Cómo mata un accidente (y 10): conclusión

Cómo mata un accidente

La serie ‘Cómo mata un accidente‘, que hoy vemos concluir, es una excepción en Circula seguro. Si en ésta, vuestra casa, normalmente hablamos sobre las pequeñas mejoras en nuestros comportamientos que podemos hacer para conseguir llegar sanos y salvos a nuestro destino; en los nueve artículos precedentes hemos estado hablando de lo que pasa cuando algo va mal en carretera.

Y lo que ocurre cuando algo va mal en la carretera es que nos damos de bruces con la cruda realidad. Cuando nos vemos en una situación como un accidente, donde se liberan cantidades ingentes de energía en pocos segundos, cuando se ejercen fuerzas descomunales, nos damos cuenta de que no somos más que un pedazo de materia sometido a las leyes de la Física. Las mismas leyes que gobiernan al resto de la materia.

¿Y que le pasa a la materia cuando se ve sometida a fuerzas tan importantes? Pues que se rompe. Igual que nosotros nos podemos romper al sufrir un accidente. Y, una vez rotos, si los daños son suficientemente importantes, por desgracia es muy probable que nuestro cuerpo no pueda seguir llevando a cabo las funciones vitales que nos mantienen con vida.

En esta serie, precisamente, hemos analizado con calma los diferentes procesos que se desencadenan desde el mismo momento del impacto hasta que se produce el desenlace fatal. Y, creedme, no hemos explicado todo esto por morbo o por ganas de estremecer al personal.

No es que espere que a partir de ahora cada vez que tengáis que os pongáis al volante penséis algo como “mejor voy más lento, porque si me salgo de la carretera y colisiono, las fuerzas del impacto podrían provocar una fractura por impacto en mis costillas, que podrían perforar un pulmón provocando un neumotráx que impida al corazón bombear sangre, con lo cual las células de mi cuerpo no tendrán suficiente oxígeno para realizar la fosforilación oxidativa y moriré a causa de un shock circulatorio“.

No se trata de fomentar ese razonamiento consciente (que nadie hará), sino más bien de dotar de conocimiento lo más estricto posible, que condicione el subconsciente de forma que aumente la conciencia de las consecuencias de los actos. Porque, al fin y al cabo, el único que puede hacer algo para evitar tu accidente eres tú mismo.

Cómo mata un accidente (1): fractura por impacto, fuerzas

Cómo mata un accidente: resumen

Los nueve artículos precedentes se reparten en tres partes iguales. En la primera parte consideramos los daños físicos que sufre el cuerpo durante la colisión. En esta parte, nos basamos principalmente en las leyes de la Física.

Abrimos la serie justificando la aparición de importantes fuerzas sobre nuestro cuerpo durante la colisión, debido al brusco cambio de velocidad que sufre. La consecuencia de dichas fuerzas es que las partes sólidas de nuestros cuerpos se pueden romper, lo que se conoce como fractura por impacto. En la segunda entrega de la serie analizamos con bastante detalle el mecanismo por el cual se producen las fracturas por impacto.

Si la aplicación directa directa de fuerzas sobre nuestro cuerpo puede provocar problemas, el hecho de que la fuerza de frenado no se transmita de forma homogénea a nuestros órganos internos también puede ser dañina. Mientras nuestro esqueleto queda ralentizado al colisionar con el vehículo, algunos de nuestros órganos internos pueden seguir moviéndose a la velocidad original hasta chocar contra el esqueleto, o contra otros órganos. Algo especialmente grave cuando afecta al cerebro, que se puede aplastar en el interior de nuestro cráneo como si fuera una gelatina. El desplazamiento de los órganos internos fue el protagonista del tercer artículo de nuestra serie, el último de la primera parte.

Cómo mata un accidente (4): clasificación del politraumatismo en carretera

El segundo tercio de la serie se centró en las consecuencias de los daños físicos. Como tal, era una parte mucho más centrada en la práctica médica, y que ha contado con la inestimable colaboración del Dr. Pere Serra. El cuarto capítulo de la serie inauguró la segunda fase dando una definición médica del concepto de politraumatismo. En resumidas cuentas, la idea de traumatismo se corresponde a la existencia de lesiones graves en dos o mas regiones de la anatomía.

Los politraumatismos son muy frecuentes en los accidentes de tráfico, y a menudo tiene graves consecuencias. La quinta entrega de la serie identificó los tres grandes picos de mortaldad tras sufrir un politraumatismo en un accidente. El 50% de los pacientes encuentran la muerte de forma instantánea, durante el accidente. De los que sobreviven, el 30% no sobreviven a los primeros minutos tras la colisión. Por último, hasta un 20% de los que superan las primeras horas tras el accidente fallecen de forma tardía a causa de sus heridas (los grandes olvidados en las estadísticas de seguridad vial).

Finalmente, el sexto artículo cerró la parte más médica de la serie con algunas consideraciones sobre los protocolos de salvamiento que se deben seguir en caso de accidente. Al respecto no pudimos entrar en excesivo detalle, ya que en el caso de pacientes politraumatizados un tratamiento erróneo, por muy bienintencionado que sea, puede agravar más que curar. En ese sentido, no me cansaré de animarte, amigo/a lector/a, a que aproveches esta serie como fuente de inspiración para apuntarte a un cursillo de primeros auxilios, donde recibas formación adecuada y profesional.

