Concienciación vial vs. sangre gratuita

Concienciación vial

No es la primera vez que hacemos alusión a las campañas de sensibilización más enfocadas al impacto sensacional que a la reeducación vial. Hay quienes hasta la fecha albergábamos la convicción de que un anuncio sangriento no necesariamente causa un efecto disuasorio entre los conductores que presentan conductas de riesgo, ya que se inmunizan contra este tipo de mensajes, y sí en cambio pueden causar rechazo en buena parte de la sociedad, cuando no dolor en las propias víctimas de tráfico.

Esto es algo que ya habíamos explicado. Recuerdo el caso del verano de 2010, cuando se emitió aquella campaña de la DGT titulada ‘Todos sabemos cómo evitar un accidente’, que nos llevaba  una reflexión más general sobre qué mensajes se transmiten y cómo se transmiten (parte 1, parte 2). Bien, pues ahora es un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla y la Universidad de Castilla la Mancha quienes han llegado a una conclusión que cae por su propio peso:  el abuso continuado de la violencia visual en los anuncios de la DGT no salva más vidas.

Sus estudios los han realizado sobre la que quizá es la mejor base posible: el auge de las campañas violentas que sobrevino en la década de los 90, cuando se introdujo un abrupto cambio en las políticas de comunicación de Tráfico. Siempre se ha asociado aquel periodo con la consiguiente reducción de la siniestralidad. Pero, ¿hasta qué punto fue un efecto duradero? Según el estudio, publicado en Transportation Research, fue el hecho de emprender una campaña dura tras años de mensajes suaves lo que hizo despertar las conciencias. Pero una vez adaptados, los receptores del mensaje se hicieron menos permeables.

Campaña DGT 1992

Analizando 28 años de concienciación vial

El periodo abarcado por los estudiosos de las campañas es especialmente largo: va de 1980 a 2008. De hecho, es la primera vez que se aborda en España el estudio de la publicidad sobre Seguridad Vial durante un periodo tan amplio, y eso ha permitido que los investigadores puedan contextualizar de manera adecuada sus observaciones, trabajando en el largo plazo los efectos de las campañas de concienciación.

De hecho, los investigadores universitarios no niegan que las campañas de los 90 fueran efectivas… a corto plazo. Pero la razón expuesta para esto es de lógica: se logra una mayor reducción de la siniestralidad cuando el nivel de dureza utilizado en los mensajes se incrementa después de un período de varios años de publicidad leve. Pero no cuando ese nivel de dureza queda arriba durante tiempo y más tiempo.

Así, los responsables del estudio concluyen que estamos sometidos a “niveles innecesarios de crueldad”, por cuanto sólo ciertos segmentos de la sociedad reaccionan de forma positiva a estos mensajes, y siempre cuando se acompañan de otro tipo de medidas complementarias. Lo que comentamos tantas veces de predicar a los ya convencidos.

Hablando de medidas complementarias, el control de las normas y el endurecimiento de las penas por las infracciones más graves resultan, a criterio de los investigadores, más eficaces en el largo plazo que los anuncios de concienciación duros mantenidos en el tiempo. Y, como excepción a todo esto, un escenario particular: la reducción de la siniestralidad mortal en zonas urbanas, donde las campañas duras logran unos resultados un 7 % más positivos que las campañas suaves.

Vía | Diario de Sevilla
En Circula Seguro | #PubLooShocker: ¿es este el límite de las campañas de concienciación?

  • En mi opinión es un tema complicado de abordar. Si no ponemos campañas duras parece que la gente se acaba acostumbrando y si las ponemos suaves parece que la gente no reacciona.
    Un abrazo. (Por cierto: E.P. : ¡Escargot Presidenta!

    • Escargot

      Tengo una respuesta larguísima pero no me deja publicarla. Llevo intentándolo desde ayer. A ver si funciona…

      Y de paso…

      ¿Presidenta? @_@

      • Escargot

        ¿Eh? ¿Yo qué he hecho? 🙂

        Sí que es complicado… y esto seguro que se lo plantean mucho en la DGT y en las agencias de publicidad que contratan. A lo mejor soy muy pueril pensando esto, pero creo que los anuncios sirven para presentarnos un nuevo producto, una novedad… y no para concienciar. La concienciación se tiene que hacer en otra parte, pero… ¿dónde?

        – Escuela: sí, muy bien y alazetal (básico, vamos). Pero lo que el chaval oye en clase pronto se ve contradicho con lo que ve un familiar que no tiene tiempo para esperar al muñequito verde o por el que controla.

        – Autoescuelas: sería un sitio perfecto para esto, pero a la autoescuela va la gente a sacarse el carnet lo antes que pueda y no quiere que le den la charla. “Tú dime la distancia de seguridad para la pregunta del test en la que me lo pregunten pero para nada más, ¿eh?” Y, si haces cursos, ahí van a ir los que ya están concienciados y poco hay que decirles. Luego tienes a los que van obligados porque se han quedado sin carnet. A ésos… ¿se les consigue concienciar? No lo sé, no conozco ningún caso.

        – Los medios, la sociedad, la sutileza: mucho se podría hacer y poco se hace. Ahora han sacado un anuncio de Mentos en el que aparece un descapotable con dos mozas de buen ver que se acercan a uno y le dicen: “¿qué, te vienes?” O algo parecido. Y el otro dice que a un coche sin cinturones traseros no se sube. Hasta ahí me pareció genial el anuncio, pero en un segundo lo echaron a perder con algo así como “no seas como tu padre”. Oiga, yo ya sé en qué me conviene ser como mi padre y en qué no, y en lo que respecta a sus caramelos por educación no le diré lo que puede hacer con ellos. Y, mientras, el resto se empapará de este “simpático” anuncio.

        Ahí va, cómo me he ido del tema…

        • Escargot

          Éste era el tochomensaje. Parece que publicar es cuestión de suerte…