Cómo hacer de ‘mandaero’ y acabar teniendo un accidente

Sevilla arde de teoruiz

En época de verano, mientras disfrutamos de nuestro tiempo libre con nuestra gente o amigos, unos organizan, unos deciden hacer cosas y otros trabajan por los demás cuando nadie decide ponerse manos a la obra. Me refiero a esos almuerzos de mediodía con un sol radiante, en la casa alquilada o en la terraza de la playa y en un momento determinado ocurre esto: A ver, dice el anfitrión que lleva la voz cantante: ¿Quién me releva en la barbacoa?, y una cosa de última hora, ¿quién va por hielo?

Es cuestión de interés o de protagonismo dentro del grupo, pero lo cierto y verdad es que a la hora de cumplir un recado, si hay que ir muy lejos, ya ponemos los primeros inconvenientes. No es la distancia lo que molesta sino más bien el hecho de tener que cambiarse o de coger un vehículo para el desplazamiento surgido de última hora. Pues, aunque sea una distancia corta, el peso de la compra te echa para atrás y es, en ese momento, cuando se plantea la posibilidad de moverse entre ruedas.

El hecho de hacer un recado es tan habitual como la vida misma, pero de ahí a verse implicado en un accidente, ya no resulta tan divertido. Se trata de un caso real que me contaron hace unos días y que por suerte no hubo que lamentar desgracias. Pero, pudo haberla habido…

Será sólo un momento, no pasará nada…

Un domingo de julio en una casa de campo con piscina y una reunión de amigos dispuestos a preparar una barbacoa mientras se disfruta de un día con un sol que abre aún más el apetito. Por tradición o simplemente por pasar un buen rato, nos gusta recibir invitados en casa para ver una película, un partido de fútbol, de esos que hacen historia como la victoria contra Holanda en la copa del mundo en Sudáfrica, (que por cierto, ayer hizo un año exactamente), tomarnos unas cervezas, ponernos al día con lo que nos ha pasado o simplemente para vernos las caras; sin embargo, en muchas ocasiones estos encuentros surgen de manera espontánea y no se tienen en cuenta ciertas previsiones, como el presupuesto o el tiempo que nos llevará el compromiso.

Dicen que basta con verse de vez en cuando para saber que nuestros amigos están allí, donde haciendo cuentas ya hace tiempo que nos invitaron y ahora nos toca a nosotros, que unos se fueron y otros llegaron, que cambiaron de domicilio por motivos personales o profesionales pero siguen siendo los mismos. En definitiva, (y me centro en el relato), se encartó organizar un encuentro que hubiera terminado con unas felices despedidas si no hubiese sido por el impensable incidente de uno de los invitados que a última hora decidió ir a por hielo en un ciclomotor prestado, con bañador, casi mojado, sin camiseta y en chanclas.

caida moto

¿Cómo justificar una conducta inadecuada ante un accidente imprevisible pero evitable?

Pues pasó lo que tenía que pasar. Caída en calzada del ciclomotor resultando como consecuencia del mismo el conductor con erosiones múltiples. Unos comentaron que después de hacer la compra y de regreso hacia la casa se le resbaló la bolsa de entre las piernas y al intentar cogerla se cayó al suelo. Otros, que el ciclomotorista no atinaba con la dirección del vehículo tras quemarse el tobillo con el tubo de escape. Y además, según testigos, se llegó a comentar en el lugar de los hechos que de haber llevado calzado y ropa adecuada el conductor del ciclomotor, posiblemente las lesiones hubieran sido menores.

Claro, quién iba a decir, que la cosa iba a terminar de esa manera pero la realidad es que si analizamos la supuesta escena; pues, la verdad, la conducta del ciclomotorista convertido en el ‘mandaero’ espontáneo, deja mucho que desear. Además, me remito a mi anterior artículo sobre las infracciones que pasan factura. Si se hubiese pensado mejor, se pudo haber prescindido de hielo o haber llamado a un servicio a domicilio y punto pelota. Pero claro, se combina el hambre con las ganas de comer y por el compromiso de querer cumplir o quizás por esas copitas de más… en fin, no quiero ni pensarlo, utilizar un ciclomotor en esas condiciones no es lo ideal.

Establecer una buena planificación, resulta fundamental para desarrollar un encuentro e incluso hay que contar con los imprevistos y respuestas de última hora entre todos los que intervienen. Sin culpar a nadie pero pasar un buen rato no significa que todo vale. Comparo este ejemplo con la planificación de un viaje coincidendo con la misma época del relato. En consecuencia, una buena y flexible planificación puede convertir una inesperada reunión en un agradable encuentro de amigos.

Aplicado al caso, como explicación al fatal desenlace, se podría decir que la espontaneidad desmedida y las ganas de llegar cuanto antes, no son buenos consejos para iniciar un viaje. Existe una teoría en criminología de Sykes y Matza, que se denomina de neutralización y de respuesta ante la moralidad del infractor. Consiste en que a veces sin darnos cuenta utilizamos técnicas propias o copiadas para justificar nuestra conducta y para permitirnos que, en ciertas circunstancias, conducta y norma vayan por caminos diferentes. Son estrategias para negar la responsabilidad, afirmando la imposibilidad de realizar una conducta mejor. Pues muy bien, de acuerdo, pero a la hora de la verdad las consecuencias no tienen vuelta de hoja y quien rompe, paga.

(Gracias Santi, por tu aportación)

Foto | teoruiz, andres.moreno
En Circula Seguro | Las chanclas no son para conducir

  • 51095

    “hechar un buen rato”, ¡ufff! mejor es poner “echar un buen rato” y mejor aún “pasar un buen rato”.

    • capreolus

      Claro¡¡¡: Echamos la ‘h’ es la regla.
      Gracias por tu aclaración Carlos, ya está modificado: pasar un buen rato