Cómo mata un accidente (7): Introducción a los procesos metabólicos

El último tercio de Cómo mata un accidente se centró en los procesos metabólicos que ocurren a nivel celular como consecuencia de los daños sufridos, y que en última instancia llevan a la muerte. El séptimo capítulo sirvió de introducción a los procesos metabólicos, introduciendo conceptos como Síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS) y Shock circulatorio. Nos permitió establecer que, en definitiva, la mayoría de las muertes en carretera se producen debido a una parada cardiopulmonar.

Pero para saber realmente cómo funciona la muerte, primero hay que comprender cómo funciona la vida. En ello nos dedicamos en la octava entrega de la serie, donde estudiamos la respiración celular, una parte muy pequeña del metabolismo centrada en la generación de la energía que se utiliza en las funciones celulares. Vimos que el proceso se realiza en dos partes, el ciclo de Krebs procesa los nutrientes ingeridos para crear una molécula intermedia, que posteriormente se convierte en energía gracias a la fosforilación oxidativa. Para que este segundo proceso se lleve a cabo, es necesario que haya un suministro constante de oxígeno, una molécula que nuestro cuerpo no es capaz de almacenar. Por eso no podemos vivir sin respirar más que unos pocos segundos.

Armados con el conocimiento de cómo nuestras células generan su energía, en la novena y penúltima entrada repasamos cómo poco a poco la célula deja de funcionar cuando no recibe suficiente oxígeno. Cuando esto sucede, el paciente entra en shock circulatorio, la causa última de la muerte celular, que no tiene otra consecuencia que la muerte definitiva del organismo… de la persona.

Una muerte más en carretera. Tan dramática como el resto… tan evitable como el resto.

Cómo mata un accidente

Agradecimientos

No quiero terminar sin reiterar una vez más mi más profundo agradecimiento al Dr. Josep Serra. Pep, para los amigos, sin el cual esta serie no seria posible. Un día a finales de agosto le ataqué con la faraónica idea de crear una serie de artículos que sigan todo el proceso que sufre un organismo humano tras un accidente. Un mes más tarde, tuve en mis manos un dossier de dieciséis páginas que contenía todas las ideas de lo que finalmente acabaría siendo la segunda parte de esta serie (artículos del 4 al 6) y una buena cantidad de pistas para investigar el último tercio de la misma (7 al 9).

Y, por supuesto, también agradecerte a ti. Incluso con una serie tan larga, diez artículos, este tema es tan gigantesco que ha requerido un imposible esfuerzo de síntesis. No han sido artículos fáciles de escribir, y algunos tampoco de leer. Por eso, quiero agradecer a todos aquellos que lo hayas leído (no sé si soy optimista al usar el plural)… Es un tema del que es difícil disfrutar, pero espero que, por lo menos, haya servido para aprender… y, mejor aún: concienciar.

Fotos | GOVBA, Sjbrown, ER24 EMS (Pty) Ltd., University of Liverpool HLS, woodleywonderworks

Cómo mata un accidente (0): Introducción
(1): fractura por impacto, fuerzas
(2): mecánica de la fractura
(3): desplazamiento de los órganos internos
(4): clasificación del politraumatismo en carretera
(5): picos de mortaldad tras sufrir un politraumatismo
(6): la importancia del politraumatismo
(7): introducción a los procesos metabólicos
(8): ¿Por qué necesitamos la respiración celular?
(9): Shock circulatorio
(y 10): conclusión
  • ObservSegurVial

    Tan sólo una consideración:
    Es tan puñetera la física con esto de que “las velocidades vayan al cuadrado”, (no al doble en el caso de comparar 2 velocidades una el doble de la otra, sino al cuadrado como muy bien sabemos) que les insistía a mis alumnos en la importancia del cinturón de seguridad.

    Y si no, les hacía una representativa prueba:
    Les hacía subir a algún mueble de 1.5 metros de altura (aproximadamente) y que se lanzasen: ya decían que empezaba a “doler” un poquito al caer. ¿Serían unos 7-8 km/h?

    Un abrazo
    (Observadores de la Seguridad Vial)
    ¿Sería

    • Jaume

      Una caída libre desde 1,5m de altura vienen a ser un poco menos de 20km/h. Claro que es muy diferente aterrizar con los pies, que están preparados para ello, que por ejemplo hacerlo con la cabeza.

  • Escargot

    ¡Que no es morbo, Jaume! Morbo es pasar por al lado de un vehículo siniestrado y estirar la gaita, “a ver, a ver…”

    Muchas gracias a los dos. La serie ha sido muy interesante y aunque había alguna parte más ardua de entender ya habías avisado antes, así que sin problema.

    Por supuesto que no vamos a estar pensando que si cogemos el coche vamos a convertir nuestras vísceras en un flan. Quien quiera pensarlo así puede, es libre de hacerlo… pero la idea de que las consecuencias de una tontería pueden ser desastrosas la habéis relatado a la perfección y eso sí que toca recordarlo.

  • Antonio Flores Cano

    Gracias por el esfuerzo de sintetizar estos comentarios, me han servido mucho para explicar los daños severos en los accidentes. (Desde San Andrés Tuxtla, Veracruz. México)