¿Cómo me lo quito de detrás?

La ausencia de distancia de seguridad por detrás puede llevar a situaciones algo embarazosas...

Recuerdo que en los tiempos en que era un novato, e incluso antes en prácticas, una de las cosas que más nervioso me ponía era ver algo demasiado grande por el retrovisor. Sobre todo, porque a menudo el tamaño aparente en el espejito no está relacionado con el tamaño físico de mi perseguidor, sino por la ausencia de la apropiada distancia de seguridad.

Con el tiempo, los kilómetros y la eterna presencia de chupa culos tras de mi, en cierta medida me he acostumbrado, aunque odie decirlo. Sigue siendo una situación bastante delicada, pero ahora la sorteo con mayor tranquilidad. Sin esa sensación de angustia, que por otra parte sólo podía ser mala consejera.

Muy desde el principio descarté la opción de intentar distanciar a mi perseguidor utilizando la táctica de dar toquecitos al freno, lo suficiente para que se encienda la luz de freno y asuste al perseguidor, pero sin llegar a perder velocidad real. He escuchado y leído acerca de este modus operandi en diversas ocasiones, pero como digo la descarté porque me parece que hay demasiadas cosas que podrían ir mal.

Por ejemplo, podría darle sin querer un poquito demasiado al freno. Perder velocidad de verdad, por poca que sea, puede acabar con el parachoques de nuestro perseguidor limpiando las telarañas del maletero.

O, otro ejemplo, a lo mejor el sobresalto que recibe el que nos sigue es demasiado grande, haciendo que sobrereaccione con una maniobra evasiva exagerada, provocando otro accidente. Alguien con el alma muy negra podría pensar que se lo merece, por ir tan pegado. No sé de qué color será mi alma (seguramente, verde fosforita), pero no puedo evitar pensar que terceras personas podrían verse involucrados en la colisión.

La ausencia de distancia de seguridad por detrás puede llevar a situaciones algo embarazosas...

Otra solución que también descarté fue la posibilidad de intentar distanciarme mediante un acelerón. Observé que, en la mayoría de los casos, el resultado era que el de atrás seguíamos a la misma (escasa) distancia, pero que ahora íbamos más rápido los dos. Con lo cual, las consecuencias de un posible incidente serían peores.

Todo lo contrario, la actitud que he ido adoptando para este tipo de situaciones consiste en levantar ligeramente el pie. No sé que opinaréis vosotros, pero yo creo que mayoritariamente me funciona.

Tengo una interesante teoría al respecto. Creo que la mayoría de conductores que se acerca demasiado al que va delante no lo hace por un a sobre-confianza en sus reflejos felinos, sino por dejadez en la conducción. Paulatinamente, han perdido el miedo a darle a otro por detrás, aprendiendo a tolerar la presencia de un coche a pocos metros de su capó.

Levantando el pie un poco, mi vehículo pierde velocidad pero de forma muy gradual (como el de todo el mundo, en eso no es especial). En consecuencia, la distancia tiende a reducirse a un más. No lo suficiente para causar una colisión o asustar al de atrás.

Si veo que el de atrás no reacciona, estaré a tiempo de recuperar velocidad. Pero no suele ser necesario. La mayoría de conductores acaba notando que se reduce la distancia, y eso hace que despierten de su letargo. Re-evalúan la situación, y por lo genera,l vuelven a una distancia mayor que la inicial, más segura.

Todo esto, claro, en las vías en que no es posible adelantar. Cuando sí es posible, hacer reducir al de atrás tiene la virtud de incentivar que decidan pasar de mi y dejarme tranquilo. Y, yo, tan contento. Porque, aunque me haya acostumbrado a ello en parte, ¡sin nadie detrás se conduce mucho mejor!

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Fotos | Beverly & Pack, widakso