pueden llevarnos hacia ese terreno:

  • Volvemos del partido de fútbol eufóricos porque nuestro equipo ha ganado. Por el camino me encuentro con un tractor, me doy cuenta de que circulo muy rápido y me concentro en hacer un adelantamiento con total seguridad.
  • Un tipo se me salta un stop y me pasa por delante. Soy consciente de que eso me irrita, pero decido pasar de él y mantenerme a una distancia prudencial, por lo que pueda suceder.
  • Me doy cuenta de que no me encuentro demasiado bien y le pido a un acompañante que coja el coche.

Gestión del estrés ante las situaciones viales

La conducción es una actividad compleja en la que intervienen una gran cantidad de procesos psíquicos y físicos de forma continuada. De la observación del entorno a la ejecución de una respuesta adecuada hay un trabajo constante de nuestro organismo, que se ve sometido a una fuerte demanda psicofísica bajo presión. Eso es el estrés, que en principio sirve para que mantengamos un nivel de alerta adecuado para cada situación pero que en demasía nos hace perder la concentración por pura fatiga. De cómo seamos capaces de gestionar ese estrés dependerá en buena medida que mantengamos nuestras cualidades para poder reaccionar ante un estímulo en un momento dado. Con preguntas como las siguientes cabrá que nos planteemos si sabemos detectar cuándo una situación está a punto de sobrepasarnos y si somos capaces de mantener una situación de presión sin aumentar el riesgo:

  • Llevo en el coche a mi bebé, que está llorando y berreando a moco tendido, pero soy capaz de seguir mi camino sin mayor problema.
  • Me mantengo tranquilo al volante a pesar de la espesa niebla que me rodea.
  • Me oriento fácilmente mientras conduzco por una ciudad desconocida en la que el resto de conductores van como locos haciendo sonar el claxon a cada momento.

“Y una vez leído todo esto, ¿sabré conducir mejor?”

Hombre, así de entrada, resulta un poco difícil que la sola lectura de este resumen sobre competencias dé lugar a que la conducción de uno sea más ágil y segura. Sin embargo, conocerse uno mismo es la mejor manera de emprender un camino hacia un estilo de conducción que contemple agilidad y seguridad a partes más o menos iguales. Aunque un conductor ágil y seguro cumple con las siete competencias, simplemente conocer esas siete competencias no garantiza que un conductor se convierta en un conductor ágil y seguro. Hay que saber cómo adquirir y mantener esas competencias y, lo más importante de todo, hay que tener ganas de adquirirlas y mantenerlas.

De todas formas, por algo se empieza, ¿no?

Foto | SC Fiasco